A última hora
F. me propuso pasar la noche en su casa, pero, a pesar de pensarmelo mucho, me di cuenta hace tiempo de que no llegaba a hacer todo lo que me quedaba pendiente antes de esta tarde.
Si esa soy yo: siempre a última hora. Tras una semana acelerada, haciendo la lista de la maleta, haciendo que buscaran las guías, comprando la ropa interior (*), la loción antimosquitos, la crema de sol, los dólares, la funda de la cámara, buscando unos pantalones desmontables que me quedaran bien (misión imposible; seguiré haciendo el fantoche por esos mundos de Dios), visitando a mi sobrina, yendo al gimnasio, trabajando..., aún me quedan quince mil cosas que hacer esta tarde.
Como dice A., no le extraña que esté acelerada. Pero bueno, esta tarde, después de ver a MP, a mi sobrina, ayudar a mi cuñado con el futón, ordenar la casa, recopilar varias cosas de casa de mis padres, hacer la maleta, programar el video y llamar al taxi, por fin podré descansar.
Uffffffffff, ¡¡qué ganas tengo ya de vacaciones!!
(*) Desde hace unos años me voy a los viajes largos con bragas de los chinos, para usarlas y tirarlas. Mucho más cómodas y baratas que las de papel.
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