Querer y no poder
Cuando paso por allí, es casi siempre por obligación. Algún vuelo, alguna conexión... Y ayer me vi en una de esas. En Madrid había puente, y la única forma de conseguir un billete que no implicase ceder un riñón en pago era ir por Barcelona. A fuerza ahorcan.
El viernes hice la conexión tren-aeropuerto sin problemas. Era la terminal dos, así que además me ahorré el paseíto en lanzadera a la terminal nueva que alarga el trayecto sus buenos 15 minutos. No está mal, no... Para querer ser el segundo aeropuerto de España, siguen un camino algo extraño, pero allá ellos. La crisis también ha llegado al aeropuerto, porque no había aire acondicionado en todo el vestíbulo. En peores garitas he hecho guardia, así que esperé la larga fila de facturación estoicamente de pie -tampoco había ni un asiento- con un calor criminal, cagándome en los responsables del aeropuerto.
Ayer no tuve "tanta" suerte. Nada más aterrizar me fui disparada a la estación de cercanías, pero el tren tardó más de veinte minutos. Las comparaciones quizá sean odiosas, pero hay que hacer notar que en Madrid la frecuencia no llega a 15 minutos. ¡¡Y el metro llega también a la terminal nueva!! El tren iba lleno -como de costumbre- y circulaba con calma -incluso nos tuvo parados en una estación intermedia unos minutos. Al comprar el billete del autobús me había dado margen suficiente para aguantar un retraso del avión, pero nunca se me ocurrió pensar que el problema lo tendría en las cercanías.
Soy una mujer viajada, y jamás pensé que me vería tan perdida en una estación. El caso era simple: tenía que cambiar de tren, cogiendo el 1,el 3 o el 5. Y en teoría, si no les da por poner pegas, la gente habla el mismo idioma. Hasta ahí bien. Pero sólo hasta ahí.
De repente me vi fuera de la zona de las vías, aún no sé cómo. Mi gran duda era que tren coger así que ya me preocuparía luego de entrar sin pagar un segundo billete. En las pantallas donde se anuncian las salidas de los trenes no aparecían los números de las líneas, y para postre los destinos anunciados no coincidían con los finales de línea indicados en los planos.
Ya que estaba fuera, me acerqué al mostrador de información que, por supuesto, estaba cerrado. No había nadie de la renfe a quien preguntar así que volví a entrar en la zona de vías, buscando a alguien que me indicara. En vano.
NADIE sabía nada. Pregunté a varias personas sin resultados, hasta que, finalmente, vi a un guardia de seguridad quien me indicó qué vía era. ¡¡Finalmente!! No era la única despistada, porque la gente subía al tren preguntando por distintos destinos, también sin recibir respuesta.
Un chaval me confirmó que había subido en el tren correcto, y aunque lentamente, llegué a mi destino. Por supuesto, la puerta principal de la estación estaba cerrada y tuve que bajar por el patio donde llegaban los autobuses... lo que me dejó sin tiempo para pasar por taquilla a cambiar el billete... la guinda, vamos. Había tardado exactamente hora y media en llegar.
¡¡Cómo para ir con prisa!!
En fin, siempre nos quedará Madrid...
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