Dia a dia

Cuaderno de campo de un paseo por mi vida, día a día.

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Lugar: Zaragoza, Spain

martes, diciembre 26, 2023

Paseo por el soto del Ebro

El sábado Su me propuso quedar pero yo ya había quedado. Sugerí quedar a caminar, lo que -seamos sinceros- necesito como comer. Hace meses que no hago ninguna caminata; tantos, que hasta llevo enteras las uñas de los pies.

Quedamos en que hoy sería el día -ella se iba mañana a pasar unos días en Teruel con su marido-, y ayer mandó un mensaje sugiriendo que hiciéramos una ruta de las sugeridas por el ayuntamiento en su web ‘zaragozanda’. Concretamente, la R13, que empieza en Juslibol, pasa por el galacho y sigue por la ribera del Ebro, cruzando el soto. Para ello habíamos quedado hoy a las 10,30 en el aparcamiento del CPS, lugar sugerido por Susana. Concretamente, habíamos quedado en el aparcamiento de detrás, al lado de un grupo de árboles que plantamos cuando yo estudiaba como parte de una actividad de no sé qué asociación universitaria.

Como era de esperar, no había nadie por allí. Hacía frío -yo me había levantado con dos grados bajo cero y la previsión no era muy halagüeña- y todo estaba cubierto por una capa espesa de niebla, así que tampoco esperábamos grandes multitudes, pero el hecho de ser festivo en la universidad también ha ayudado a que los nuestros fueran los únicos coches.

Hemos sido puntuales y, tras abrigarnos, hemos salido hacia Juslibol, en cuya plaza mayor (¡¡¿¿Juslibol tiene una de esas??!!) empezaba la ruta. En vez de seguir la acera, o incluso el camino, hemos decidido -Dios sabe por qué- que la línea recta era una ruta perfecta para llegar, y efectivamente, era la más corta, pero no la más fácil.

Un terraplén bastante empinado -y resbaladizo, por añadidura- nos separa de las vías del tranvía, afortunadamente desiertas. No las habíamos visto, pero con lo que nos cuesta subir -casi vamos a cuatro patas y varias veces nos deslizamos hacia abajo, perdiendo el avance-, decidimos seguir y subir un segundo terraplén que nos separa de la acera. Éste ya nos cuesta algo menos, pero no evita que acabemos embarradas y acaloradas. A mí, además, me ha costado bastante más que a Susana porque mis zapatillas no agarran igual que sus botas, y de alguna manera acabo con las botas, pantalones y manos manchadas de barro y tierra. No contábamos con practicar hoy escalada, la verdad 😊

Desde ahí, el camino al galacho es tranquilo. La primera parte transcurre por la calle principal de Juslibol, transitada y estrecha, al lado de la cual vemos dos o tres descampados donde podríamos haber dejado el coche. Teniendo en cuenta que tenemos que volver a buscarlo, creo que hemos elegido bien el punto de partida.

Al salir del pueblo la carretera se convierte en una pista bastante cómoda y ancha que va a ser la constante del camino. Hay un par de zonas más agrestes, con caminos estrechos que cruzan el soto, pero se pasa rápido y en breve estamos de nuevo en la pista.

Hay bastante niebla y el día está frío, dando un ambiente misterioso al paisaje. Desde el río suben jirones de niebla que se juntan a la que ya cubre todo, con un extraño encanto. Pese a todo, hace un día bastante agradable para caminar, o quizá sean las ganas que tenemos, y disfrutamos del camino que bordea el meandro, al lado del río.

Nos cruzamos con poca gente -algún ciclista despistado, principalmente- y aunque a medio camino empieza a llover, son chaparrones esporádicos que hacen pensar en nubes sueltas. Como coinciden con las zonas donde hay árboles sobre el camino, también podría ser que el agua cayera de las copas, pero tampoco nos vamos a poner a mirar. Nos basta con que no caiga un chaparrón que nos cale hasta los huesos -estamos lejos de todo y nada nos libraría de empaparnos-.

Mi teléfono ha decidido quedarse sin batería a mitad de camino, así que tenemos que hacer las fotos con el de Su, que tiene una lente rajada y da un aspecto neblinoso a cualquier foto. Ideal para el día de hoy, la verdad. No se va a notar cual es el defecto de la lente y cual es la niebla que nos rodea.

Su tiene la ruta a mano, y yo la he mirado antes (tengo buena memoria) así que no hay pérdida, y en un rato llegamos a la “civilización”; aceras, semáforos, rotondas asfaltadas… Cruzamos por debajo de la autopista, y ahí dejamos la ruta “oficial” para desviarnos hacia el Carrefour y tomar algo en alguno de los bares de al lado.

Ha salido ya el sol, e incluso nos tomamos una caña –“ilustrada” por un torrezno y un par de tapas más- en la terraza antes de volver hacia el coche. Desde ahí, nos vamos a hacer la compra -vamos a aprovechar el tiempo y que vamos con el coche, en mi caso-.

Ha sido un día muy agradable, como de costumbre 😊 La semana que viene, más.

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jueves, diciembre 21, 2023

El circo de los horrores: Réquiem

Estando en Santa Cilia, Marta, Anamari y yo leímos que el circo de los horrores volvía en diciembre a Zaragoza con otro espectáculo, y decidimos comprar entradas para el 21. A pesar de que Pili no estaba -y no estábamos muy contentas con ella precisamente-, le preguntamos y enseguida se animó.

Ya habíamos ido a varios espectáculos de esta misma franquicia, y habíamos disfrutado mucho, así que nos apetecía que llegara el día. En teoría, esta vez se anunciaba como la despedida final del presentador, Suso Silva, el creador y alma del espectáculo. De hecho, más que presentador su papel se puede definir como maestro de ceremonias.

El 21 de diciembre ha caído en jueves, el día que Anamari trabaja por la tarde. Así, enseguida Marta y ella me preguntaron si iba a coger el coche, porque ella no iba a llevarse el coche al trabajo. Ir no supone ningún problema, pero volver es otro cantar; todas nos acordamos de la noche de hace varios años, precisamente a la salida de un espectáculo del circo de los horrores, cuando llovía a mares y coger un taxi era una misión imposible(1).

Yo dudaba sobre lo del coche. Por norma general prefiero moverme con transporte público, o incluso andando, pero es cierto que al día siguiente madrugo, esto acabará a las 10 o así, y lo de coger taxi puede ser costoso. Por otra parte, si llevo el coche me tocará hacer de taxista, lo que me ralentizará. Y sí, aunque reconozco que por Anamari lo haría encantada porque ella es muy generosa, hacerlo por Marta me joroba bastante. Además de ser de las de “hay que…” o “tendremos que…”, significando “tienes que…”, es de las que se deja querer a gusto. NUNCA se ofrecerá ella a llevarte o a hacerte las cosas. Y en este caso, además, ella tiene coche disponible, sabe conducirlo, y tiene garaje, así que tiene tanta facilidad como yo para cogerlo.

De momento, cuando me habían preguntado, les había dicho la verdad: aún no sabía si cogería el coche o no. Y hasta ayer no decidí cogerlo, para lo que quedé con todas en la puerta de mi garaje. En teoría abrían a las 7, así que quedamos a menos cuarto, confiando en que hubiera alguna pre-actuación para entretenernos hasta las 8, hora oficial de comienzo.

Todo ha quedado así hasta que, a las 5 y poco, me ha llamado Anamari. Estaba de comida navideña con sus compañeros cuando ha tenido una bajada de tensión, y como yo estaba en casa la han acompañado hasta aquí a ver si se recuperaba. Parece ser que ha comido poco por la mañana porque sus compañeros le habían dicho que las comidas de Navidad eran muy copiosas. El problema es que esta vez ha pecado más bien por escasa, y entre unas cosas y otras, ha acabado en el suelo.

Ante la disyuntiva de volver a casa o venirse a la mía -tras asegurarse de que no había salido-, ha preferido lo segundo, con la esperanza de recuperarse a tiempo de salir hacia el espectáculo. Cuando ha llegado, estaba helada. Le he tapado con mantas, le he puesto el radiador y le he ofrecido algo de comer, pero una compañera suya, paramédico, le ha dicho que no comiera nada(2).

Pasado el rato, ella sigue helada y decide que no se encuentra lo suficientemente bien como para ir al espectáculo. Intentará darle su entrada a un amigo, pero en cualquier caso, me pide que la lleve a casa cuando vayamos hacia allí. Y eso hacemos en cuanto llegan todas, con gran dolor de corazón.

A pesar del desvío llegamos bastante pronto a nuestro destino. El espectáculo se celebra en una carpa enorme montada al lado del Parque del Agua, al lado del aparcamiento, prácticamente vacío cuando llegamos. A la entrada de la carpa se ven grupos de gente, suponemos que esperando, y tras atravesar el control de acceso descubrimos el verdadero atractivo pre-espectáculo: el bar, donde la gente se entretiene tomando algo antes de empezar.

Sin tomar nada, paseamos un rato leyendo los carteles que han puesto celebrando toda su trayectoria, y nos sentamos pronto en nuestros sitios.

Cuando compramos las entradas, cogimos dos filas distintas para estar más centradas, y como Anamari no viene, una se quedará sola. No sé cómo, esa acabo siendo yo; por supuesto, Marta ni se ofrece y Pili, a pesar de lo generosa que es, tampoco. En fin, no pasa nada, pero hubiera agradecido tener a alguien con quien comentar el espectáculo. Así, es como si hubiera venido sola.

El supuesto pre-espectáculo se hace de esperar, la verdad. Salvo unos cuantos artistas disfrazados pasando entre las filas -uno de ellos, haciendo de loco, no para de enseñar el culo a todo el mundo- y uno terribles focos que pasan por las filas, deslumbrando de forma molesta a todo el que pilla -incluyéndonos a nosotras- poco más hay. Definitivamente teníamos que haber venido más tarde.

Agradecemos que al comenzar el espectáculo apaguen los focos, la verdad. Articulado como un paseo por la historia de la compañía, recordando todos los espectáculos celebrados, y guiado por el maestro de ceremonias Suso Silva, el tiempo se pasa rápido.

La primera parte me decepciona un poco, debo decir; echo de menos la procacidad y la espectacularidad de otras veces. En cualquier caso, es divertido y muy entretenido. La segunda parte, tras un descanso de 15 minutos, nos sorprende con los números espectaculares que habíamos echado de menos al principio, y con algo más de procacidad y lenguaje subido de tono; al fin y al cabo los habituales sabemos lo que queremos 😊

Según comentan, El Circo de los Horrores nace en el año 2006 con el compromiso de concebir un espectáculo de circo original, diferente, innovador y con un claro propósito: que el público joven recuperará el interés que había tenido de niño por el circo. Un espectáculo que aporta un soplo de aire fresco en el panorama circense español.

Nosotras hemos visto varios cuando han venido a Zaragoza: Circo de los Horrores, Manicomio y Cabaret Maldito. Uno de ellos no lo vimos porque el último nos había decepcionado. Definitivamente nos gusta que se haga en carpa y no en el pabellón deportivo, donde queda muy desangelado.

Tras el espectáculo, a eso de las once menos cuarto, salimos directas al coche, y a pesar del atasco de salida he hecho bien en traer el coche. En 25 minutos estoy entrando por el garaje, habiendo dejado ya a Marta.

Veremos si esto sigue sin Suso, que es el alma, pero esperaremos lo mejor. De momento, hoy toca irse a la cama, que mañana es día de escuela.

(1) Tuvimos que llamar por teléfono, y pese a todo tardaron horrores.

(2) A los pocos días, me cuenta que era una hipoglucemia y que le hubiera venido bien comer algo. Su compañera no se quería arriesgar a sugerir nada por si era otra cosa, pero el resultado es que no levantó cabeza hasta el día siguiente.

Nota: Pili nos ha hecho un regalito: un lápiz perenne (eso dice ella) con mina de acero y carta tierna. Confieso que, como de costumbre, no sé cómo actuar. No me gustan las sorpresas y me cuesta reaccionar bien a ellas.

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sábado, diciembre 16, 2023

Exposiciones en Madrid: Los veranos de Sorolla y fotografías de Mathieu Pernot

Este fin de semana me he venido a Madrid para cenar con mis amigos. Tras pandemias y otras historias, parece que hemos vuelto a las buenas costumbres.

Para aprovechar el día, Fari y yo hemos decidido visitar esta mañana la exposición de "Los veranos de Sorolla", en la Fundación Mapfre.

Fari tiene entrada gratis por tener allí un seguro, así que reservamos las entradas y decidimos coger el metro hasta Gregorio Marañón y darnos un paseo desde allí.

El paseo es muy agradable, y en breve estamos entrando en el palacete que alberga la Fundación. Tras dejar todo en las taquillas, entramos directamente a ver la exposición de Sorolla. Son apenas dos salas -según los textos que la acompañan, cuarenta obras de pequeño formato- centradas en el mar, la playa y el veraneo, tanto en el Mediterráneo como en el Cantábrico. La exposición es bonita, y las obras playeras de Sorolla no decepcionan, pero se nos hace muy pequeña. 

Además de la exposición de Sorolla, la Fundación Mapfre tiene otra exposición y, aunque no sabemos qué vamos a ver, decidimos entrar. La exposición, titulada Mathieu Pernot. Documento/Monumento”, es una exposición de fotografía centrada en una familia gitana que vive en Arlés, Aviñón, y otras ciudades de la Provenza. También hay otras fotografías -con otros temas- pero las que más me llaman la atención, al menos a mí, son las de los gitanos. Me ha gustado más que la de Sorolla, debo de decir -quizá por lo inesperado-.

En cualquier caso, una bonita -y aprovechada- mañana antes de irnos a tapear al centro.

++ TEXTOS DE SALA ++

Los veranos de Sorolla

Lejos de vivirlos como un tiempo de descanso, Joaquín Sorolla (Valencia, 1863 - Madrid, 1923) pasa los veranos consagrado a su tema pictórico más querido y de mayor éxito: las escenas, captadas del natural, que se desarrollan en el entorno del mar.

El pintor centra sus primeras composiciones sobre este asunto en las labores de la pesca, con barcas, marineros faenando o pescadoras en la orilla bajo el intenso sol del Mediterráneo.

Junto a ellas, las escenas de descanso estival en la playa son las más populares en su carrera y constituyen un reflejo de la evolución que, desde mediados del siglo xix, experimenta el concepto del mar: de la valoración de las propiedades terapéuticas del baño al nacimiento de la moda del veraneo como periodo de entretenimiento y sociabilidad.

Los veranos de Sorolla nos acerca, a través de una cuidada selección de obras, a las manifestaciones que estas nuevas ideas tuvieron en el trabajo del pintor. Sorolla se incorpora a la nueva costumbre del veraneo y en sus representaciones distinguimos dos grandes intereses correspondientes a sus propios destinos estivales. Por una parte, sus escenas de la costa mediterránea, con especial dedicación a su Valencia natal, reflejan el gozo de la población local, con niños desnudos, niñas con ligeras batas o nadadores en pleno contacto con el medio natural. Por otra parte, y de forma paralela a su consolidación artística y correspondiente ascenso social, Sorolla frecuenta distintas localidades de la costa cantábrica que acogen a los veraneantes de las clases altas. Representa entonces el distinguido ambiente de Biarritz, Zarauz o San Sebastián bajo una luz muy diferente, en composiciones protagonizadas por figuras femeninas elegantemente ataviadas e inmersas en espacios ideados para las relaciones sociales. Son en este contexto especialmente abundantes sus «notas de color» —como él mismo las llamaba—, pinturas de pequeño formato en las que plasma de la manera más directa sus impresiones del natural.El conjunto de obras aquí reunido muestra, pues, cómo la temática del verano permite seguir la evolución de la pintura de Sorolla y apreciar la modernidad que alcanza su lenguaje plástico. Como cierre de ese itinerario, encontramos al pintor en la última etapa de su carrera, cuando, en los paréntesis del gran esfuerzo que le supone el encargo de la Visión de España para la Hispanic Society of America, halla el descanso precisamente en la elaboración de escenas de trabajo y ocio en el mar, deleitándose de nuevo en su tema predilecto.

Mathieu Pernot. Documento/Monumento

Mathieu Pernot desarrolla un acercamiento a lo fotográfico de manera atípica y alternativa. Sus proyectos crean un discurso que incorpora elementos de la fotografía documental y del trabajo de archivo (documentos) que reciben el mismo tratamiento que sus propias obras, se mezclan con estas y crean un nuevo conjunto (monumentos). El resultado de ese proceso nos presenta una visión de la existencia alejada de interpretaciones unívocas o inmutables. Pernot aborda el trabajo con rigor y explora a través del medio fotográfico cuestiones que se irán entrecruzando en su trayectoria de forma recurrente: la vida en los márgenes, las historias de personas que se sitúan en la periferia de la sociedad (los gitanos, los desplazados o los migrantes).

Además de los temas que atraviesan sus series y que conforman ese universo tan particular, Mathieu Pernot reflexiona sobre el papel de la fotografía como medio artístico, sobre su uso y función. Esta complejidad de cuestiones y de imágenes se traslada al espacio expositivo en presentaciones en las que sus fotografías conviven con material de archivo. Se trata de una elección consciente y buscada por parte del artista que crea múltiples conexiones, siempre cambiantes, que jalonan su obra a través del tiempo y el espacio.

La exposición Documento/Monumento abarca más de treinta años de trabajo, una amplia selección desde principios de los años noventa hasta la actualidad.

Esta muestra se plantea de manera diferente a otras anteriores, pues en ella se relacionan corpus elaborados en temporalidades distintas y que en algunos casos nunca se habían visto. Destacamos las imágenes realizadas en los clubes de boxeo de Marsella en 1994 y la serie más reciente hecha hace unos meses en Melilla por encargo de Fundación MAPFRE. También se exponen por primera vez las fotografías de los edificios destruidos de Beirut en 2000, después de la guerra civil libanesa, que veremos en esta exposición situadas cerca de las de voladuras controladas de edificios en suburbios franceses. La serie «Los que gritan» se exhibe junto al material gráfico procedente de la cárcel parisina de La Santé. Esta combinación de tiempos, espacios y materiales crea nuevas relaciones y diálogos entre las imágenes generando diferentes y nuevas lecturas.

No podía faltar uno de los trabajos fundamentales de Pernot, «Los Gorgan», que lo acompaña desde los inicios de su actividad fotográfica hasta ahora.

La familia Gorgan está presente en distintos espacios de la exposición y protagoniza varias series. Sus miembros se han convertido en las figuras principales del discurso artístico de Pernot, tanto por su magnetismo y el poder de encarnación de sus integrantes como porque sus vidas se cruzan con la historia de la comunidad gitana a lo largo de los siglos.

Los libros de Pernot tienen un papel destacado en su trayectoria, pues cuenta con casi una veintena de títulos publicados hasta la fecha. Dada su relevancia, también mostramos su faceta de editor, en la que ha materializado sus proyectos de forma autónoma, diferente y complementaria a las propuestas expositivas.

Mathieu Pernot, nacido en 1970 en Fréjus (Francia), vive y trabaja en París.

Tras una formación científica, ingresó en la Escuela Nacional de Fotografía de Arlés, donde se graduó en 1996. A partir de exponer en 1997 en el Centre National de la Photographie de París y en las Rencontres d’Arles, se han sucedido numerosas muestras, publicaciones y premios.

 

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