Dia a dia

Cuaderno de campo de un paseo por mi vida, día a día.

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Lugar: Zaragoza, Spain

martes, abril 30, 2024

Teatro: Arsénico por compasión

Como de costumbre, intento mantenerme al día de los eventos culturales de la ciudad, entre los que se incluye la muestra de teatro universitario, que se celebra desde hace años.

Como indica la web, “La Muestra de Teatro Universitario, se celebra en el Colegio Mayor Pedro Cerbuna, y está organizada conjuntamente por el Área de Cultura del Vicerrectorado de Cultura y Proyección Social y el colegio mayor anfitrión, en ella que participan varios grupos de teatro, procedentes de la propia Universidad de Zaragoza: dos grupos del Colegio Mayor Pedro Cerbuna, grupos de teatro de los campus universitarios de Huesca y de Teruel, y el grupo interuniversitario independiente Atajú Teatro.”

Entre las obras de este año, se incluye “Arsénico, por compasión”, representada precisamente por el grupo Atajú teatro, y cuando lo vi, la verdad es que me apeteció mucho ir.

Cuando se ha ido acercando la fecha, y confirmado que no me coincidía con nada (pilates, francés…), solo falta encontrar alguien con quien ir. Puedo ir sola, claro, pero prefiero ir con alguien, así que pregunté a Patricia.

Le apetecía mucho, pero tenía no sé qué del master y no podía. Después pregunté a mi hermana, que al principio no estaba muy entusiasmada, pero al final se ha animado, así que hemos quedado un rato antes para ir juntas.

La pobre no camina muy rápido ni muy hábilmente, pero el teatro está cerca de su casa, y poco a poco hemos llegado. Yo tampoco estoy en mis mejores momentos; llevo un resfriado terrible desde hace unos días, incluyendo ataques de tos que no puedo reprimir. Para intentarlo, suelo llevar caramelos, pero, como se ha visto hoy, a veces no sirven para nada.

Pero vayamos poco a poco. Tras subir las escaleras con cuidado y comprar la entrada -baratísima, la verdad-, nos hemos sentado en una fila cerca del escenario. Yo pensaba que habría problemas de aforo, pero no; cuando hemos llegado -relativamente pronto pero no tanto-, podíamos sentarnos donde quisiéramos prácticamente.

La función ha comenzado puntualmente. La obra es una adaptación de Arsénico, por compasión (título original: "Arsenic and Old Lace"), la comedia más popular del dramaturgo estadounidense Joseph Kesselring (1902-1967).

Básicamente es una comedia negra que sigue las aventuras de Mortimer Brewster, un crítico teatral que acaba de casarse en secreto con Elaine. Antes de irse de luna de miel, la pareja decide visitar a las ancianas tías de él. Una vez en su casa descubren con horror que las dos encantadoras mujeres, Abby y Martha, tienen un extraño pasatiempo: envenenar a hombres solitarios con una mezcla de arsénico y vino de saúco, enterrándolos luego en el sótano. La obra está llena de situaciones cómicas y enredos, especialmente cuando Mortimer intenta ocultar los crímenes de sus tías mientras lidia con su propia familia, que incluye a un hermano que se cree Teddy Roosevelt y otro que es un asesino a sueldo. 

La obra se desarrolla en Brooklyn, Nueva York, y se centra en la lucha de Mortimer por equilibrar su vida personal, su reciente compromiso y el macabro secreto de sus tías. La trama se complica aún más con la llegada de su hermano Jonathan, un peligroso criminal que se parece a Boris Karloff, y su cómplice, el Dr. Einstein. 

"Arsénico por compasión" es conocida por su humor negro, diálogos rápidos y situaciones absurdas que la convierten en una comedia memorable y entretenida. La obra fue adaptada al cine en 1944 por Frank Capra, con Cary Grant interpretando a Mortimer Brewster.

Yo ya he visto la película varias veces, y me gusta mucho, así que estaba deseando ver la versión teatral. Pero el disfrute no ha sido completo, me temo. Ya comenzada la función me ha entrado un ataque de tos tras otro, hasta que al final no me ha quedado otro remedio que irme de la sala porque era consciente de que molestaba al resto del público.

Cuando se me ha pasado, he vuelto a entrar poniéndome al final -para evitar cruzar la sala entera por si volvía a ocurrir- y he podido terminar de verla sin más incidentes.

La obra ha estado muy bien, y al acabar he ido a buscar a mi hermana, ayudándola a salir. Una señora -que ha resultado ser la hermana de Pili, una amiga de mi madre- me ha preguntado qué tal estaba, compartiendo mi desazón por los ataques de tos incontrolables. La verdad es que, con el pasmo que llevo, quedarme en casa no hubiera sido mala opción, pero me apetecía venir a ver esta obra con mi hermana.

De vuelta, paseando tranquilamente, he declinado la oferta de cerveza que me ha hecho mi hermana porque no estoy bien del todo. Grave tengo que estar, me temo. 😊 Lo dejamos para la próxima, Elena.

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viernes, abril 12, 2024

El festival de la hamburguesa: “The champions Burger”

Había leído alguna noticia sobre la zona de garitos de hamburguesas que habían puesto en el Macanaz, pero reconozco que, como tampoco me llama demasiado, no le había prestado atención. Mis amigas Vega y Tere, sin embargo, son bastante aficionadas a este tipo de sarao, así que no me sorprendió cuando Tere propuso ir este fin de semana.

Tras algunos debates -vía mensajes telefónicos- sobre la fecha, al final quedamos esta noche. Vega tiene que hacer prácticas, Tere tiene café familiar el domingo y yo mañana he quedado para cenar con el aquelarre, así que no hay muchas más opciones.

Antes de reunirme con ellas, quedo con Marta a tomar una cerveza temprana que se convierten en dos. Lo mío es vicio.

Hay gente por la calle, y conforme nos acercamos a la otra orilla del Ebro, donde han puesto las caravanas, el número de personas aumenta, en forma de riada humana. Ufff, va a estar lleno. Lo que también aparece conforme nos acercamos es una nube de humo proveniente de los puestos de comida - en muchos de ellos ahúman los ingredientes, y de paso ahúman el río, el puente y a todos los que estamos a menos de 100 metros a la redonda.

La zona, extendida desde Helios hasta bien entrada la arboleda de Macanaz, está llena de gente. A lo largo de la explanada, y salvo debajo del puente -donde han puesto los baños portátiles que nos proponemos evitar a toda costa- se ven los puestos de hamburguesas. Vega y Tere ya han estado aquí, o al menos han estudiado el terreno, porque al menos conocen cómo funcionan las cosas. Tere incluso nos ha comentado que era necesaria una aplicación, pero tampoco me he enterado mucho; estaba ya saliendo de casa y no me daba tiempo a nada.

Cada puesto ofrece una hamburguesa distinta, y además hay un puesto para las patatas, otro para la salsa y un par para las bebidas. Imposible cogerlo todo de una vez, según parece.

Antes de nada, decidimos coger sitio en una de las mesas que hay detrás de los puestos. Hay dos zonas, y pensando que habría más hueco, decidimos ir a la más cercana a Helios. Efectivamente hay sitio, y nos ponemos en una mesa donde ya hay gente, pero hay hueco más que suficiente.

Aprovechamos para preguntarles cómo va el tema. Parece ser que hay que elegir una de las hamburguesas -hay un folleto impreso encima de la mesa, que preferimos antes que mirar la página web- y acercarse al puesto correspondiente a hacer fila -todas las filas eran larguísimas, según hemos visto de camino a la mesa- o pedirla por la aplicación “uber eats”, donde te ponen un suplemento de 2€ por hamburguesa -de 12,5 a 14,5- porque en teoría te dan prioridad sobre las filas. Tere, que ha venido preparada, había leído que hacían descuento la primera vez que usabas la aplicación en las primeras dos hamburguesas. Como ella la ha descargado en casa y se ha registrado, es ella la que las pide, costándonos al final 9,5 por cada una. De alguna forma, las tres nos decidimos por la misma -una con bacon crujiente y polvo de palomitas-, lo que facilita la recogida.

Después, hay que comprar las patatas y la bebida por separado, en sus correspondientes puestos. Y no, la aplicación en este caso no se puede usar. Decidimos dejar a Vega a cargo de la mesa mientras Tere va a por las hamburguesas y yo a por las patatas. En este caso, hay una fila para pagarlas y otra para recogerlas. Cada vez me gusta menos esto, la verdad.

La fila de pago es rápida, pero ¡oh, sorpresa!¡no admiten efectivo! Yo suelo salir sin tarjeta -lo que me faltaba- así que no tengo forma de pagarlas. Ante esto, me dicen en la caja hay un autobús donde puedo cargar efectivo en una tarjeta con la que puedo pagar. Aunque intento acercarme al autobús, éste debe de estar en el puente de Piedra, porque no lo veo, así que desisto y acabo recurriendo a Tere, quien lleva la tarjeta y puede adelantar todo. Mientras Tere hace la fila para pagar las patatas, llevo las hamburguesas a la mesa. No sé cómo estarán, pero lo que es seguro es que para cuando volvamos con la bebida y las patatas, se habrán enfriado bastante.

Con las patatas en la mano, echamos salsa en el puesto de las salsas -¿soy la única a la que esto le recuerda a la burocracia soviética?-, y tras llevarlas a la mesa, donde Vega sigue esperándonos, nos encargamos de la bebida. Justo antes de que nos toque, toda la zona se apaga de repente. La zona de las mesas no tenía iluminación directa, así que ya estábamos a medio oscuras, pero la zona de los puestos se queda con un extraño resplandor proveniente de las farolas del puente, reflejado en el humo que ocupa toda la zona. En breve la luz vuelve, y podemos pedir nuestra cerveza.

Se supone que hay que comprar un vaso de plástico (reutilizable) para que te pongan la cerveza. Como íbamos sobre aviso, cada una habíamos traído uno de casa: Tere, el de los puestos de comida del Pilar, y Vega y yo, otro distinto -de hecho a Vega se lo había traído Tere, porque ella no venía directamente de casa-. Ya en el mostrador, nos sorprenden con la noticia de que nuestros vasos no son válidos; bueno, el de Tere sí, pero los otros dos no se aceptan y no nos queda otro remedio que comprarlo. Intentan consolarnos con la cantinela de que son “vasos solidarios”, pero honestamente me importa un bledo. Más solidario que mantenerlo en mi bolsillo, imposible. Al menos no hay que hacer otra fila para comprarlo; te lo venden en el mismo mostrador.

Ya con todo, nos reunimos con Vega para cenar tranquilamente. No hay servilletas en las mesas, así que tenemos que tirar de pañuelos de papel, pero a estas alturas ya solamente nos importa comernos la famosa hamburguesa, que ha empezado a enfriarse y que, sin estar mal, no es nada por lo que matar. De haber podido votar -se suponía que se podía hacerlo-, no le habría puesto una gran puntuación. De hecho, si contamos todo, la broma nos ha costado casi veinte euros, un precio por el que puedes tomar una magnífica hamburguesa en un buen puñado de sitios, sentado, atendido por un camarero y con una cerveza en un vaso de cristal, sin una humareda que rivaliza con las míticas nieblas de Londres.

Como nota simpática, los que sí han sabido hacerlo han sido unos que estaban sentados en la mesa de al lado, que se han traído la cena del MacDonals :-) Esas no engañan; ya sabes lo que esperar.

En conjunto, definitivamente yo me he hecho mayor para esto. A Vega y a Tere les gusta, al menos una vez al año, pero yo creo que a la próxima solamente me uniré a la cerveza de después.

Y esa sí que está bien, la verdad. Tras la cena, nos pasamos por el Gallagher a tomar esa última cerveza, fría y en vaso de cristal.

Ahora solamente falta conseguir digerir la carne -poco hecha para mi gusto, así que me espera una noche dura- y limpiar los zapatos, llenos de tierra y polvo, para intentar volver a ver su color burdeos original. Pero eso será otro día.

++

Anuncio del evento, lleno de anglicismos innecesarios:

“The Champions Burger” es el mayor evento gastronómico del país, un alucinante concepto nómada que recorrerá +15 ciudades de todo el país, con un claro objetivo: llevar las mejores hamburguesas a todos los amantes de las buenas burgers.


Buscamos la mejor hamburguesa gourmet de España. Para ello enfrentaremos a cientos de hamburgueserías, subidas en sus foodtrucks, que lucharán cara a cara, plancha con plancha y sudor contra sudor, para lograr el premio a Mejor Hamburguesa de España 2024.


Valoraremos el sabor, la combinación de ingredientes, la originalidad y sobre todo las ganas e ilusión puestas en cada burger.


Fuego, sabor, humo, carne, motor... Unido con música, muy buen ambiente y luces harán una combinación especial para crear un evento único e inigualable.

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Una gran forma de empezar el día

Yo no es que vaya muy arreglada a trabajar, pero un mínimo suelo mantener. Sin embargo, hay días en los que te levantas sin ganas de arreglarte mínimamente y hoy era uno de esos. Tenía que ir a una reunión, además, pero conocía a todos y aunque me lo he planteado, mi pereza ha ganado -¡ay!- y he ido bastante cutre, por decirlo así: un pantalón ancho cuyo botón no me puedo abrochar, un jersey de cuello alto -que tapaba el botón y que de paso destacaba mi papada, todo un “acierto”-, y el pelo recogido -no me he levantado a tiempo para lavármelo-.

‘Total’, he pensado, ‘conozco a todos y ya me conocen’.

Pues bien, va a ser que la ley de Murphy ha vuelto a hacer de las suyas porque en la reunión había un hombre, guapo e interesante, que me ha hecho arrepentirme de ir hecha un adefesio.

Está separado/divorciado, y llevaba un pelo terrible -se lo está dejando largo y está en plena fase de greñas- pero la verdad es que, me ha atraído mucho. Y estas cosas no me suelen pasar, la verdad.

En fin, que me he quedado totalmente chafada y enfadada conmigo misma.  

Además de esperar volver a verlo en el futuro, esta situación me ha hecho convencerme de la necesidad de ir más arreglada al trabajo. ¿Quién sabe con quién me voy a encontrar? ¿Y para qué tengo la ropa?

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miércoles, abril 10, 2024

Presentación del libro “Profanación”

Ayer, en el boletín de cultura de la universidad, al que estoy subscrita, vi que esta semana había varias conferencias interesantes, entre ellas la presentación de un libro, “Premonición”, de Ramón Acín, en el paraninfo de la Universidad.

Aunque la pereza me pudo ayer y no fui a la charla sobre el urbanismo de Zaragoza en el siglo XIX (y me apetecía mucho, la verdad), hoy me he animado y le he propuesto a mi hermana que me acompañara. Ella ha accedido enseguida -las otras dos veces le gustó la experiencia, parece- y me ha pedido que la fuera a buscar a casa para acompañarla hasta el Paraninfo.

Era imposible -entre que llego de francés, aparco y salgo de casa, no podía llegar al paraninfo antes de menos cuarto- así que hemos quedado que nos encontraríamos a medio camino. Si las dos salíamos de casa a y media, por mucho más rápido que camine yo, casi casi nos encontraríamos en el punto de encuentro.

Pero no. Al final cuando yo he llegado, ella todavía estaba saliendo de casa. Yo me pongo muy nerviosa con estas cosas y detesto la impuntualidad, así que la he impelido a coger el tranvía -para una parada, sí-, intentando acortar los tiempos.

Aunque ha llegado justa, a buen paso(*) hemos llegado puntuales a la presentación. Había ya bastante gente sentada, incluyendo un par de bohemios en la primera fila que resultan ser los editores, pero aún había hueco y justo nos hemos sentado cuando comenzaba.

(*) Demasiado rápido para ella, decía, pero es que si no, no había forma. Y eso que la psicóloga le dice que tiene que caminar con calma y sin estresarse 😊

Tras una introducción de una persona de la organización (de la librería París), Domingo Buesa, un escritor local, ha hecho una introducción bastante prolija. La tenía escrita, claro, y ha dejado claro el tono del libro y el fondo del mismo: la vida en un pueblo del Pirineo.

De hecho, tanto él como el escritor y la periodista que comparten la mesa -Ana Segura- mencionan su estrecha relación con el Pirineo y su condición de montañeses -que no montañeros- como una de las razones para estar allí. Tanto en la introducción de Domingo Buesa como en la posterior entrevista, queda claro que la montaña y la vida en ella son algo que los tres comparten. De hecho, el escritor, que incluye como una de las motivaciones para escribir el libro su deseo de reflejar la vida en un pueblo de montaña, donde los forasteros y los autóctonos se diferencian claramente, y un habitante de hace años es todavía un forastero, deja claro en la entrevista su amor por la montaña. Eso sí, no quiere decirnos dónde están las setas.

También sale en la entrevista/conversación la belleza del valle de la Guarguera, que yo no había oído ni nombrar. Tal como lo ponen, habrá que ir a verlo. Y a caminarlo, porque según dicen tiene muchos senderos que explorar.

Cuando pasan 45 minutos la periodista corta la entrevista indicando que ya ha pasado el tiempo. Solamente hay una pregunta, de un señor de la primera fila, que se dispone a irse en cuanto la ha hecho. Según bromea mi hermana, ha ido a eso.

También se burla de mi estimación del tiempo: yo le había dicho que duraría hora y media y a los 50 minutos ya estábamos levantándonos. En fin, a mí me hubiera encantado que durase más. Después de la presentación, nos vamos a tomar una cerveza -habíamos invitado a nuestra madre pero ha declinado porque ya estaba lejos y nos iba a ver mañana- antes de volver a casa.

Mi hermana ha quedado contenta; incluso ha indicado su interés de leer el libro. ¿Y la próxima, pregunta? El escritor había comentado que hoy había cincuenta actos en Zaragoza, agradeciendo que fuéramos a su presentación, así que espero que la semana que viene haya otros tantos y podamos elegir.

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Anuncio de la presentación

El miércoles 10 de abril a las 19 horas en la Sala Pilar Sinués se presenta el libro 'Profanación' de Ramón Acín Fanlo, de Pregunta Ediciones.

Profanación: En la Guarguera, uno de los valles más remotos del Pirineo aragonés, la vida transcurre apacible para sus escasos habitantes. Pero un día, la aparición de un misterioso alijo de armas trastoca toda esa tranquilidad, Ilenando la zona de curiosos, sospechosos, periodistas y autoridades. En los exhaustivos interrogatorios de un guardia civil, al que enseguida apodan como 'metomentodo', el quesero Lorién, el vasco Ezquerra, destilador de licores, el pastor Petit o los artesanos Oriol y Maritxel, entre otros vecinos, deberán indagar en los secretos de sus relaciones, sacando a la luz sus bondades y miserias, enfrentándose a sus propios demonios y a sus motivos para vivir en el valle. Un intenso thriller psicológico, denso y oscuro como un buen vino pero cargado de lirismo; una novela polifónica que aporta diferentes puntos de vista sobre la vida en los pueblos y nos revela la cara menos amable de la alta montaña

RAMÓN ACÍN (Piedrafita de Jaca, Huesca) es narrador, ensayista y crítico literario, doctor en Filología por la Universidad de Zaragoza, catedrático de Lengua y Literatura y académico de la Real Academia de Bellas Artes de San Luis (Aragón). Autor de títulos de ensayo, novela, relato corto, dietarios o libros de viajes, entre los que destacan Los dedos de la mano (1992), Siempre quedará Paris (2005), Muerde el silencio (2007), Abrir la puerta (2013), Monte Oscuro. Album de familia (2016), El tamaño del mundo (2017), Un andar que no cesa (2020) o Los muertos que llevan los vivos (2021), y también literatura juvenil en títulos como Secretos del tiempo escondido (2005), El caso de la cofradia (2011) o La carpeta azadl (2021), entre otros. Asimismo, coordinó el programa <Invitación a la lectura> entre 1985 y 2011 y es un destacado articulista en prensa diaria y revistas especializadas. Toda esta labor cultural y literaria ha sido reconocida con diversos galardones a nivel autonómico y nacional.

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