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Lugar: Zaragoza, Spain

martes, diciembre 30, 2025

Exposiciones (II): “Eduardo Chillida. Soñar el espacio”

Desde el Palacio de Sástago, hemos bajado a La Lonja a visitar la exposición de Chillida -ésta ha sido organizada por la Fundación Ibercaja-. Fue Anamari la que me comentó que estaba esta exposición, y, aunque no me gusta mucho este escultor, cuando me dijo que eran cuadros y dibujos decidí darle una oportunidad.

La muestra reúne un total de 120 piezas del artista vasco, entre esculturas, obra gráfica, dibujos y retratos; algunas de ellas, de las más relevantes realizadas a lo largo de su trayectoria artística.

Tras visitarla, de nuevo sin multitudes, debo de decir que me reafirmo en mis opiniones anteriores: no me gusta. Los dibujos y los “collages” mostrados son (o al menos parecen) bocetos de sus esculturas, sin aportar mucho más. No digo que hacer eso sea fácil, pero yo espero de una escultura que me diga algo, o al menos que me provoque placer estético. Me temo que ni una cosa ni la otra.

Tras la exposición, hemos ido a ver los belenes del Arzobispado y del Mercado central, y con eso -y una cerveza- hemos dada por acabada la mañana.

El texto del ayuntamiento publicitando la exposición:

La exposición es una oportunidad única para admirar, desde la capital aragonesa, el conjunto de las obras más importantes a lo largo de toda la trayectoria del artista vasco, uno de los escultores más relevantes del siglo XX.

Diálogo entre esculturas y espectador-espacio

El recorrido por las diferentes esculturas se compone de piezas de pequeño formato que permiten una relación más directa y sutil con el propio espectador. Están realizadas en materiales como el yeso, el alabastro, la madera, el hierro forjado, el hormigón armado o la tierra chamota, como el caso de sus famosas Lurrak, bloques compactos y macizos de arcilla que Chillida apenas manipulaba y con unas tonalidades diferentes según el tiempo que permanecían en el horno de leña.

Por otra parte, las esculturas de gran formato (hasta casi 2 metros de altura) dialogan con el espacio y con el entorno. En estas piezas, Chillida buscaba explorar la luz y el espacio, unidos a las tensiones y oquedades que generan los diferentes materiales con los que están realizadas. En este caso, estos adquieren una gran importancia, ya que son capaces de hablar por sí mismos y generar esa sensación de espectacularidad. Ejemplo de ello son Iru burni III o Consejo al espacio VI, realizadas en acero corten y Harri V o Relieve, en granito. Junto con ellas, cabe destacar la singularidad de la serie Lo profundo es el aire, inspirada en un poema de Jorge Guillén, con quien le unía una gran amistad.

La obra gráfica de Chillida, la parte esencial de su pensamiento

Además de las esculturas exhibidas, un elemento muy importante y que caracteriza a esta exposición es la obra gráfica que se reúne del artista. Se trata de la parte esencial de su pensamiento plástico y es, a su vez, fundamental para entender el trabajo de Chillida. En este caso, y a diferencia de otros creadores, no se trata de obras preparatorias, ya que tienen una singularidad y una autonomía completamente propias. Entre los ejemplos que se pueden encontrar en la muestra: Boceto para la plaza de los Fueros de Vitoria o Jaula de libertad.

La exposición también reúne parte de sus geométricos dibujos o grabados realizados en tinta, carbón o sanguina y que se encuentran muy en la línea de las propias esculturas, junto con otros que representan sus propias manos abiertas o entrelazadas que parecen querer captar el volumen y el espacio, y la energía del trabajo que realizan. La parte más figurativa son sus retratos, profundos y expresivos, que representan a su mujer e hijos, junto a algunos autorretratos.

Sumados a estas piezas, Soñar el espacio reúne collages (con papeles rasgados y cortados) y la serie Gravitaciones blancas y a tinta, realizada a partir de 1985. Se trata de producciones muy interesantes y vinculadas a las esculturas, al generar una tercera dimensión a través de los recortes que las componen.

Eduardo Chillida

Eduardo Chillida (1924-2002) fue un escultor vasco reconocido internacionalmente por su exploración del espacio, la materia y la forma. Nacido en San Sebastián, desarrolló una obra profundamente enraizada en su tierra natal, trabajando con materiales como el hierro, el acero, la piedra y el hormigón. Su lenguaje escultórico, caracterizado por la fuerza y la espiritualidad, le valió un lugar destacado en el arte del siglo XX. Chillida es autor de piezas emblemáticas como El Peine del Viento y su legado perdura en el museo Chillida Leku, dedicado íntegramente a su obra y pensamiento.

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