Dia a dia

Cuaderno de campo de un paseo por mi vida, día a día.

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Lugar: Zaragoza, Spain

sábado, mayo 31, 2025

Monólogo cómico: “¡Madre mía!”

Hace ya tiempo Vega nos propuso a Tere y a mí ir a esta función. Aunque no me fijé demasiado en la misma, -a diferencia de Tere, seguro-, las dos dijimos que sí enseguida. Como era en un centro cívico del actur (en lo que tampoco me había fijado, la verdad), hablamos de cenar en el Birabola, que hace tiempo queríamos probar. Así, Vega compró las entradas, yo asumí el encargo de reservar el restaurante, y así se quedaron las cosas.

A mitad de esta semana, Vega me ha recordado lo del Birabola, preguntándome si había reservado. Confieso que era lo más olvidado que tenía, así que me meto a reservar en ese momento. Según la página web, hay opciones de columpio o sofá. Lo del sofá está claro, pero lo del columpio… No hay fotos de columpio, pero sí se ven una especie de pajareras con sillas dentro. ¿Serán esos los columpios? Dudo qué será mejor, pero pronto las dudas se solucionan: El sábado solo hay opción de sofá.

La función comienza a las 7 y quedamos directamente en el centro cívico a las 6,30. Para variar, yo llego muy pronto -además, voy en tranvía y por si las moscas prefiero llegar pronto que tarde; vicios que tiene una-. Curiosamente, aunque llego prontísimo, no soy la primera; unas señoras ya están esperando para entrar.

Cuando se ha juntado un grupo majo, el de recepción nos indica que empecemos a hacer fila, y es ahí donde me reúno con Tere, que ha llegado bastante puntual para sus costumbres. Vega llegará más justa, pero le guardaremos sitio y ya está. Finalmente, llega unos minutos antes de que abran la puerta así que no es necesario guardar sitio a nadie.

Al haber estado la segunda en la fila, podemos coger unos asientos centrados y cerca del escenario, lo que se agradece.

La verdad es que no tengo muy claro cuál es la función. Parece ser que es un monólogo cómico realizado por Marisol Aznar, que debe de ser bastante conocida porque sale en Oregón TV -que yo no veo, por si no quedaba claro-.

El monólogo forma parte del ciclo “Cómicas fest 2025”, un ciclo de funciones que, según lo publicitan, “reivindican la figura de las cómicas en un medio históricamente masculino. Una fiesta para todos, hombres y mujeres, aunque esta vez, en el escenario están ellas”. Yo estoy poco alineada con estas cosas, pero mientras no carguen las tintas…

Y no lo hacen, debo decirlo. Tras una introducción cómica, la actriz hace un comentario sobre el tema reivindicando la mujer como cómica, y eso es todo 

La introducción la hacen un par de chicas disfrazadas de acomodadoras y que nos hacen preguntas alineadas con la función (¿Quién es madre “con beso” (sic)? ¿y sin beso? ¿Y quién tiene madre?), animando el tiempo de espera hasta que empiece el monólogo. Vega me comenta que ya ha visto a estas chicas hacer lo mismo en otras ocasiones (después me enteraré que se hacen llamar “Las Maris”).

Tras dicha introducción, la actriz principal -y única; es un monólogo- sale a escena, hablando sobre madres, hijas, y folklore materno que todos conocemos -frases típicas, por ejemplo-.

Ayudada por una pantalla donde a veces se proyectan vídeos y un escenario con cuatro elementos mal contados, Marisol Aznar “reflexiona sobre el papel de ser madre de sus hijas e hija de su madre, analiza los tipos de madre y los interpreta, que son muchos y variados, y con los cuales el público seguro va a conectar rápidamente”. También canta en directo, y hace participar al público en distintos momentos.

En conjunto, es un espectáculo entretenido, del que disfrutamos a pesar del frío que hace en la sala -¡cómo se pasan con el aire acondicionado! ¡nos quieren conservar cual merluzas!-.

La función dura una hora y media pasada, incluyendo unos minutos de retraso debidos a un problema con el vídeo que al principio parecía parte de la función.

Asumiendo que saldríamos como muy tarde a las 9, he reservado en el Birabola a las 9,30. Así, aún tenemos tiempo de tomar una cerveza antes de cenar, lo que hacemos en un bar cercano al restaurante.

El cielo se ha cerrado y parece que va a llover, pero hace calor y podemos caminar al restaurante sin que nos caiga una gota. Eso sí, cuando salimos del bar donde nos hemos tomado la cerveza la situación ha cambiado; ha empezado a llover y tenemos que acelerar para no mojarnos demasiado.

El restaurante tiene una decoración curiosa; “kitsch”, podría decirse. Colores estridentes, mensajes positivos en neón, las pajareras que había visto en internet -y que parecen tan incómodas como había supuesto-… Nosotras tenemos sofá, así que nos acompañan a una mesa circular rodeada de un sofá también circular. Normalmente yo evito comer en sofá -me va mejor para la espalda y además no me gusta nada tener la mesa lejos cuando como, y en estos casos, con la mesa fija, ni siquiera puedes acerca la mesa a la silla-, pero hoy no hay opción. Todas sofá. Quizá así nos abrigue un poco más, porque, al igual que en el teatro, hace frío en el restaurante.

Desde allí vemos los famosos columpios, que no dejan de ser columpios colgados del techo al lado de la mesa. Por supuesto, sin respaldo. Mejor sofá, definitivamente.

Decidimos pedir todo para compartir. Es cena, y en principio pedimos tres platos para compartir entre tres, pero el camarero nos sugiere que pidamos más, pues nos quedaremos con hambre. Nos dejamos aconsejar y le hacemos caso, lo que resulta un error, a la postre.

Enseguida empiezan a traer los platos. Todos los platos, quiero decir, sin dar tiempo entre uno y otro. Resulta estresante y no ayuda a estar cómodas. De hecho, pedir un plato más ha sido un error porque al penúltimo ya estamos llenas. Y al traer todos a la vez, parece como si te metieran prisa para comer.

La comida, que es el último elemento, no está mal, pero tampoco es para hacer alharacas, la verdad. En resumen, lo mejor de todo la compañía y el buen rato con mis amigas. Al restaurante, no creo que vuelva, al menos en bastante tiempo.

Cuando salimos del restaurante, a ninguna nos apetece una copa y nos volvemos a casa. Ya no llueve, así que Vega se va a coger el autobús mientras Tere y yo nos vamos al tranvía, tras una tarde muy agradable.

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