Diferencias
Hasta ahora había sido mi pobre padre, un santo varón, quien había ido a todas en mi lugar, pero esta vez decidí ir yo y empezar a asumir todas mis responsabilidades de propietaria. Bueno, de inquilina de un piso que el banco amablemente me cede, porque es más suyo que mío.
Lo primero que vi es que el administrador es un zoquete que ha llegado allí por herencia. Su madre era la administradora hasta el año pasado, cuando se jubiló, y su niño ha asumido las tareas sin más planteamiento. Mi padre dice que es tierno; yo pienso que no se entera de por donde le da el aire. Y encima está a la defensiva todo el rato: cualquier comentario se lo toma como un ataque.
También vi que hay gente que se aburre en casa. ¡Qué manera de perder el tiempo en cosas inútiles! Lo mejor fue ver qué potentados comparten la comunidad conmigo: la preocupación de la mayoría no era la subida de la cuota, sino la imposibilidad de subírsela en igual manera a sus
inquilinos. Cosas de ricos, supongo.
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