Dia a dia

Cuaderno de campo de un paseo por mi vida, día a día.

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Lugar: Zaragoza, Spain

martes, mayo 17, 2011

Enfado sin razón

Llevo un enfado de impresión, y lo peor es que no tengo razón alguna. Yo creo que parte se debe a la forma en que he comido. Mal y a disgusto. Siempre me pone de mala uva pero hoy ha sido un día especialmente malo.

Normalmente como en casa de mis padres todos los días. Martes y jueves llego antes para comer a toda velocidad y volver a la oficina; desde hace poco, éstos son los días en que mis padres llevan a mis sobrinas a su casa para que duerman allí la siesta. Por esto mismo, y porque ya me he visto esperando en la escalera a que volvieran, hoy he salido más tarde de trabajar para que así tuvieran tiempo de ir y volver sin agobios.

Pero no, cuando he llegado no había nadie en casa. Mi madre me ha dicho por teléfono que estaban todavía dejando a las niñas, y encima mi padre estaba de capazo con mi cuñado. Genial, papá. Hay que ver la diferencia cuando es él quien tiene prisa...

En fin, que me he cabreado como una mona. No es por la comida -podía sacado cualquier cosa del frigorífico-, sino que voy para comer con mis padres. Y si no van a estar, mejor me lo dicen y voy a mi casa. Directamente. Sin paradas, sin dar vueltas para buscar aparcamiento, y sin necesidad de hacerme nada improvisado porque ya lo había previsto el día anterior. Ufff

El caso es que me he ido a casa, he comido de malas maneras y me he vuelto a trabajar sin que el enfado hubiera bajado lo más mínimo. ¡¡Y encima mi hermana decide, para variar, no cogerme el teléfono!!¡¡Y eso que era para comprarle a ella un vuelo!!¡¡Que les zurzan a todos!!

Lo peor es que, cuanto más lo pienso, más me doy cuenta de que no tengo ninguna razón para estar enfadada. Pero eso no reduce la mala leche...

lunes, mayo 16, 2011

Teatro: La ratonera

Ayer fui al teatro a ver La ratonera. Hacía tiempo que quería verla, y la verdad es que me encantó...
La recomiendo sin ninguna duda.

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lunes, mayo 09, 2011

De excursión por Alquézar

Hace ya tiempo que hablamos de ir de excursión a Alquézar algún domingo. Estas no lo conocían y les habían hablado muy bien de él. Yo ya había estado, aunque no me importaba pasar allí un día porque es un pueblo precioso. Y con el buen tiempo apetece salir.

El sábado M y yo habíamos quedado con P y A, así que no nos vimos ya hasta las 9 de la mañana del domingo, cuando habíamos quedado en la plaza Europa. Pasamos a echar gasolina -un robo; a este paso habrá que dejar el coche en prenda-, y ya, sin más retrasos, salimos a la autovía.

Al despertarme, el cielo gris y plomizo auguraba un día como el anterior: lluvioso hasta el diluvio. La madre de las gemelas, viéndolo, incluso les sugirió que dejáramos la excursión para otro día, pero nuestra fé en Sta. Internet y Sta. Predicción meteorológica es inquebrantable, y sabíamos que el domingo iba a ser un día precioso, con sol a raudales. Aunque los primeros cuarenta kilómetros el sol se hizo de rogar, tapado por una niebla que a ratos parecía puré, cuando llegamos a Huesca ya habíamos confirmado nuestras mejores esperanzas.

C había mirado el día anterior otros pueblecitos por la zona que podíamos visitar aprovechando el desplazamiento. Uno de ellos era Coluengo, y como la señal de la carretera indicaba que estaba más lejos que Alquézar, decidimos comenzar por ahí. La carretera, llena de curvas y no muy ancha, atravesaba un paisaje verde y primaveral precioso. Quizá M, que suele marearse, no disfrutara tanto pero la verdad es que daba gusto verlo. Después supimos que G también suele marearse, así que tampoco creo que se lo pasara muy bien, especialmente porque iba detrás y las ventanillas no se pueden abrir. En fin, fuera como fuera, conseguimos ir y volver sin ningún incidente ni mareo.

Coluengo es un pueblo chiquitín, muy agradable, donde había dos cosas por todas partes: anuncios de aguardiente y perros. Según he sabido luego, lo de los anuncios de aguardiente se debe a que el pueblo destila un aguardiente muy conocido. Lo de los perros está menos claro, pero el caso es que la plaza estaba llena de perros sueltos, ladrando felices de verse. Dimos un paseíto en el que valoramos la posibilidad de hacer alguna excursión, pero preferimos dirigirnos a Alquézar. No sin antes hacer un amago de ir a la Fuente del Diablo, abortado cuando vimos el camino embarrado. ¡¡Ayyyyyy, qué "montañeras" estamos hechas!!¡¡Y encima yo con sandalias!!

Un rato más de carretera de curvas nos llevó a Alquézar, donde tuvimos que aparcar en lo alto del pueblo, desde donde la vista era preciosa. Ordenado, uniforme, ocre, y con la colegiata en la colina de enfrente, Alquézar demostraba que era un pueblo turístico y cuidado. Cuando estas lo vieron, entonces definitivamente me creí que nunca habían estado allí. Confieso que hasta entonces pensaba que se les había olvidado, o que lo habían visto hacía muchísimo tiempo.

Bajamos a la plaza del pueblo, donde multitud de terrazas nos llamaban tentándonos. Antes de caer en la tentación, entramos en la oficina de turismo donde una chica muy agradable nos confirmó que la mejor manera de ver el pueblo era callejear. Además nos dijo los horarios del museo y la colegiata. E había leído que había tres posibles excursiones desde Alquézar: una fácil de dos horas, por las pasarelas del río, otra -también fácil- de cuatro horas que llega hasta Asque y otra de seis que no sabemos dónde llega ni si es difícil. En la oficina de turismo nos dijeron donde empezaban las dos primeras, aunque nuestra intención era hacer solamente la cortita. Ahí mismo, E y yo hicimos planes para madrugar otro día, volver y hacer la de cuatro horitas, que tenía muy buena pinta. De momento, nos quedaríamos con las ganas... Mientras E y yo nos animábamos mutuamente a poner esta ruta en la lista de "por hacer", M y las demás ponían cara de circunstancias y nos guiaron hacia una mesa libre en la terraza de enfrente de la iglesia. ¿Café? De eso nada, cervecita, que ya es hora... Definitivamente, estamos hechas unas "montañeras" de pro.

Cuando sonaron las campanadas de las 12, decidimos que ya era hora de salir hacia las pasarelas. De camino, pasamos por delante de la famosa Casa Gervasio, que todo el mundo nos había recomendado como "sitio inexcusable para comer". Parece ser que el menú, fijo, es verdaderamente abundante. De ahí puedes salir rodando, vamos... Cuando pasamos por allí, vimos que la terraza era super-agradable. Buen sitio, si. Pero no era cuestión de agobiarse: había multitud de sitios para comer en la plaza, así que seguro que no nos moriríamos de hambre. Antes de empezar la excursión, nuestro instinto consumista encontró una tienda monísima al lado del ayuntamiento que no pudimos ignorar. Para colmo de males, estaba de rebajas -espero que no por liquidación- y tanto M como yo acabamos picando. Ella un collar y yo dos camisetas. ¡Y menos mal que cerraba por la tarde!

Una vez superadas las tentaciones a lo Oscar Wilde -cayendo en ellas, básicamente-, comenzamos la pequeña excursión por el río Vero. La ruta -el paseíto, como decíamos E y yo- consistía en bajar hasta el río por una senda marcada de forma que fuera imposible perderse, seguir por unas pasarelas metálicas, y subir por un camino de tierra de nuevo hasta el pueblo. Los tramos complicados tenían escaleras o rampas de madera -con rejillas metálicas para evitar tropezar-, así que pudimos disfrutar del paisaje sin ningún problema. C también quería disfrutar de los sonidos del campo, pero eso ya se lo pusimos más difícil a fuerza de hablar a gritos. Acabamos la ruta, prevista para dos horas, en menos de hora y cuarto. Y eso a pesar de encontrarnos con varios grupos de domingueros que habían tenido la misma idea que nosotras y que en ocasiones nos obligaban a pararnos o a ralentizar nuestro paso.

Cuando encontramos el punto donde el camino se juntaba con la ruta de cuatro horas, volvimos a repetirnos nuestra intención de volver a hacerla. Según E, nunca acabamos ninguna excursión; solamente las comenzamos o las planeamos. Haciendo honor a la verdad, más de alguna la hemos dejado a medias (La Roya, el ibón de Estanés,…), pero siempre por razones de fuerza mayor. También hemos acabado alguna, digámoslo todo…:-)

Mientras subíamos bajo el sol del mediodía los últimos metros de la cuesta que nos llevaba al pueblo, solamente pensábamos en la comida. Bueno, miento; más bien era la cervecita fresca que precedería a la comida lo que teníamos todas en mente.

Por acuerdo tácito, nos dirigimos directamente hacia la Casa Gervasio, en busca de una mesa en ese patio tan bonito. ¿Habría sitio? Todas estábamos deseando refrescarnos, así que llegamos en un momento, sin desvíos ni vueltas innecesarias. Cuando llegamos, en el patio había libres un par de mesas chiquititas a la sombra y una más grande al sol. Había allí una camarera, extranjera a juzgar por su acento, quien nos señaló la mesa al sol cuando le dijimos que éramos cinco. Le pedimos que fuera a la sombra, pero se encogió de hombros y nos dijo que no. Nos miramos y decidimos que iríamos dentro, entonces.

Para subir al salón, había otra puerta a unos diez metros de la entrada del patio. Al principio pensábamos que no era esa, ya que daba a un bar cerrado y oscuro sin señales de vida; pero la señora nos dijo que sí, que era exactamente esa. Confirmado ese punto, y ya en la escalera, propuse en voz alta lo que todas estábamos pensando: ¿por qué no nos vamos a alguno de los sitios de la plaza a comer al aire libre? El día era precioso y ninguna parecíamos demasiado convencidas de comer dentro. Y menos las que iban las primeras, que al abrir la puerta habían podido vislumbrar un salón sombrío donde no había nadie comiendo.

Sin decir nada, nos dirigimos a la plaza mientras oíamos a la señora extranjera llamarnos a gritos. Lo siento, pero comer dentro con el día tan bonito que hacía, era verdaderamente un desperdicio.

Tampoco había mucha duda: a las gemelas les habían recomendado uno de los restaurantes de la plaza, que tenía sitio en la parte de fuera y cuyo menú, amplio, sonaba realmente apetitoso, así que no nos lo pensamos mucho. Directamente allí.

Comimos divinamente, con una vista impresionante sobre la Colegiata y el centro del pueblo. Además, varios gatos y un par de cabras nos terminaron de amenizar la comida, que empezó, ¡cómo no!, con la cervecita fresca que esperábamos desde el comienzo.

Dos horas más tarde, una vez acabada la comida, nos dirigimos a visitar la Colegiata, que abría a las 4,30. ¿Qué mejor que una pequeña subida para bajar la comida? Cuando llegamos, la colegiata tenía la puerta cerrada pero se oía a gente dentro, así que, sin preocuparnos lo más mínimo, nos sentamos a esperar que abrieran.

Debimos de ser poco discretas, porque al poco rato una señora con un extraño peinado abrió la puerta y nos preguntó si íbamos a entrar. Aunque no habíamos escuchado la explicación de la primera planta, tampoco nos perdimos tanto. La señora hablaba en un tono monocorde que dormía a las piedras, así que nos dedicamos a disfrutar del sitio mientras extraíamos algo de información de la perorata de la señora. Claro que gracias a esta señora C acabó apreciando a la guía –yo- que habían “contratado”. Durante todo el día llevábamos la chufla de ¿dónde hemos contratado a esta guía?¡¡My group!!¿La hemos sacado de “guías-largo-tiempo-en-paro.com”? Me daréis buena propina. ¿No le pagaremos más de cinco euros, verdad? Elena alegaba haberme contratado en “el rincón del vago”, mientras que yo “sufría” a la clientela que había encontrado en “buenas acciones.com”. En realidad, la tontería nos dio para reírnos prácticamente todo el día… ¡¡Y lo que va a durar!! :-)

Hay que destacar que el vestuario de todas era adecuado al tipo de excursión, aunque el calzado podía mejorar. Así, todas conseguimos un notable en “adecuación de vestuario”; yo tenía un punto negativo por las sandalias de la mañana, por cierto. Las gemelas habían descubierto que la entrada a Narnia estaba en su armario, y nos lo demostraron poniéndose uno de los chándales que habían encontrado en la exploración. Además del chándal rosa (no, no era coral) de C, habían encontrado tres más en el armario. Bueno, tres chándales, cuatro alpargatas, no sé cuantos vestidos… En fin, que en cuanto encontremos al león, tenemos la representación del primer libro de Narnia (la bruja, el león y el armario…jejeje).

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