Fauna de autobús
¿Autobús?¿coche?¿coche?¿autobús? Tras mucho pensarlo, hoy he venido a Jaca en autobús. El coche es mucho más cómodo, pero me he dejado embaucar por mi hermana, quien cree que es muuuuucho más seguro el autobús. Especialmente para venir sola.
En realidad, quizá sea más barato, pero más seguro, lo dudo. Seguro que hay menos accidentes, pero ha subido exponencialmente la probabilidad de morir de aburrimiento -¡¡dos horas y media, por Dios, que solamente son 140 km.!!- o de neumonía -a menos que el conductor llevase helados en la guantera, la temperatura polar que hemos sufrido era inexplicable-.
Además de batallar contra las temperaturas polares, he podido añadir algunos ejemplares más a mi colección particular de fauna "autobusera":
- El roncador enmascarado - Un clásico del transporte urbano por carretera. Suele ser inmune a cualquier chasquido que se haga para que se calle.
- El que se descalza en cuanto entra - Y por supuesto, expande el olor a queso cabrales por todo el autobús. En algunos viajes, el conductor anuncia que está prohibido, pero como si no. Normalmente los elementos que lo practican no entienden español o no quieren entenderlo en ese momento.
- El panchito que hace de tu viaje un culebrón - Suele ser panchito pero hay algunas adolescentes que consiguen lo mismo, contándole al amigo/amiga de al lado su vida en tecnicolor. Eso si, lo hacen lo suficientemente alto como para que ningún pasajero se pierda un solo detalle. Una versión extendida es la del que usa el teléfono a voz en grito, inmune a las caras de odio del resto de los pasajeros. Eso si, suelen hacerlo en la hora de la siesta o en los viajes nocturnos.
- El que no se ha duchado en varias semanas - Esta especie en verano es letal, provocando mareos y cuasi desmayos. El problema es que no hay escapatoria, al menos hasta que la saturación olfativa consigue que no lo notes...
- El pasajero de al lado que abre las piernas como si los dos asientos fueran suyos. Suelen ser hombres, que, supongo, creen que tienen algo en medio tan grande como para abrirse de piernas con esa extensión. Pues no, señores, por mucho que lo crean, SEGURO que no es para tanto. Todos tenemos derecho a nuestro espacio.
- El jugador de móvil - Por supuesto, con los soniditos de las teclas activados y a todo volumen. Una variante es el que se dedica a buscar la mejor melodía para su móvil... ¡¡probándolas todas, claro!!
- El que come algo, normalmente oloroso y penetrante, que te deja mareado o muerto de hambre, según lo que sea.
- El generoso - No le basta escuchar música, no; quiere compartirla, y, a pesar de llevar auriculares, el resto del pasaje puede escuchar ciertas frecuencias desagradables sin que haya posibilidad de escapatoria. Lo mejor de este es que en el futuro recibirá su castigo quedándose sordo sin remedio.
Éstos son los habituales, pero este viaje he añadido uno más a la lista:
- El canturreador - Medio viaje tatareando la misma música en el asiento de atrás... Aggggggggggggg, si la hubiera matado, nadie me habría culpado.
En realidad, quizá sea más barato, pero más seguro, lo dudo. Seguro que hay menos accidentes, pero ha subido exponencialmente la probabilidad de morir de aburrimiento -¡¡dos horas y media, por Dios, que solamente son 140 km.!!- o de neumonía -a menos que el conductor llevase helados en la guantera, la temperatura polar que hemos sufrido era inexplicable-.
Además de batallar contra las temperaturas polares, he podido añadir algunos ejemplares más a mi colección particular de fauna "autobusera":
- El roncador enmascarado - Un clásico del transporte urbano por carretera. Suele ser inmune a cualquier chasquido que se haga para que se calle.
- El que se descalza en cuanto entra - Y por supuesto, expande el olor a queso cabrales por todo el autobús. En algunos viajes, el conductor anuncia que está prohibido, pero como si no. Normalmente los elementos que lo practican no entienden español o no quieren entenderlo en ese momento.
- El panchito que hace de tu viaje un culebrón - Suele ser panchito pero hay algunas adolescentes que consiguen lo mismo, contándole al amigo/amiga de al lado su vida en tecnicolor. Eso si, lo hacen lo suficientemente alto como para que ningún pasajero se pierda un solo detalle. Una versión extendida es la del que usa el teléfono a voz en grito, inmune a las caras de odio del resto de los pasajeros. Eso si, suelen hacerlo en la hora de la siesta o en los viajes nocturnos.
- El que no se ha duchado en varias semanas - Esta especie en verano es letal, provocando mareos y cuasi desmayos. El problema es que no hay escapatoria, al menos hasta que la saturación olfativa consigue que no lo notes...
- El pasajero de al lado que abre las piernas como si los dos asientos fueran suyos. Suelen ser hombres, que, supongo, creen que tienen algo en medio tan grande como para abrirse de piernas con esa extensión. Pues no, señores, por mucho que lo crean, SEGURO que no es para tanto. Todos tenemos derecho a nuestro espacio.
- El jugador de móvil - Por supuesto, con los soniditos de las teclas activados y a todo volumen. Una variante es el que se dedica a buscar la mejor melodía para su móvil... ¡¡probándolas todas, claro!!
- El que come algo, normalmente oloroso y penetrante, que te deja mareado o muerto de hambre, según lo que sea.
- El generoso - No le basta escuchar música, no; quiere compartirla, y, a pesar de llevar auriculares, el resto del pasaje puede escuchar ciertas frecuencias desagradables sin que haya posibilidad de escapatoria. Lo mejor de este es que en el futuro recibirá su castigo quedándose sordo sin remedio.
Éstos son los habituales, pero este viaje he añadido uno más a la lista:
- El canturreador - Medio viaje tatareando la misma música en el asiento de atrás... Aggggggggggggg, si la hubiera matado, nadie me habría culpado.
