Cierran el gimnasio
Durante unos años, mi hermana y yo hemos incluído en nuestra rutina ir juntas al gimasio, ella por fuerza de voluntad y yo porque ella me "obligaba". Era divertido pasar un rato con ella, y de alguna forma habíamos conseguido establecer nuestra rutina. De hecho, para Armando, un profesor de baile superdicharachero, éramos las "azúcar moreno".
El gimnasio nos venía bien a las dos, a medio camino de las dos casas -un poco más cerca de la mía, sí-, al lado de un parque donde dejar a Sofía jugando con la yaya (y a Teresa en el carro cuando nuestra pequeña llegó a escena).
Pues bien, tras varios años y con la rutina ya establecida, hoy nos hemos encontrado con que el gimnasio ha cerrado. Así, tal cual. Había un cartel en la puerta, y nadie atendía a razones sobre las cuotas pagadas o cuando lo abrirían. Había incluso gente que se ha quedado con cosas en las taquillas, sin poder recuperarlas.
La verdad es que en septiembre, Paco dejó de ser profesor -uno de los mejores- y cada vez había menos clases, lo que nos tenía que haber dado una pista, pero... ¡¿cerrar!! Nos ha dejado con un palmo de narices. Y sin gimnasio.
Nota: A los pocos días nos dijeron que el cierre se debía a problemas económicos. Algunos (ex)socios se plantearon poner una demanda conjunta pero nosotras consideramos que no valía la pena. Es meter más dinero -en abogados- sin ningún tipo de garantía.
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