Una de las que viene con el calor, el buen tiempo y el cambio de ropa de temporada. Indefectiblemente. Todos los años lo mismo. Sin piedad.
En esta ciudad en la que vivo, donde hay nueve meses de invierno y tres de infierno, pasa la mayor parte del año con los pies tapados, con calcetines, medias y demás aparataje. Además de abrigarlos, así consigues que los pies se queden blanditos y se malacostumbren al exceso de mimos.
Pero nada dura para siempre.
Con los primeros calores aguantas. Con los segundos, te planteas cambiar de ropa -y de zapatos, claro-. Y cuando vienen los terceros, mandas cualquier prevención a freir espárragos y sacas rápidamente la ropa de verano y las sandalias.
Dejaré de lado el famoso tema de la ropa de verano, la muestra de michelines, que no te vale nada, etc, etc...Es demasiado doloroso :-(
El caso es que este fin de semana me fui a Madrid con unos amigos. Inocente de mí, creí a pies juntillas lo de la bajada de temperaturas para el fin de semana que había anunciado el hombre del tiempo a bombo y platillo, y ni pensé en llevarme nada más fresco que unos mocasines. Con calcetines, por supuesto.
Pues bien, la esperada bajada de doce grados sería por la noche, porque el sábado a mediodía había 36 grados en el exterior de la Avenida de América. ¡Casi nada!
Desesperada, me compré unas alpargatas en la primera tienda que ví -sobra decir que me las llevé puestas-. Además eran bonitas. ¿qué más podía pedir?
Las primeras dos horas fueron de completa felicidad. ¡¡Qué a gusto se va con los pies al aire!!
Poco a poco empecé a notar molestias. "La falta de costumbre" pensé. Pero no me arredré y seguí como si nada.
Por la noche no podía más. Tenía rozaduras en todos los sitios imaginables. ¡¡Incluyendo la planta del pie!! Cuando me desincrusté la sandalia confirmé lo que me temía: varios trozos de piel estaban en carne viva -bonita contradicción, porque ya no quedaba piel en las rozaduras-.
Ayer domingo me volví a poner los zapatos con calcetines, seguro. Aunque lo peor es saber que esto solo es el comienzo.
Hasta que el pie se endurezca por todos sitios, habrá que rotar las sandalias, para que las rozaduras se hagan por todos sitios, y dando tiempo a las más viejas a curarse. Hoy he vuelto a los calcetines, pero se que los zapatos de invierno tienen los dias contados.
Bueno, supongo que siempre es mejor que pasar calor con zapato cerrado. ¿Cómo aguantarán los hombres?