Dia a dia

Cuaderno de campo de un paseo por mi vida, día a día.

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Lugar: Zaragoza, Spain

lunes, junio 27, 2011

Querer y no poder

No es un secreto que no me gusta Barcelona. La veo una ciudad hostil, incómoda e ineficiente, además del "pequeño detalle" añadido del idioma: si su objetivo es hacer que te sientas extranjero, misión cumplida. Lo han conseguido. Y cada vez más.

Cuando paso por allí, es casi siempre por obligación. Algún vuelo, alguna conexión... Y ayer me vi en una de esas. En Madrid había puente, y la única forma de conseguir un billete que no implicase ceder un riñón en pago era ir por Barcelona. A fuerza ahorcan.

El viernes hice la conexión tren-aeropuerto sin problemas. Era la terminal dos, así que además me ahorré el paseíto en lanzadera a la terminal nueva que alarga el trayecto sus buenos 15 minutos. No está mal, no... Para querer ser el segundo aeropuerto de España, siguen un camino algo extraño, pero allá ellos. La crisis también ha llegado al aeropuerto, porque no había aire acondicionado en todo el vestíbulo. En peores garitas he hecho guardia, así que esperé la larga fila de facturación estoicamente de pie -tampoco había ni un asiento- con un calor criminal, cagándome en los responsables del aeropuerto.

Ayer no tuve "tanta" suerte. Nada más aterrizar me fui disparada a la estación de cercanías, pero el tren tardó más de veinte minutos. Las comparaciones quizá sean odiosas, pero hay que hacer notar que en Madrid la frecuencia no llega a 15 minutos. ¡¡Y el metro llega también a la terminal nueva!! El tren iba lleno -como de costumbre- y circulaba con calma -incluso nos tuvo parados en una estación intermedia unos minutos. Al comprar el billete del autobús me había dado margen suficiente para aguantar un retraso del avión, pero nunca se me ocurrió pensar que el problema lo tendría en las cercanías.

Soy una mujer viajada, y jamás pensé que me vería tan perdida en una estación. El caso era simple: tenía que cambiar de tren, cogiendo el 1,el 3 o el 5. Y en teoría, si no les da por poner pegas, la gente habla el mismo idioma. Hasta ahí bien. Pero sólo hasta ahí.

De repente me vi fuera de la zona de las vías, aún no sé cómo. Mi gran duda era que tren coger así que ya me preocuparía luego de entrar sin pagar un segundo billete. En las pantallas donde se anuncian las salidas de los trenes no aparecían los números de las líneas, y para postre los destinos anunciados no coincidían con los finales de línea indicados en los planos.

Ya que estaba fuera, me acerqué al mostrador de información que, por supuesto, estaba cerrado. No había nadie de la renfe a quien preguntar así que volví a entrar en la zona de vías, buscando a alguien que me indicara. En vano.

NADIE sabía nada. Pregunté a varias personas sin resultados, hasta que, finalmente, vi a un guardia de seguridad quien me indicó qué vía era. ¡¡Finalmente!! No era la única despistada, porque la gente subía al tren preguntando por distintos destinos, también sin recibir respuesta.

Un chaval me confirmó que había subido en el tren correcto, y aunque lentamente, llegué a mi destino. Por supuesto, la puerta principal de la estación estaba cerrada y tuve que bajar por el patio donde llegaban los autobuses... lo que me dejó sin tiempo para pasar por taquilla a cambiar el billete... la guinda, vamos. Había tardado exactamente hora y media en llegar.

¡¡Cómo para ir con prisa!!

En fin, siempre nos quedará Madrid...

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martes, junio 14, 2011

Siempre hay un roto para un descosido

Esta mañana escuchaba como una compañera le contaba a otros compañeros algunas historias "divertidas" del comienzo de su matrimonio. Digo divertidas porque los tres se estaban riendo de forma ostentosa, y claro, entre las risas y el volumen de voz que utilizaban, lo extraño hubiera sido abstraerse y no escuchar. Cosas de los espacios de trabajo modernos...

A lo que iba. Mi compañera comentaba cómo el día siguiente a su boda cenaron con sus suegros... ¡¡porque el marido tenía que coger un pijama!! Y así varias más... Quizá escrito no parezca tan terrible como me ha sonado a mí, pero confieso que la sucesión de anécdotas me ha dejado pensando que yo no estoy hecha para el matrimonio... No hubiera aguantado ni la mitad (y mucho menos lo hubiera contado despues a nadie).

viernes, junio 10, 2011

Pedicura con pececitos

Hace ya mucho tiempo que quería probarlo, y finalmente ha sido hoy el día.

Había leído sobre el tema, y también sabía que en ZgZ había un sitio donde ofrecían el servicio de pedicura con pececitos, pero no había mirado mucho más. Hasta que me llegó la promoción de letsbonus que me permitía probarlo por un precio razonable.

Y ya que vamos, lo hacemos en lote: mi madre, mi hermana y yo. Con nenas, claro. Los peces son diminutos, de entre dos y siete centímetros; vienen de Turquía -donde viven en manantiales de agua caliente- y los tienen en tanques de agua templada. Tras lavarnos los pies, mi madre y yo los hemos metido quince minutos en sendos tanques llenos de pececitos.

Pensaba que daría cosquillas, pero no; la sensación es más parecida a las burbujas sobre la piel. La señorita que estaba allí nos ha dicho que depende de cada persona, pero en mi caso puedo decir que es super agradable.

Mientras los peces comían, Sofía los miraba sorprendida. Nos habían pedido que no pasara cerca de los tanques, y que no corriera cerca, porque los peces se distraen y se dispersan. Es fácil de decir, pero la renacuaja tiene dos años y una vitalidad sorprendente, y claro, más de una vez y más de dos ha habido que decirle que se estuviera quieta. Mi hermana le sugería ir a los columpios, pero nanay. Lo de los pececitos era mucho más interesante, está claro.

Cuando hemos acabado, he estado de acuerdo con mi madre en que 15 minutos son pocos...¡¡Y es que con nosotras aún podían haber comido bastante más!!

Nota: Mi hermana tiene una rozadura abierta, así que ella irá la próxima semana. ¡Sola y sin niñas!

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