Cuando mi hermana se quedó embarazada de Sofía, yo empecé a escribir una bitácora sobre la chiquitina que he seguido hasta hoy, el mismo día que ella cumple 22 meses. En ella he incluído algunos momentos tiernos, algunos divertidos y otros que, vaya usted a saber por qué, me llamaron la atención en aquel momento, pero, salvo algunas excepciones, siempre la he escrito como si el autor fuera alguno de los dos orgullosos padres. Además, ellos están siempre al tanto de lo que escribo puesto que reciben un mail automáticamente cada vez que algo se publica.
Pues bien, se acabó. Estoy harta. Yo lo escribo para mí, pero ellos, que la leen, ni siquiera lo agradecen. Se que les gusta, y de hecho mi hermana me llama a veces para decir "tienes que apuntar esto, o aquello, o lo de más allá", pero se acabó. Voy a seguir escribiéndola, pero para mí sola; por mí. Y además poniéndome yo en primera persona, sin imposturas. Ya llevaba un tiempo pensándolo, pero este fin de semana ha sido el detonante. Después de preguntar por activa y por pasiva que tal fue su primer día de guardería consiguiendo algunos datos, tuve que escuchar los detalles completos cuando mi hermana se los contaba a unos amigos. Y sí, me había contado cosas, pero no con el detalle con el que se lo contó a sus amigos. Se acabó, nena, si quieres que alguien escriba estas cosas, te las escribes tú.
Quizá cuando mi sobrina crezca se la enseñe (al fin y al cabo rezuma amor y cariño por cada letra); es tu tata quien lo hizo, mi amor...
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