Con el tema del hombro, duermo
fatal, pero mirándolo por el lado bueno, esto ayuda a levantarse temprano sin demasiado
remoloneo. Hoy me ha ido bien, porque hoy tenía un día completito dentro de un
fin de semana ya completo y tenía que levantarme pronto.
Se ha pegado toda la noche
lloviendo, y cuando me he levantado, seguía cayendo toda el agua que no caído
en todo el mes. Definitivamente es uno de esos días perfectos para quedarse en
casa… ¡lástima!
Tras quitar las sábanas y tomarme
un café en casa, he ido a votar armada de un paraguas y un chubasquero. Hacía
fresquito y aunque había más gente por la calle que lo que esperaba, la mesa de
votaciones estaba vacía, así que he podido votar en un momento.
De ahí me he reunido con mis
padres para tomar un café antes de coger el autobús hacia el Teatro de las
esquinas. Vega participaba hoy en la obra final de su clase de teatro y
esperaba que fuéramos -le gusta que vayamos, especialmente porque no tiene
familia aquí que pueda acompañarla en estas cosas-. Para postre, Tere no podía
venir -le ha tocado mesa electoral- y nadie más del trabajo se ha animado, así
que hoy soy el apoyo de Vega (*).
He llegado con tiempo y tras
comprar la entrada -5€ me parece caro para una obra de fin de curso, por
cierto- me he puesto en la fila, ya bastante larga, para entrar. Hay más gente
de la que esperaba…(**) pero pese a todo consigo un asiento céntrico; incluso
tengo un asiento libre al lado para el bolso y el paraguas😊.
La obra es una adaptación de la
película de José Luís Cuerda “Amanece que no es poco”, una joyita del humor
absurdo que a mí me encanta. Y menos mal, porque la obra - titulada “Amanece,
que ya es mucho” para que no haya dudas-, hubiera sido ininteligible sin
conocer la película. Como adaptación que es, hay trozos que echo de menos -el
hombre en el bancal, por ejemplo- y un par de añadidos -roturas de la cuarta
pared- que no me hacen ni pizca de gracia.
La verdad es que no lo hacen mal,
para ser aficionados. Vega me había dicho que estaban bastante mal -les
faltaban horas de ensayo, decía- pero yo no lo he visto tan mal. Y sí, hay
momentos mejorables -en un momento dado, por ejemplo, no sale nadie a escena
porque uno de los actores se ha confundido(***)- pero no es para tanto. Además,
después de la obra de la ELA a la que fui con mi hermana, es complicado que
algo esté peor; el listón estaba muy bajo, la verdad.
Lo que sí es cierto es que, tras
verlo, me apetece volver a ver la película. Y otra certeza es que, aunque la
obra tenía una duración prevista de una hora, una serie de retrasos hace que no
sea hasta la 1,35 cuando me “escapo” del teatro, con los actores todavía
saludando y el resto del público aplaudiendo.
Marta y Olga celebraban hoy su
cumpleaños -una de esas celebraciones extrañas de las que se ríe mi prima- y
habíamos quedado a la 1,30 en el centro. En principio, si hubiera acabado a la
1, llegaba; pero, con las horas a las que he salido, está claro que llegaba
tarde.
Encima, al autobús le faltaban
aún diez minutos, y no había forma de encontrar un taxi. Y sí, justo cuando va
a llegar el autobús, es cuando pasa un taxi, que cojo.
Bastante más lento de lo que
creía, el taxi me deja al lado del bar donde están mis amigas con tiempo de
tomarme la cerveza. Según me dicen las gemelas, me esperaban directamente a
comer. Y si lo miramos bien, realmente es lo que tenía que haber hecho: me ha
costado 9€ llegar a que me invitaran a una cerveza de 2€. Pero bueno, no todo
es el dinero.
A las 2,30 tenemos reserva para
comer. Ya hemos estado otras veces en este restaurante, donde se come bien y la
cantidad es abundante. De hecho, las gemelas -Elena especialmente- se queja de
la cantidad, pero honestamente, a mí no me parece tan excesiva, pero claro, yo
soy de las comedoras. Si no quieres tanto, te lo dejas; Lo que no puedes hacer
es pretender que todo el mundo coma como un pajarito.
Directamente desde el principio
nos ponen dos botellas de vino, de forma que no tendremos el “problema” de
siempre; esto es, cuando se acaba la primera -¡una botella entre 7!- no quieren
pedir otra, sea por dinero o por lo que sea.
Tras la comida, nos acercamos a
una coctelería… a tomar granizados de café con licor. Allí estamos un buen rato
antes de que se hacen las siete y volvamos a casa. Reconozco que esperaba que,
siendo dos, también nos invitaran a “la copa”, pero no, cada una nos pagamos lo
nuestro.
Esta es una de las razones por
las que a mi prima le hacen gracias estas “celebraciones de cumpleaños”.
Consisten en comer/cenar juntas y las homenajeadas pagan una cerveza -entre
todas, porque normalmente lo hacen entre varias-. No debería quejarme porque
normalmente ya no lo celebro así; me coincide con el Pilar y octubre es una
fecha horrible para juntarse. Me basta con invitarles a una cerveza cuando las
veo (además, la única que tiene el cumpleaños “cerca” es Marina, y ella todavía
tiene menos ganas que yo de juntarse).
Con todo, a las 7 estoy en casa,
sin ganas de hacer todo lo que tengo que hacer tras haberme pegado el día fuera.
(*) Luego me enteraré de que han
ido Santi y otros amigos suyos, de lo que me alegro.
(**) También me enteraré de que
uno de los actores, empresario, ha comprado ochenta entradas, supongo que para
repartir.
(***) de esto me enteraré también
luego, cuando Vega me lo cuenta. La verdad es que me entero de muchas cosas a
los pocos días…
Etiquetas: Actividades culturales varias, Amigos de aquí más que de allá