De procesión con mis nenas
Llegar desde el Ebro hasta la plaza ha sido complicado, especialmente porque todo el mundo ya había tomado posiciones para el paso de la procesión, y avanzar contra corriente siempre es difícil, pero cuando la corriente implica sortear a riadas de gente, aún más.
Mi sobrinita estaba feliz, en el escaparate de una tienda, esperando a su tía (tatatata en su idioma) mientras su mamá la miraba embelesada...La procesión se hacía de rogar, pero el escaparate era un buen sitio para esperarla. Sofía jugaba a bajar del escaparate y a saltar, sentándose en el escalón que separa la tienda de la calle (¡¡le vuelven loca!!¡¡Quiere sentarse en todos!!) e intentando que su tía hiciera lo mismo...
Tras un rato así, la precesión no llegaba y hemos decidido acercarnos un poco más hacia la iglesia de donde salía. Desde allí hemos empezado a ver salir a los cofrades, y la chiquitaja ha decidido que en brazos se estaba mucho mejor. No ha querido subirse en mis hombros -más bien se ha
tirado en cuanto se ha visto allí- pero ha decidido que quería estar en brazos. De mamá. De la tata. De mamá. De la tata....Así durante un buen rato, hasta que han salido los tambores y su prioridad ha sido mover los brazos como si ella tuviera un tambor.
Una monería, la verdad...he disfrutado muchísimo con mi chiquitaja...Mi hermana me ha dicho que la van a llevar a más procesiones así que ya veremos...¡quizá tengamos aquí una futura cofrade!
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