Dia a dia

Cuaderno de campo de un paseo por mi vida, día a día.

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Lugar: Zaragoza, Spain

jueves, diciembre 21, 2023

El circo de los horrores: Réquiem

Estando en Santa Cilia, Marta, Anamari y yo leímos que el circo de los horrores volvía en diciembre a Zaragoza con otro espectáculo, y decidimos comprar entradas para el 21. A pesar de que Pili no estaba -y no estábamos muy contentas con ella precisamente-, le preguntamos y enseguida se animó.

Ya habíamos ido a varios espectáculos de esta misma franquicia, y habíamos disfrutado mucho, así que nos apetecía que llegara el día. En teoría, esta vez se anunciaba como la despedida final del presentador, Suso Silva, el creador y alma del espectáculo. De hecho, más que presentador su papel se puede definir como maestro de ceremonias.

El 21 de diciembre ha caído en jueves, el día que Anamari trabaja por la tarde. Así, enseguida Marta y ella me preguntaron si iba a coger el coche, porque ella no iba a llevarse el coche al trabajo. Ir no supone ningún problema, pero volver es otro cantar; todas nos acordamos de la noche de hace varios años, precisamente a la salida de un espectáculo del circo de los horrores, cuando llovía a mares y coger un taxi era una misión imposible(1).

Yo dudaba sobre lo del coche. Por norma general prefiero moverme con transporte público, o incluso andando, pero es cierto que al día siguiente madrugo, esto acabará a las 10 o así, y lo de coger taxi puede ser costoso. Por otra parte, si llevo el coche me tocará hacer de taxista, lo que me ralentizará. Y sí, aunque reconozco que por Anamari lo haría encantada porque ella es muy generosa, hacerlo por Marta me joroba bastante. Además de ser de las de “hay que…” o “tendremos que…”, significando “tienes que…”, es de las que se deja querer a gusto. NUNCA se ofrecerá ella a llevarte o a hacerte las cosas. Y en este caso, además, ella tiene coche disponible, sabe conducirlo, y tiene garaje, así que tiene tanta facilidad como yo para cogerlo.

De momento, cuando me habían preguntado, les había dicho la verdad: aún no sabía si cogería el coche o no. Y hasta ayer no decidí cogerlo, para lo que quedé con todas en la puerta de mi garaje. En teoría abrían a las 7, así que quedamos a menos cuarto, confiando en que hubiera alguna pre-actuación para entretenernos hasta las 8, hora oficial de comienzo.

Todo ha quedado así hasta que, a las 5 y poco, me ha llamado Anamari. Estaba de comida navideña con sus compañeros cuando ha tenido una bajada de tensión, y como yo estaba en casa la han acompañado hasta aquí a ver si se recuperaba. Parece ser que ha comido poco por la mañana porque sus compañeros le habían dicho que las comidas de Navidad eran muy copiosas. El problema es que esta vez ha pecado más bien por escasa, y entre unas cosas y otras, ha acabado en el suelo.

Ante la disyuntiva de volver a casa o venirse a la mía -tras asegurarse de que no había salido-, ha preferido lo segundo, con la esperanza de recuperarse a tiempo de salir hacia el espectáculo. Cuando ha llegado, estaba helada. Le he tapado con mantas, le he puesto el radiador y le he ofrecido algo de comer, pero una compañera suya, paramédico, le ha dicho que no comiera nada(2).

Pasado el rato, ella sigue helada y decide que no se encuentra lo suficientemente bien como para ir al espectáculo. Intentará darle su entrada a un amigo, pero en cualquier caso, me pide que la lleve a casa cuando vayamos hacia allí. Y eso hacemos en cuanto llegan todas, con gran dolor de corazón.

A pesar del desvío llegamos bastante pronto a nuestro destino. El espectáculo se celebra en una carpa enorme montada al lado del Parque del Agua, al lado del aparcamiento, prácticamente vacío cuando llegamos. A la entrada de la carpa se ven grupos de gente, suponemos que esperando, y tras atravesar el control de acceso descubrimos el verdadero atractivo pre-espectáculo: el bar, donde la gente se entretiene tomando algo antes de empezar.

Sin tomar nada, paseamos un rato leyendo los carteles que han puesto celebrando toda su trayectoria, y nos sentamos pronto en nuestros sitios.

Cuando compramos las entradas, cogimos dos filas distintas para estar más centradas, y como Anamari no viene, una se quedará sola. No sé cómo, esa acabo siendo yo; por supuesto, Marta ni se ofrece y Pili, a pesar de lo generosa que es, tampoco. En fin, no pasa nada, pero hubiera agradecido tener a alguien con quien comentar el espectáculo. Así, es como si hubiera venido sola.

El supuesto pre-espectáculo se hace de esperar, la verdad. Salvo unos cuantos artistas disfrazados pasando entre las filas -uno de ellos, haciendo de loco, no para de enseñar el culo a todo el mundo- y uno terribles focos que pasan por las filas, deslumbrando de forma molesta a todo el que pilla -incluyéndonos a nosotras- poco más hay. Definitivamente teníamos que haber venido más tarde.

Agradecemos que al comenzar el espectáculo apaguen los focos, la verdad. Articulado como un paseo por la historia de la compañía, recordando todos los espectáculos celebrados, y guiado por el maestro de ceremonias Suso Silva, el tiempo se pasa rápido.

La primera parte me decepciona un poco, debo decir; echo de menos la procacidad y la espectacularidad de otras veces. En cualquier caso, es divertido y muy entretenido. La segunda parte, tras un descanso de 15 minutos, nos sorprende con los números espectaculares que habíamos echado de menos al principio, y con algo más de procacidad y lenguaje subido de tono; al fin y al cabo los habituales sabemos lo que queremos 😊

Según comentan, El Circo de los Horrores nace en el año 2006 con el compromiso de concebir un espectáculo de circo original, diferente, innovador y con un claro propósito: que el público joven recuperará el interés que había tenido de niño por el circo. Un espectáculo que aporta un soplo de aire fresco en el panorama circense español.

Nosotras hemos visto varios cuando han venido a Zaragoza: Circo de los Horrores, Manicomio y Cabaret Maldito. Uno de ellos no lo vimos porque el último nos había decepcionado. Definitivamente nos gusta que se haga en carpa y no en el pabellón deportivo, donde queda muy desangelado.

Tras el espectáculo, a eso de las once menos cuarto, salimos directas al coche, y a pesar del atasco de salida he hecho bien en traer el coche. En 25 minutos estoy entrando por el garaje, habiendo dejado ya a Marta.

Veremos si esto sigue sin Suso, que es el alma, pero esperaremos lo mejor. De momento, hoy toca irse a la cama, que mañana es día de escuela.

(1) Tuvimos que llamar por teléfono, y pese a todo tardaron horrores.

(2) A los pocos días, me cuenta que era una hipoglucemia y que le hubiera venido bien comer algo. Su compañera no se quería arriesgar a sugerir nada por si era otra cosa, pero el resultado es que no levantó cabeza hasta el día siguiente.

Nota: Pili nos ha hecho un regalito: un lápiz perenne (eso dice ella) con mina de acero y carta tierna. Confieso que, como de costumbre, no sé cómo actuar. No me gustan las sorpresas y me cuesta reaccionar bien a ellas.

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