Dia a dia

Cuaderno de campo de un paseo por mi vida, día a día.

Nombre: pues
Ubicación: Zaragoza, Spain

jueves, abril 23, 2009

Dia del libro 2009

Siguiendo la costumbre de los años anteriores, he aquí la lista de los libros que me lei el año pasado...Cada vez leo menos libros, según la lista, pero todo tiene una explicación: como lectora compulsiva que soy -lo admito sin tapujos-, leo todo lo que cae en mis manos, incluyendo revistas, prensa, folletos y todo tipo de panfletos.

Así, cada semana entran en casa más lecturas de las que soy capaz de procesar, y acaban en la bolsa de "Para leer", que no para de crecer, por cierto.

Para intentar evitar este "síndrome de Diógenes lector", intento leer más rápido y doy prioridad a las revistas y periódicos, con lo que los libros se resienten...¡Uff, espero llegar algún día al equilibrio!

Mientras tanto, ahí va la lista del 2008:

- Suite Française, de Irene Nemirovsky
- El retorno del profesor de baile (Henning Mankell)
- La novicia asesinada, de Alys Clare
- Los moradores del bosque, de Alys Clare
- La posada de la muerte, de Alys Clare
- El enigma de sor Alba, de Alys Clare
- La novia de Kinfairly, de Claire Delacroix
- Por un beso, de Julia Quinn
- La duquesa y el capitán, de Jude Deveraux
- Black Lion, de Jude Deveraux
- Seduciendo a Mr. Bridgerton, de Julia Quinn
- Imprimatur, de Rita Monaldi
- Bajo una luna misteriosa, de Tracy Grant
- Cabo Trafalgar, de Arturo Perez Reverte
- El señor de la guerra, de Elizabeth Elliot
- Encadenados, de Elizabeth Elliot
- El duque, de Elizabeth Elliot
- The lollipop shoes, de Joanne Harris
- Tiempo atrás, de Nora Roberts
- El puente de Alcántara I, de Frank Bauer
- Yo y el Imbécil, de Elvira Lindo
- Muerte en la Fenice, de Donna Leon
- Muerte en un país extraño, de Donna Leon
- Vestido para la muerte, de Donna Leon
- Muerte y juicio, de Donna Leon
- Acqua alta, de Donna Leon
- The waiting time, de Sara Banerji
- Mientras dormían, de Donna Leon
- Nobleza obliga, de Donna Leon
- El peor remedio, de Donna Leon
- Amigos en las altas esferas, de Donna Leon
- The Cider House Rules, de John Winslow Irving
- Un mar de problemas, de Donna Leon
- Malas artes, de Donna Leon
- El rescate, de Julie Garwood
- El secreto, de Julie Garwood
- Tierra audaz, de Jude Deveraux
- La novia de Sherbrooke, de Catherine Coulter

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lunes, abril 13, 2009

Albóndigas (más o menos) de mamá

Aprovechando los cuatro días de Semana Santa, C. vino a visitarme y se quedó en casa hasta el sábado. Nos lo pasamos bien, aunque lloviera a mares, y entre vuelta y vuelta, también aprovechamos para hacer algo de vida casera (y de paso pensar en el viaje de las vacaciones).

El viernes llovía y decidimos comer en casa; descongelé un par de trozos de carne de ternera picada con la idea de lacer pasta boloñesa, y mientras esperábamos a que la carne dejara de parecer un pedrusco, salió un tímido rayo de sol que nos hizo alentar esperanzas. ¿Pondrían la
terraza en el restaurante de abajo?. El tiempo estaba incierto, pero llamamos por teléfono y nos dijeron que nos sacaban la mesa a nosotras. ¡Qué encantadores son los maños!, decía C.

Hacía fresquito, y en cuanto nos pusieron la mesa el sol decidió esconderse, y la cosa -el cielo, concretamente- empezó a ponerse negruzco. Ahí fue donde C. y yo decidimos aceptar el ofrecimiento de los dueños de entrar en la sala cuando nos arrepintiésemos. ¡Y qué a tiempo!
¡Fue entrar y empezar a llover a cántaros! Está claro que ese dia comimos muy a gusto, pero la carne se quedó descongelada y sin plato.

Pensé en hacerme la -prevista- pasta a la boloñesa, pero mi hermana me recordó de no solo de pasta vive el hombre, y que lo mio con la pasta ya es un pelín exagerado. Me encanta y la hago con todo, pero tiene algo de razón, así que decidí seguir su consejó y preparar albóndigas.

No las había hecho nunca, pero mi mami me dio la receta y le había visto hacerlas miles de veces. ¡Tampoco sonaba tan dificil!

Batí un huevo, pique ajo y perejil y junté todo con la carne picada -ya descongelada del todo-. Mezclé todo a gusto, y lo dejé un rato para que cogiera consistencia, gustillo o lo que fuera que quisiera coger. Al cabo del rato, le añadí un poco de pan rallado (demasiado poco, en realidad), y lo amasé para que la pasta quedara uniforme. Un ratito más -podría haber sido incluso un dia más tarde-, y amasé las bolas, preparándolas para freirlas. Ahí me di cuenta -craso error- que, para variar, me había olvidado de echar sal, así que salé las bolas ya formadas mientras cruzaba los dedos esperando que no quedaran excesivamente sosas.

La fritura salió un poco rana, la verdad. Las albóndigas se pegaban a la sartén a gusto, y, cuando le pregunté a mi padre por el problema, me dijo que hasta él sabía que hacía falta pasarlas por harina antes de freir. Mi madre me lo confirmó, "acordándose" en ese momento de que no
me había dicho nada de la harina. Quizá el pan rallado fuera escaso, añadió.

Con las albóndigas ya fritas, solo quedaba la salsa. Colé el aceite de la fritura para hacer una salsa más o menos apetitosa, sin decidirme entre la salsa de setas o la de tomate. El tomate frito de mi madre es insuperable, así que mi única pretensión era hacer algo comestible y apetitoso. Me decidí por el tomate frito ya preparado cuando vi que la fecha de caducidad ya había pasado, añadiéndole un chorro de vino blanco y unas ramitas de romero.

A pesar de las diferencias (normalmente mi madre usa carne de pavo para hacerlas), no solo estaban comestibles, sino realmente buenas. ¡Habrá que repetir!

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viernes, abril 03, 2009

Esto no es Alemania

Suena a perogrullada, y quizá lo sea, pero no puedo dejar de pensarlo. Hoy, más que nunca, España no es Alemania.

Normalmente, cuando pienso esto, estoy quejándome de algo. De la falta de respeto a los no fumadores, del incumplimiento de las leyes, de la falta de puntualidad,....Lo que sea. Sin embargo, hoy ha sido al revés, y casi merece la pena resaltarlo.

He venido a Potsdam para una reunión en la que participábamos gente de al menos siete nacionalidades distintas. Alemanes -juegan en casa-, franceses, italianos, ingleses, húngaros...y españoles, claro.Ayer por la noche fuimos a cenar, y, como es habitual, el anfitrión invita. Bueno, al menos es habitual en los pobres y hospitalarios países del sur, porque en este caso nos lo avisaron antes como algo excepcional.

Vale, venga, vamos.

Lo sorprendente llegó al final de la cena: la anfitriona cogió la cuenta y pidió 1,80 por cada café y 1,50 a quienes habíamos bebido agua. Nos dejó de piedra, al menos a los italianos y españoles. ¿Cómo? No es el dinero, pero el detalle nos dejó alucinados. En mi tierra, si invitas a alguien, lo invitas a todo. Y punto. ¡Pensar que cuando vienen por casa les tratamos a cuerpo de reyes!

¡Y menos mal que el coordinador estaba generoso y pagó el vino!

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