Cambiando los planes
Cualquier que me conozca sabe que paso bastante mono de monte, así que haber conseguido planificar una excursión del estilo con mis amigas, las cuales sólo son montañeras "de boquilla", me hacía mucha ilusión. También es cierto que soy idiota, porque conociéndolas sabía que era
difícil que no cambiaran de opinión. En el último segundo, claro.
Ayer les pregunté si las cosas seguían en pie. Los disgustos, cuanto antes, mejor. Y efectivamente, acabo de recibir la confirmación de mis temores: a la porra el fin de semana. Pero claro, si no pregunto yo, puedo esperar sentada a que me digan nada. ¡Hatajo de cobardes!
En cuanto se me pase el disgusto me buscaré la vida, y de paso plan alternativo para este fin de semana. Si, estoy dolida. Y es que, por mucho que sepas que la gente es poco de fiar, sigue doliendo cuando lo confirmas.
Siendo justa, si no me hubiera hecho tantas ilusiones, no me habría decepcionado tanto.
