Dia a dia

Cuaderno de campo de un paseo por mi vida, día a día.

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Lugar: Zaragoza, Spain

jueves, mayo 29, 2008

Dias contados...

... para mi muela. Ya he he quedado con el dentista en sacármela el dia 25 de junio. Mientras tanto, el agujero se hará más grande y la fistula tendrá tiempo de doler/sangrar un par de veces por lo menos. Voy mejorando: solamente he necesitado cuatro meses para pedir cita...

Eso si, en la boda de M. P. no se verá el agujero en mi sonrisa.

... para las vacaciones. Hoy cogeremos el billete de avión y esta semana prepararé el recorrido por el Languedoc; uno de esos viajes que estaba deseando hacer, de hecho.

... para la Expo. Aun no se si he hecho el canelo cogiéndome el pase de temporada. A estas alturas, entre la lluvia y la mala planificación la mitad de las cosas están sin terminar. Además, aún no conozco la planificación de espectáculos, con lo que no secuales me interesan y cuales no. Eso si, con mi suerte, veo que los que puedan interesarme me pillarán en algún castillito cátaro, disfrutando de mis vacaciones.

jueves, mayo 22, 2008

Con mis peores deseos

Lo lei el otro dia en postsecret, una de mis bitácoras favoritas, y me gustó. No, mejor; me pareció perfecta.

Esta es la frase que, con mis peores deseos -que no son tan malos-, dedico a mis presuntas:

I wish you love, joy and hapiness but you are no longer part of my life.

Si, lo se. Es blanda, y hasta suena a paz. Pero claro, como dice mi hermana, no he desarrollado la "hijoputez" necesaria para codearse con según que compañías.

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domingo, mayo 18, 2008

"Couch potato"

Así es como llaman en inglés a los que se tumban en el sofá todo el día sin hacer nada. Tipo Homer Simpson, para entendernos.

Y esa es la descripción perfecta de lo que he hecho yo durante la mayor parte de este fin de semana. ¡¡Qué bueno es no hacer nada, de vez en cuando!!

Lo necesitaba, después de unas semanas agotadoras, incluyendo un viaje en el día hasta Tarbes -nueve horas de coche...un infierno-.

El viernes fue imposible porque tuve que hacer de taxista para mi hermana -se iba ayer de viaje y necesitaba mis maletas, entre otras cosas-. Pero ayer...salvo una cena con unas amigas, mi dia fue totalmente horizontal, siendo mi única preocupación prepararme la comida.

Y, hasta hace un rato, el dia de hoy seguía el mismo ritmo...¡Un vicio!
Si no fuera por los dos cafés que tengo esta tarde, podía hacer oposiciones a Homer :-)

Otra vez será.

sábado, mayo 17, 2008

Arreglándome

Mientras me arreglo para salir a cenar con unas amigas, escucho "Panadero" de los "Especialistas" y me doy cuenta de que hoy podría comerme el mundo.

Me siento guapa.

miércoles, mayo 14, 2008

Sitios donde comer en Roma

Un hotel para tener en cuenta (recomendado por Romanos): www.hotelromae.com
Y varios sitios para comer (recomendaciones de la Pepi viajera):

- APERITIVO ONLY. Grand Hotel de la Minerve, Piazza della Minerva, 69, 00186 ROMA, Tel: +39 06 695201, Fax: +39 06 6794165, minerve.res@hotel-invest.com
- Sora Margherita, Piazza delle Cinque Scole 30, Tel: 06 687 42 16 (info)
Hours: Tue-Fri, Sun 12:30pm-3:00pm, Sat 12:30pm-3:00pm & 8:00pm-10:30pm
- Roma Sparita, Piazza S. Cecilia 24, 065800757.
- Le Naumachie, Via Celimontana, 7, 00184, 067002764.
- Trattoria "da Olindo", chiuso la domenica, Vicolo della Scala 8 , 00153, Roma, 065818835.
- Cantuccio, via dei Lincei, 47, 00147, 065121723
- L'Isola dei Sardi Due, Vicolo della Garbatella 1/9, ang. P.zza Pantero Pantera 17, 00154, Roma, 065135044.
- L'Enoteca Antica di Via della Croce, Via della Croce 76/b, 066790896, www.enotecantica.com
- Pizzeria http://www.lamontecarlo.it, vicolo Savelli 13, 066861877

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domingo, mayo 11, 2008

Haciéndole el juego al Ave

Este fin de semana he estado en Madrid. Entre otras cosas, viendo llover, porque debo reconocer que, puestos a elegir un fin de semana malo, este ha sido un acierto. Chuzos de punta, vamos.

No me apetecía viajar, ya que, entre el puente de mayo -en Jaca-, y un par de dias en Logroño entre semana por trabajo, mi cuerpo clamaba por un descanso.

Pero me invitaron a cenar unos amigos que se preocuparon por saber cuando podía, así que hice de tripas corazón y me planteé que este fin de semana no me dedicaría a hacer hueco en mi sofá. Además, aprovecharía para intentar ver a E. y M., ya que no los veía desde que el bebé tenía un mes. Hace casi seis, para entendernos. Confieso además que ni me acordaba del nombre del bebé. Un desastre.

Soy de las que deja todo para el último momento, y esta vez me salió mal: no había billete de tren para el viernes por la tarde. ¡¡Y eso que han subido un 20%!!¿Donde narices está la crisis?

Como no había ave, y ya tenía pensado ir, no me quedo otro remedio que pasarme a la gallina. Si, la gallina, que es el nombre que da mi padre al autobús de línea.

Ya tengo experiencia, así que iba preparada para ronquidos, incomodidades, asientos estrechos -especialmente si el pasajero contiguo es de tamaño armario ropero-, temperatura aleatoria -según le de al conductor por regular el climatizador-, olores sobaqueros y todas esas cosas que amenizan un viaje de tres horas y tres cuartos cuando no hay tráfico excesivo. El paraíso, como se puede entender.

Lo que definitivamente no esperaba era el retraso. El viernes, llegó tarde de Barcelona (lo que tampoco es infrecuente), y, contrariamente a lo visto en otras ocasiones, en las que montábamos a toda velocidad y salíamos pitando, esta vez las cosas se las tomaron con calma.

En teoría salíamos a menos cuarto; el autobús llegó a menos diez y un conductor con malos modos nos dijo que no abrirían las puertas antes de y cuarto. Resultado: salimos a y media, llegando con media hora larga de retraso y haciendo que yo llegara casi al final del aperitivo de la cena.

Hoy he visto que lo del retraso debe de ser ya generalizado. Saliendo a tiempo y casi sin tráfico, hemos vuelto a llegar con media hora de retraso. Si de algo me ha servido este viaje ha sido para confirmar que merece la pena gastarse tres veces más en el tren. En el autobús pagas la diferencia en tiempo y en mala uva, lo que no compensa yendo una vez al mes a Madrid como máximo.

Eso si, viendo como funciona, creo que los del autobús tienen algún trato con los del tren para que todos pensemos así. Sino, es imposible creer que cada vez funcione peor.

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sábado, mayo 10, 2008

Parece ser Guillermo

Y es que mi hermana se hizo ayer una ecografía y, aunque no lo aseguran, parece niño.
Mi madre y yo queríamos niña, pero no pasa nada. Lo importante es que venga bien y podamos mimarlo.

Eso si, si el pobre Guille resulta ser Guillermina, tiene que estar riéndose de nosotros a gusto :-)

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martes, mayo 06, 2008

Por qué no cojo el autobús para ir a trabajar

Si, si, vale. Hay que tener conciencia ecológica, no derrochar recursos, compartir el transporte cuando se pueda, etc, etc.... De vez en cuando leemos noticias -a veces un pelín alarmistas o al menos teñidas de un tinte sensacionalista- que nos hacen reflexionar y pensar en la posibilidad de dejar algunos de nuestros hábitos por otros un poco más...¿como lo diría? respetuosos con el medio ambiente.

Y entonces llega un dia como hoy, en el que me tengo que ir de viaje desde el trabajo. ¿Cojo un taxi para llegar? No, me digo, voy a coger el autobús.

En la parada, a la que me cuesta llegar diez minutos, el autobús acaba de cerrar las puertas. Por supuesto no me abre al verme, ni mucho menos al golpear la puerta para llamar su atención. ¡¡Faltaría más!!Inciso: es extraño que algún conductor abra en esas circunstancias. Debe de haber alguna norma en el manual de conductor de Tuzsa que les prohiba abrir cuando la puerta está cerrada, porque si no, no se entiende a veces...

Hora punta, y cada vez más gente en la parada. Pasan cinco minutos, y no hacen más que pasar autobuses con otros números. El tipo de al lado, perteneciente al rebaño de los "respetuosos fumadores", comienza a fumar debajo de la marquesina, haciendo que los otros tres que estábamos sentados nos larguemos antes de ahumarnos. Sonríe, y se pone cómodo, expandiéndose: misión cumplida. Diez minutos más, y aquí no pasa ningún veintitrés. Aún tardará diez minutos más, y llega lleno, así que hay que apretarse para subir. Después me daré cuenta de que he hecho mal, porque justo detrás de este, venía otro veintitrés pegadito. Y vacío, claro.

Bueeeeeno, al final lo he conseguido: mi maleta, mi cartera y yo estamos en un hueco cerca de la puerta. Si todo va bien, en menos de cuarenta y cinco minutos estaré en el trabajo. Y de confesar que si, que en este tiempo hemos llegado al final de la línea, pero no sin acordarme de la familia (o del rebaño, que no me ha quedado muy claro) del conductor. Si alguna vez había tenido algún género de duda, hoy se me ha disipado totalmente: para ser conductor de autobus en esta ciudad el requisito mínimo es haber sido conductor de ganado. Cuarenta y cinco minutos de acelerón-frenazo-acelerón me lo han confirmado.

Tanto meneo, y tanto equilibrio precario -no hay que olvidar que tenía que mantener la maleta, la cartera y el bolso agarrados-, además del hecho de llegar quince minutos tarde a la oficina, me han hecho recordar por qué cojo el coche para ir a trabajar.

Y es que no hay que confundir: el ecologismo puede estar bien, pero cuando implica darle al masoquismo, la cosa cambia.

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