Dia a dia

Cuaderno de campo de un paseo por mi vida, día a día.

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Lugar: Zaragoza, Spain

domingo, mayo 11, 2008

Haciéndole el juego al Ave

Este fin de semana he estado en Madrid. Entre otras cosas, viendo llover, porque debo reconocer que, puestos a elegir un fin de semana malo, este ha sido un acierto. Chuzos de punta, vamos.

No me apetecía viajar, ya que, entre el puente de mayo -en Jaca-, y un par de dias en Logroño entre semana por trabajo, mi cuerpo clamaba por un descanso.

Pero me invitaron a cenar unos amigos que se preocuparon por saber cuando podía, así que hice de tripas corazón y me planteé que este fin de semana no me dedicaría a hacer hueco en mi sofá. Además, aprovecharía para intentar ver a E. y M., ya que no los veía desde que el bebé tenía un mes. Hace casi seis, para entendernos. Confieso además que ni me acordaba del nombre del bebé. Un desastre.

Soy de las que deja todo para el último momento, y esta vez me salió mal: no había billete de tren para el viernes por la tarde. ¡¡Y eso que han subido un 20%!!¿Donde narices está la crisis?

Como no había ave, y ya tenía pensado ir, no me quedo otro remedio que pasarme a la gallina. Si, la gallina, que es el nombre que da mi padre al autobús de línea.

Ya tengo experiencia, así que iba preparada para ronquidos, incomodidades, asientos estrechos -especialmente si el pasajero contiguo es de tamaño armario ropero-, temperatura aleatoria -según le de al conductor por regular el climatizador-, olores sobaqueros y todas esas cosas que amenizan un viaje de tres horas y tres cuartos cuando no hay tráfico excesivo. El paraíso, como se puede entender.

Lo que definitivamente no esperaba era el retraso. El viernes, llegó tarde de Barcelona (lo que tampoco es infrecuente), y, contrariamente a lo visto en otras ocasiones, en las que montábamos a toda velocidad y salíamos pitando, esta vez las cosas se las tomaron con calma.

En teoría salíamos a menos cuarto; el autobús llegó a menos diez y un conductor con malos modos nos dijo que no abrirían las puertas antes de y cuarto. Resultado: salimos a y media, llegando con media hora larga de retraso y haciendo que yo llegara casi al final del aperitivo de la cena.

Hoy he visto que lo del retraso debe de ser ya generalizado. Saliendo a tiempo y casi sin tráfico, hemos vuelto a llegar con media hora de retraso. Si de algo me ha servido este viaje ha sido para confirmar que merece la pena gastarse tres veces más en el tren. En el autobús pagas la diferencia en tiempo y en mala uva, lo que no compensa yendo una vez al mes a Madrid como máximo.

Eso si, viendo como funciona, creo que los del autobús tienen algún trato con los del tren para que todos pensemos así. Sino, es imposible creer que cada vez funcione peor.

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