Haciendo el cabra por la peña Oroel
No fue tan relajada porque la "suave" pendiente de la que hablaba la guía se las traía. Subimos por esa "suave pendiente" (¡ja!) hasta una cueva a mitad de camino, justo donde desaparecía "el sendero bien marcado". De allí hasta el destino acabamos subiendo campo a través evitando los espinos y envidiando a mi hermana, que llevaba vaqueros y no había pincho que la alcanzase :-). El destino era la cruz de la la peña Oroel, así que al menos veíamos donde íbamos a acabar, aunque se hizo eterno. No había marcha atrás, en cualquier caso.
Despues de comer, cogimos el camino para bajar, y , como teníamos tantas ganas de camino, cogimos el más obvio, sin pensar que al menos había dos. Con la ley de Murphy, era fácil de deducir lo que pasó: llegamos a un sitio totalmente diferente del punto de partida; Habíamos bajado por el camino que dejaba en el lado contrario.
La bajada había sido horrible (en la guía la marcaba como fuerte desnivel) y ninguno tenía ganas de subir y volver a bajar por el otro lado. De hecho, cuando nos vimos en el mirador donde comenzaba decidimos que iba a volver a subir Rita la Cantaora. Estábamos destrozados y
teníamos dos opciones: ir por la carretera un buen trecho (no tan llana) o conseguir que alguien llevase a los conductores para que nos viniesen a buscar al resto.
Mi hermana convenció a un señor encantador que llevó a Ger y al otro chico a la pista de comienzo, y otro chaval les recogió para llevarlos hasta los coches. El resto nos dedicamos a vegetar sobre la hierba, uno de los mejores momentos del día, hasta que los otros dos vinieron y nos fuimos todos a Jaca para tomar una cerveza fría. ¡¡Llevábamos dos horas suspirando por ella!!
En fin, un día majo con aventura incluida. Cuatro horitas andando y unas agujetas del tamaño de melones, además.
Etiquetas: De excursión
