No es una leyenda urbana
Cuando la ciudad duerme. Cuando todos están en sus casas, en sus camas, mecidos en los brazos de Morfeo. O a punto de hacerlo. Entonces, él actúa.
Es él. El roncador enmascarado, terror de niños y adultos.
Aliándose con las paredes de papel y el silencio de las calles sin tráfico, comienza su terrible obra. Sin prisa; sin pausa.
Nadie se escapa. No hay donde huir.
Sus terribles ronquidos mantienen a los imsomnes con los ojos abiertos y hacen que aumente la audiencia de los programas nocturnos, permitiendo que siga siendo válida la frase "Cultura para todos. A las tres de la mañana".
Un niño llora desconsolado. Todavía no sabe que nada hará callarse al monstruo, que no hay salida.
La noche pasa y sale el sol, iluminando las ojeras obscuras y las caras cansadas de sus víctimas. Hay que trabajar.
Sólo nos queda esperar que esta noche sea clemente y permita que durmamos unas horas antes de volver a atormentarnos.
Sólo nos queda la esperanza.
Es él. El roncador enmascarado, terror de niños y adultos.
Aliándose con las paredes de papel y el silencio de las calles sin tráfico, comienza su terrible obra. Sin prisa; sin pausa.
Nadie se escapa. No hay donde huir.
Sus terribles ronquidos mantienen a los imsomnes con los ojos abiertos y hacen que aumente la audiencia de los programas nocturnos, permitiendo que siga siendo válida la frase "Cultura para todos. A las tres de la mañana".
Un niño llora desconsolado. Todavía no sabe que nada hará callarse al monstruo, que no hay salida.
La noche pasa y sale el sol, iluminando las ojeras obscuras y las caras cansadas de sus víctimas. Hay que trabajar.
Sólo nos queda esperar que esta noche sea clemente y permita que durmamos unas horas antes de volver a atormentarnos.
Sólo nos queda la esperanza.
Etiquetas: Mi casita

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