Dia a dia
Cuaderno de campo de un paseo por mi vida, día a día.
viernes, octubre 30, 2009
miércoles, octubre 28, 2009
Die Welle
La verdad es que nunca había oido hablar de la película, así que no sabía lo que esperarme. Película alemana, así que tampoco creía que fuera nada del otro jueves. Pero no, me ha sorprendido. La película, con algunas imágenes duras -aunque no desagradables- cuenta como un profesor de un instituto de secundaria enfoca una semana de clase dedicada al estudio de distintos movimientos políticos y de gobierno. Aunque él quería "anarquía" como tema, le acaba tocando "autocracia", que enfoca de forma sumamente "participativa".
Conforme pasa la semana, se ve como cada uno de sus alumnos reacciona a la manipulación, hasta que la cosa se le va de las manos, quedando fuera de control. Además del final, que no me ha parecido tan impactante como la trama en si y el trascurso de la semana, no hay que olvidar la pregunta que el profesor apunta al principio de todo, el lunes por la mañana: "¿Puede darse, aquí y ahora, una dictadura?".
Como detalle, con el nivelazo que tengo de alemán he agradecido en el alma que estuviera subtitulada en español, porque si no, iba a entender los nombre propios, y como mucho. En cualquier caso, sea en versión original, sea en español, aconsejo verla.
lunes, octubre 26, 2009
Fin de semana en Soria
Aunque en un principio pensamos en salir el sábado por la mañana, un par de problemas con los hoteles (todo parecía estar lleno el sábado) y la relativa cercanía de Zgz (dos horas por autopista y buena carretera), nos hicieron decidirnos a salir el viernes por la tarde. Tarde, eso si, porque C. no llegaba a casa antes de las seis.
Había muchísimo tráfico, agobiante a veces, pero no tuvimos ningún problema y en dos horas y media estábamos en Soria. Lo peor fue salir de ZgZ (¡qué m**** de obras!) y entrar en Soria (¡menuda circunvalación tiene para su tamaño!). Aviso para navegantes: entrar por "Soria norte" la próxima vez.
Yo había estado allí hace unos años con el F., C. y A., y aún me acordaba de los sitios principales: el Collado, la Alameda, el Espolón...Y lo que es más, me acordaba de un restaurante, Casa Augusto, no tan famoso como el Mesón Castellano pero digno de revisitar lo más posible. Una atención cuidada, un sitio con encanto y una cocina de cinco tenedores en plena Plaza Mayor. ¿Qué más se podía pedir? Tan buen recuerdo tenía que ese mismo viernes teníamos reserva, con el tiempo justo de ir al hostal a dejar la maleta antes de la cena.
La memoria no me engañaba, porque la comida estaba deliciosa (esos champiñones con queso, setas e ibérico, esas croquetas con nuez moscada,...Mmmmm), y el sitio sigue mereciendo una visita cada vez que se va a Soria. Vamos, que nos fuimos a la cama agotadas y felices.
El sábado nos levantamos prontito, aunque sin grandes madrugones. La verdad es que el hostal (La Posada, en la Pza. San Clemente) estaba muy céntrico pero algunos detallitos dejaban bastante que desear. Entre ellos, el frio que hacía en la habitación. Había un radiador, pero no había forma visible de ponerlo en marcha, y como salimos antes de que el bar bajo el hostal abriera, no pudimos pedir a nadie que lo encendiera. En fin.
Desayunamos en un bar del Collado, antes de empezar nuestra "tournée" turística por Soria. La idea era visitar la ciudad por la mañana, dejando las edades del hombre para después de comer. Antes de nada, y para evitarnos preocupaciones, aparcamos el coche en un aparcamiento público que resultó estar justo al lado de nuestro primer destino: S. Juan de Rabanera, una iglesia sitiada por las zanjas que pese a todo no conseguían afear esa joya del románico. De ahí, el paseo continuó por Sto. Domingo, el palacio de los condes de Gómara y finalmente por la Alameda, antes de buscar un garito donde probar -finalmente- los torreznos sorianos. La ciudad estaba especialmente animada, ya que, como descubrimos al punto de la mañana, había una reunión internacional de tunos que seguro habían tenido algo que ver con la altísima ocupación hotelera del fin de semana. Las edades del hombre también habrían ayudado, suponíamos; extremo que confirmamos cuando, cerca de las doce, hordas de turistas en autobuses empezaron a llenar cualquier hueco libre.
Antes de la cervecita con torrezno, nos habíamos pasado un momento a ver la fila de la exposición, que asustaba un poco. No creo que fuera más de una hora, pero ya desanimaba un poco...Bueno, primero comemos y después nos ocuparemos del tema. Lo de comer, con las hordas "autobusianas" también era un problemilla. Mis padres nos habían sugerido el casino como sitio buenobonitobarato, pero era muy pequeño y estaban esperando un grupo. Otras de las opciones con menú que vimos en el centro eran caras o sencillamente poco apetitosas, así que, finalmente, nos dirigimos hacia la parte menos turística esperando encontrar algún sitio, aunque fuera un chino o un kebab.
Unas señoras nos indicaron un par de restaurantes que resultaron estar casi donde acaba Soria. Esto es, al final de la calle Sta. Bárbara. Efectivamente, allí había tres restaurantes muy seguidos, y decidimos comer en el más grande y lleno, amén del único donde estaba escrito el menú en la pared: Don Julián. La comida estaba deliciosa (aunque la sopa podía haberse usado para llenar los radiadores, de tan caliente), y además barata.
Con el estómago lleno, y tras un paseíto tranquilo al sol, llegamos a la Concatedral donde no quedaba ni rastro de la fila que habíamos visto antes. Quizá estuvieran todos buscando un sitio para comer, ya que solamente eran las tres y media. Fuera como fuera, nosotras pudimos visitar tranquilamente la exposición, de la que salíamos encantadas dos horas después.
Antes de ir a descansar un rato al hotel, todavía nos dio tiempo de caer en un vicio que las cuatro compartimos: las tiendas. Un cinturón, un jersey y una crema más tarde nos tiramos en la cama con la perspectiva de estar una horita y pico descansando. M. y yo aprovechamos para reirnos un rato con el programa de T5 sobre Marisol mientras las gemelas hacían una incursión a una tienda de productos típicos en busca de chocolate y mantequilla. En el hostal hacía un frio espantoso, pero nada que no se solucionara metiéndose debajo de las mantas.
No obstante algo fallaba, porque el pasillo estaba más caliente que nuestras habitaciones. Cuando lo comentamos en recepción (bueno, en la barra del bar porque recepción como tal no había) nos dijeron que nos la ponían inmediatamente. Sino, como descubrieron las gemelas, siempre nos quedaba la opción del calefactor del baño, que con la puerta abierta ayudaba a caldear un poco el dormitorio...
Esa noche teníamos reserva en el Mesón Castellano, también en la plaza mayor, aunque antes nos daba tiempo a tomar una cervecita en un bar muy chulo que habíamos visto enfrente a la Alameda, al aparcar el coche el día anterior. No había mucha gente, pero era el único bar de copas o similar que habíamos visto en toda la ciudad. ¿Dónde se habrían metido?
Una compañera de M. tenía un familiar que trabajaba en el Mesón Castellano, quien nos había hecho la reserva indicando que nos trataran bien. Este restaurante, pese a ser uno de los más afamados de Soria, no me acabó de gustar. La cocina es mucho más tradicional que en el caso del de la noche anterior, pero además la sala era mucho más grande, ruidosa y la atención no fue para tirar cohetes. Pedimos todo para compartir, y aunque acabamos llenas, había algún plato del que nos deberían haber advertido como "casi incompartible", como los huevos al horno con foie. Personalmente no creo que vuelva a ese restaurante, o al menos, si vuelvo, será con más gente y no como primera elección.
Después de cenar, y visto el panorama, volvimos al mismo bar de copas, aunque E. decidió quedarse en el hotel porque estaba agotada y tenía dolor de cabeza. Aprovechando que volvíamos al mismo sitio, pedí una cerveza que había visto antes en la carta. Supuestamente una cerveza de abadía...¡española! eso había que probarlo. Estaba buena, si, pero creo que me quedo con la Leffe belga de mis amores (mi favorita, a la sazón).
Cuando volvimos al hostal, E. seguía despierta, con la tele encendida y el calefactor del baño enchufado. Los radiadores estaban apagados (los apagaban por las noches de forma general), y como no habían tenido tiempo de calentar la habitación, aquello estaba helado. ¡Y eso que habíamos dejado el calefactor del baño encendido para caldear un poco el dormitorio! las tres ventanas tampoco ayudaban mucho, pero con la manta tampoco esperábamos pasar frio.
Lo que no esperábamos es la juerga nocturna debajo de nuestras ventanas. ¡Qué horror! Unos adolescentes -no tan jóvenes quizá- decidieron hacer botellón en la plaza, gritando y haciendo ruido como verduleros. ¡Qué horror! Sólo me acuerdo de M., tan desesperada y despierta como yo, diciéndome que eran las tres de la mañana mientras los cafres de abajo tardaban una hora en despedirse a voz en grito. ¿Cómo podrá vivir la gente en esa plaza durante todo el año? Fue en ese momento cuando entendí a mi pobre padre, que lleva años quejándose del botellón que hacen en el parque debajo de su ventana.
Con este panorama nocturno no es de extrañar que al dia siguiente estuviésemos todas con ojeras y sueño retrasado. Nada que no quite un café bien acompañado, está claro. El único problema era que el bar donde habíamos desayunado el día anterior estaba cerrado, y encontrar un sitio abierto no parecía tan fácil. Finalmente entramos en la única cafetería abierta, donde todos los turistas de la localidad estaban ya pidiendo café.
Habíamos pensado en dejar las maletas en el coche después del desayuno, dejando ya todo listo para la hora de irnos. Parecía sencillo, pero, cuando volvimos al hostal después de desayunar a por las maletas, nos vimos incapaces de abrir la puerta de la calle. salir nos había costado, porque la cerradura estaba realmente dura, pero entrar era sencillamente imposible. Después de probar un buen rato, y las cuatro por turnos, llamamos al responsable del hostal para que viniera a ayudarnos.
Debía de estar en casa, porque se oían niños de fondo, y él demostró muuuuuy pocas ganas de venir. "¿Habéis probado bien? Mirad que está muy fuerte...". Que si, que si, pero que no podemos. "vale, en cinco minutos estoy ahí". Cinco minutos sorianos más tarde, (lo que en ZgZ llamamos veinte), apareció la ayuda. En ese tiempo nosotras habíamos descubierto que alguien se había dejado las llaves puestas por dentro, con lo que estaba claro por qué no habíamos podido abrir.
Una vez abierta la puerta, una visita al baño y el último vistazo a la habitación (para no dejarse nada), y en cinco minutos estábamos ya en el coche dejando todo el equipaje. Como me he comprado uno nuevo, este ha sido el último viaje de este coche... una maravilla, la verdad.
Hacía sol y el tiempo era perfecto para nuestros planes: comenzamos la mañana con un paseo hasta el castillo (unas ruinas al lado del parador), desde donde teníamos una vista preciosa de toda Soria, incluyendo Numancia. Desde allí bajamos hasta el rio, siguiendo el camino de S. Polo hacia S. Saturio, y después por la otra orilla hasta San Juan de Duero. Fue un paseo muy agradable, que terminamos en la Plaza Mayor delante de unas cervecitas y unos torreznos.
Aunque nos temíamos que tendríamos de nuevo problemas para encontrar un sitio (el casino estaba lleno también ayer, esperando a otro grupo), al final entramos en un restaurante enfrente del hostal donde habíamos estado, que desde fuera no dejaba imaginar lo agradable que era para comer. Sitio pequeño, tranquilo y agradable con buena comida. Lo apuntaremos para la próxima.
La comida fue rápida, así que pudimos coger el coche y salir antes incluso de lo previsto, llegando a ZgZ al anochecer.
El fin de semana en conjunto me encantó, y disfruté como una enana. Tuvo de todo: paseos, cultura, gastronomía, y hasta un misterio...Y es que esta mañana he encontrado en el maletero media tableta de chocolate con frambuesas. Debió de caerse de la bolsa de las gemelas durante el viaje, pero, ¿dónde estará la otra mitad? la pobre tableta estaba hecha nocilla esta mañana, y no ha dado ninguna pista...¿Estará pegada a la rueda de respuesto?¿Como mancha de alguna maleta?¿Qué será será?
Nota: C. acaba de resolver el misterio del chocolate de frambuesas: ¡¡ella se había comido ya lo que faltaba antes de meterlo en la bolsa!! ¡Aja!¡Otro caso resuelto! :-)
Etiquetas: Recorriendo mundo
martes, octubre 20, 2009
Pau-Zgz: un viaje de pesadilla
Hemos llegado allí a la hora prevista, y no estaba en la puerta así que hemos pedido que la avisaran. Hasta ahí no había problemas: estaría haciendo tiempo en su despacho, hemos pensado. Pero no; nos han dicho que nos esperaba en su despacho y, al llegar al mismo, hemos visto como, en vez de coger su abrigo e irnos, se ha vuelto a sentar, continuando con su trabajo. "Sentaos", nos ha dicho. Ahí es cuando no he podido callarme, y es que debo de tener una vena teutona por alguna parte, porque me fastidian sobremanera estas cosas. Si hemos quedado a una hora, se está a esa hora. O al menos, no sigues trabajando como si la cita no fuera contigo. Mi tiempo vale tanto como el de cualquiera.
Lo mismo me pasó la semana pasada, en Roma, con unos húngaros. La reunión se celebraba donde el viento da la vuelta, así que el anfitrión había contratado un minibus para que nos llevara a todos al centro. Una hora y media más tarde de la hora prevista, y como había gente que tenía que coger un avión, el italiano sugirió que era hora de irse. ¿Cuánto creeis que tardamos? ¡Más de media hora! La húngara siguió mirando el ordenador y sus dos colegas empezaron a recoger de forma parsimoniosa. No debía de haberme sorprendido....cuando ella estuvo en ZgZ ya vi que era imposible conseguir menos de diez minutos de retraso. En cualquier caso, iba con prisa y casi no llego a casa de Manuela, que canceló una cita por verme a mi.
Volviendo a esta mañana. El caso es que he comentado, sin poderme callar, que de haberlo sabido podíamos haber quedado más tarde. Ha debido de cogerlo porque cinco minutos más tarde estábamos saliendo...¡hacia el coche! Así llegamos antes, nos ha dicho...Que son 10 minutos caminando, ¡por Dió! Nos hemos metido en el coche, cuyos asientos estaban tapados por toallas de playa. "Es que tengo dos perros", nos ha dicho..."Ah..., ya....", he conseguido decir. ¡QUÉ ASCO!. Olía a rayos, y todo estaba lleno de pelos...La pobre B., detrás, iba con la bufanda sobre la nariz y la ventanilla abierta...
Cuando hemos llegado no había aparcamiento, así que nos ha dejado allí y se ha ido a aparcar...¡al punto de partida!¡Esto debe de ser la lógica francesa! Eso sí, seguro que se ha quedado trabajando un rato porque no nos ha buscado hasta la hora de comer, las doce y media, concretamente.
Mientras tanto nosotras hemos estado mirando las noticias por Internet, haciendo además mala sangre por la pérdida de tiempo. Y es que, sabiendo que teníamos que volver a ZgZ y con un tiempo de perros (alerta naranja en Huesca), teníamos que presentar el proyecto de dos a cuatro.
La verdad es que ayer ya hizo sordos a nuestra sugerencia de intentar adelantarlo. Aunque hubiera sido dificil, hubiéramos agradecido un poco más de preocupación por su parte.
La comida, a la que nos invitaron como ponentes, se retrasó un poco, lo que hizo que empezáramos tarde la presentación, y por lo tanto retrasáramos la salida. Por si fuera poco, A. se empeñó en hablar, a pesar de nuestro acuerdo del dia anterior (yo sería la única que hablase
como representante del proyecto). A esas horas me daba lo mismo...yo solo veía el cielo encapotado mientras nuestra salida se retrasaba.
Finalmente hemos conseguido salir a las cuatro y media, parando en el supermercado y cruzando la frontera con la última luz del día, a las siete. Hacía un rato que había comenzado a llover, pero la llegada a España nos ha demostrado que lo de la alerta naranja no iba en broma. A la salida del tunel, las ráfagas de viento mientras la lluvia arreciaba han hecho que nos lo tomáramos con calma. La seguridad es lo primero.
En realidad, de haber cogido las llaves del apartamento de Jaca, me habría quedado a dormir allí. En cuanto se hizo de noche (al poco de llegar a España), la lluvia no dejaba ver las líneas de la carretera, además de disminuir la visibilidad en general. Los charcos en la carretera no ayudaban, así que hemos hecho la mayor parte del camino a 75 Km/h de media, con tranquilidad.
Para colmo de males, mi cuello seguía rígido como una tabla, así que he agradecido una barbaridad que B. haya conducido un buen tramo del camino. Entre la entrada a Huesca, echar gasolina, y la parada en el supermercado, no he llegado a casa hasta las diez, completamente agotada.
Lo que está claro es que mañana me he ganado una siesta.
Etiquetas: Recorriendo mundo, Trabajo
lunes, octubre 19, 2009
Una reunión para recordar
Hoy tenía una reunión de trabajo en Pau que me ha obligado a conducir -a mi, que me "gusta" tanto- cuatro horitas de un tirón. Mi jefe, que suele conducir en estas ocasiones, no podía venir, y la reunión no era aplazable -y menos con una excusa como la de "no me apetece conducir tantas horas"-.
Todos los dioses se habían conjurado contra mí: ayer me levanté con un dolor en el cuello de impresión que no me dejó moverme en toda la tarde. Esta mañana el dolor seguía ahí, y por mucho voltarén que le daba no se iba ni por lo que se dijo.
Al ir a por el coche de alquiler, al punto de la mañana, me he encontrado con un volvo con cambio automático. No he conducido nunca con ese tipo de cambio y, como le he dejado muy claro a la chica del alquiler, HOY tampoco iba a empezar. Impertubable a sus comentarios sobre lo fácil que era ("es lo mismo con un pedal menos") o a sus intentos de que aceptara un coche de clase inferior, he conseguido un BMW como el que consideré como alternativa antes de comprarme el que me dan la semana que viene.
A lo tonto, he salido del aparcamiento una hora después de llegar. Eso me ha hecho retrasarme un poquito en buscar a mi compañera en Huesca y en atravesar esa horrible pesadilla que llaman carretera a este lado de la frontera. Curvas, obras, y una sucesión de señales limitadoras de velocidad puestas de manera aleatoria por no se qué mente pensante del país. 50-70-90. No más, y sin orden ni concierto. Son 70 Kms pero se hacen eternos.
Al llegar, la persona que nos iba a esperar seguía sin dar señales de vida. Cuando yo espero a alguien que no llama, al menos intento contactar...He llamado yo y me ha dicho que nos esperaba en la oficina, que tranquilas. Bien, vale.
Al llegar nos ha llevado a su oficina, avisándonos de que estaba un poco desordenada. ¿Un poco? Comparado con eso yo soy el colmo del orden. Tampoco pasaba nada, era su despacho, ¿o si pasaba? Cuando ha dicho que la reunión iba a ser allí no daba crédito, y mi cara, puro reflejo de mis sentimientos, ha hecho que la dueña del caos empezara a pasar pilas de papeles al suelo, pasando la mano por encima para quitar el polvo y haciendo sitio para apoyar nuestras cosas. ALUCINANTE.
El despacho estaba helado, y, cuando lo hemos comentado como quien no quiere la cosa nos ha confirmado que la calefacción se había estropeado. Ah, vale, con tanto papel no se ven las estalactitas de hielo, debe de ser...
Cuatro horas de trabajo después, la mujer aún no nos había ofrecido un café. Aunque el trabajo nos ha cundido, ella no se ha quedado demasiado convencida. En cualquier caso debía de estar deseando quitarsenos de encima porque nos ha dicho que el edificio cerraba a las ocho (¿¿??) y que después tenía una reunión pero no de trabajo. Sería con su sofá, suponemos.
Como guinda, hemos echado de menos la cena habitual de confraternización a la que N. nos tiene acostumbrados. Y que cualquier buen anfitrión ofrece, que no somos nuevos.
Ay....¡¡cómo se va a reir MA cuando de lo cuente!!¡Y cómo se va a alegrar de no haber venido!
Etiquetas: Trabajo
sábado, octubre 10, 2009
Me derrito
Está en plena fase de soltarse sola, así que, aunque con una mano, me llevaba por toda la tienda señalando lo que le llamaba la atención.
Cuando llegó la hora de salir de la tienda, la cogí en brazos y, de forma voluntaria, sin pedirlo, me dio dos abrazos que me dejaron encantada y emocionada. ¡Qué monísima es!
Se que me los dio porque no quería que la metiera en el carro (para eso la había cogido) pero el resultado es el mismo...¡me derrito!
Etiquetas: Mis niñas
viernes, octubre 09, 2009
Treinta y seis
La verdad es que, repitiéndome la cifra, suena bastante más mayor de lo que me siento. Tengo -casi- toda la vida por delante, o al menos eso espero, aunque sea por las cosas que me quedan por hacer.
El balance no sale mal del todo, reconozcámoslo: vivo de manera cómoda, cerca de una familia que me quiere -y me lo demuestra, que todo es importante-, y con un trabajo que, si bien no me apasiona, tampoco me resulta desagradable. Además, tiene un horario que me deja vivir y me da un sueldo que me permite pagarme los gastos e incluso algún vicio que otro.
Además, tengo amigos que me aprecian -totalmente correspondido, además- tanto aquí como en Madrid, mi ex-casa. Y, por si eso fuera poco, mi hermana me ha dado una sobrina preciosa y simpática por la que estoy loquita.
En la columna del "debe", está la parte sentimental, totalmente descuidada y abandonada desde Mc. Y lo que es peor, en pleno valle en lo que a ganas se refiere. También está en el "debe" algunos defectos que empiezan a formar parte de mí aunque no me gusten, y la sensación que tengo a veces de que tiene que haber algo más esperándome en algún lado.
En fin, otro año nuevecito para estrenar mientras me hago mayor...
