Enfado sin razón
Normalmente como en casa de mis padres todos los días. Martes y jueves llego antes para comer a toda velocidad y volver a la oficina; desde hace poco, éstos son los días en que mis padres llevan a mis sobrinas a su casa para que duerman allí la siesta. Por esto mismo, y porque ya me he visto esperando en la escalera a que volvieran, hoy he salido más tarde de trabajar para que así tuvieran tiempo de ir y volver sin agobios.
Pero no, cuando he llegado no había nadie en casa. Mi madre me ha dicho por teléfono que estaban todavía dejando a las niñas, y encima mi padre estaba de capazo con mi cuñado. Genial, papá. Hay que ver la diferencia cuando es él quien tiene prisa...
En fin, que me he cabreado como una mona. No es por la comida -podía sacado cualquier cosa del frigorífico-, sino que voy para comer con mis padres. Y si no van a estar, mejor me lo dicen y voy a mi casa. Directamente. Sin paradas, sin dar vueltas para buscar aparcamiento, y sin necesidad de hacerme nada improvisado porque ya lo había previsto el día anterior. Ufff
El caso es que me he ido a casa, he comido de malas maneras y me he vuelto a trabajar sin que el enfado hubiera bajado lo más mínimo. ¡¡Y encima mi hermana decide, para variar, no cogerme el teléfono!!¡¡Y eso que era para comprarle a ella un vuelo!!¡¡Que les zurzan a todos!!
Lo peor es que, cuanto más lo pienso, más me doy cuenta de que no tengo ninguna razón para estar enfadada. Pero eso no reduce la mala leche...

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