Hoy, por quinta o sexta vez en menos de una semana, he utilizado el tren y me he visto obligada a "disfrutar" de esa mole terrible y disfuncional que es la estación de Delicias de Zaragoza.
Después de una millonada, les ha quedado una mole fea y terrible en la que te congelas en invierno y te asas en verano. Sin opciones. Han puesto unos calefactores en los andenes que apenas consiguen el efecto tostadora (te haces por un lado pero el resto queda frio). Y, encima, no funcionan todo el año. Ayer sin ir más lejos alguien decidió que el frio no era suficiente para ponerlos en marcha.
Como en la justicia humana -y en la española- no confío, solo me queda esperar que el inepto sin gusto que diseño tamaño engendro tenga que coger el tren varias veces al día durante años.
Eso si, seguro que con lo que ganó le da para pagar las aspirinas...