Una gran forma de empezar el día
Yo no es que vaya muy arreglada a trabajar, pero un mínimo suelo mantener. Sin embargo, hay días en los que te levantas sin ganas de arreglarte mínimamente y hoy era uno de esos. Tenía que ir a una reunión, además, pero conocía a todos y aunque me lo he planteado, mi pereza ha ganado -¡ay!- y he ido bastante cutre, por decirlo así: un pantalón ancho cuyo botón no me puedo abrochar, un jersey de cuello alto -que tapaba el botón y que de paso destacaba mi papada, todo un “acierto”-, y el pelo recogido -no me he levantado a tiempo para lavármelo-.
‘Total’, he pensado, ‘conozco a todos y ya me conocen’.
Pues bien, va a ser que la ley de Murphy ha vuelto a hacer de las suyas porque en la reunión había un hombre, guapo e interesante, que me ha hecho arrepentirme de ir hecha un adefesio.
Está separado/divorciado, y llevaba un pelo terrible -se lo está dejando largo y está en plena fase de greñas- pero la verdad es que, me ha atraído mucho. Y estas cosas no me suelen pasar, la verdad.
En fin, que me he quedado totalmente chafada y enfadada conmigo misma.
Además de esperar volver a verlo en el futuro, esta situación me ha hecho convencerme de la necesidad de ir más arreglada al trabajo. ¿Quién sabe con quién me voy a encontrar? ¿Y para qué tengo la ropa?
Etiquetas: Trabajo

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