Destrozada
Y es que la semana pasada fue de las que agotan (y ya no tengo dieciocho años, que también se hace notar :-)).
Primero me entró la alegría de ser mujer, que se llevó un montón de energía -¡¡qué se le va a hacer!!-. El viernes, trabajo, gimnasio y para poner el broche, la boda de una amiga. Se casó por el juzgado por la mañana y nos invitó a celebrarlo por la noche. Fue divertido y al final no sabía si saldría del restaurante rodando o haciendo eses...
El sábado vinieron unas amigas de Madrid a pasar el fin de semana -simplemente genial. ¡qué bueno es tener amigos así- y, claro está, no paramos en casa.
Cuando el domingo por la tarde me quedé sola, no pude hacer otra cosa que tirarme en plancha al sofá. Y dar plantón a mi pobre hermana, de paso. Me olvidé de nuestra cita, nena.
Y hoy estoy que no me tengo.
Primero me entró la alegría de ser mujer, que se llevó un montón de energía -¡¡qué se le va a hacer!!-. El viernes, trabajo, gimnasio y para poner el broche, la boda de una amiga. Se casó por el juzgado por la mañana y nos invitó a celebrarlo por la noche. Fue divertido y al final no sabía si saldría del restaurante rodando o haciendo eses...
El sábado vinieron unas amigas de Madrid a pasar el fin de semana -simplemente genial. ¡qué bueno es tener amigos así- y, claro está, no paramos en casa.
Cuando el domingo por la tarde me quedé sola, no pude hacer otra cosa que tirarme en plancha al sofá. Y dar plantón a mi pobre hermana, de paso. Me olvidé de nuestra cita, nena.
Y hoy estoy que no me tengo.
