Huevos navideños
Desde hace varios años, por Navidad, el departamento de tecnologías digitales organiza una comida conjunta consistente en huevos fritos con algún acompañamiento (longaniza/pimientos/jamón/chorizo…). Aunque es para el departamento, suelen admitir “adoptados” de otras áreas, normalmente gente con la que trabajan. De alguna manera, yo estoy en ese grupo antes incluso de que trabajara tan cerca de ellos, y ya me he unido varias veces a la comida.
Normalmente es Vega la que se
encarga de organizarlo, y este año no es distinto; a mitad de noviembre lanza
un mensaje sobre el tema:
Ya se aproximan las navidades y con ellas nuestros tradicionales huevos navideños. Para todos aquellos que no lo sepáis, por estas fechas, los que queremos y podemos nos juntamos en un almuerzo/comida informal donde el menú es huevos fritos con longaniza o pimientos o chorizo o jamón... y así estamos un rato juntos y nos deseamos ¡Feliz Navidad!
Os adjunto una encuesta para
que elijáis día, y en función de la gente que seamos elegiremos un sitio u otro
(siempre por aquí cerca). Ir rellenando cuando os vendría mejor para poder
organizarlo.
Normalmente lo hacemos en el Nivola, un sitio muy cerca del trabajo donde la pareja que lo lleva nos trata divinamente. Y además está bien de precio.
Cuando se eligió el día -hoy, 14
de diciembre- fueron a hablar con Fermín y llegó la sorpresa: van a cerrar el
bar a final de diciembre. Se jubilan, y a partir del 22 de diciembre ya no
están. Como despedida, nos quieren invitar a los huevos navideños. Intentamos
que desistan -somos multitud- pero no hay forma; se han empeñado en invitarnos.
Se lo agradecemos un montón, y la verdad es que les echaremos de menos, pero no hacía falta… Como no hay forma de hacerles cambiar de opinión, Vega y Rocío proponen poner una pequeña contribución -5€- y regalarles algo. Acaba siendo una planta, y con lo que queda les enmarcaremos una foto de todos. No es mucho, pero ¡qué menos!
Este es el mensaje que manda Rocío al departamento y que yo no leo hasta hoy mismo:
Ya tenemos reservado el día 14 de diciembre jueves en el Nívola para el desayuno navideño sobre las 14h (aunque la hora estamos a tiempo de cambiarla). Somos 35 personas las que nos apuntamos. El menú serán huevos y patatas fritas y en el medio diferente tipo de carnes para acompañar (para los vegetarianos podemos decir que pongan también pimientos).
Comentar que el día 22 de diciembre ya cierran el negocio y nos han dicho que nos invitarán a los huevos de despedida. No ha habido manera de convencerles de lo contrario, por tanto, hemos pensado, al menos, en darles un detalle. La idea sería poner 5€ por persona (quien esté de acuerdo) y darles un detalle. Se han barajado opciones como: tarjeta regalo + planta, pero podéis proponer opciones.
El dinero puedo recogerlo yo misma (Rocío) o bien por bizum.
++
Algunos de los comensales tenían curso esta tarde, y al final la hora se ha adelantado a la una. Yo me he enterado tarde, la verdad; seguía pensando que era a las dos, como todos los años.
Otra cosa que ha cambiado ha sido
el acompañamiento de los huevos; normalmente cada uno pedía lo que quería pero
este año van a ponerlo todo en el centro y que cada uno coja lo que quiera.
Confieso que de esto me entero cuando llego al bar, ocupado en su totalidad por
una mesa enorme y otra pequeña preparadas para nosotros (¡¡es que somos 35!!).
Como yo llego tarde -tenía un evento hasta la una- me quedo un hueco que había en la mesa, con pata de mesa dándome en la pierna, claro. Conforme van llegando los rezagados -yo no soy la última- todos los huecos -incluidos los de la mesa pequeña a la que nadie quiere ir- se llenan.
La comida está bien, es agradable y amena, y quizá lo único que echo de menos es la copa de después, que otros años era el fin perfecto para la comida. No nos quedábamos todos, ni mucho menos, pero la copa y el champán eran la forma de acabar la celebración.
Este año, sea por lo que sea,
nadie se queda a tomar una copa, y dado que es pronto decido volver a trabajar
un rato. En previsión del alcohol me he venido en tranvía, pero no hay problema
en volverme más tarde. Pero claro, una es débil, y cuando veo que Clara se baja
al centro en coche, le pido que me acerque; trabajaré desde casa, mejor.
Al entrar por el portal, siguen apareciendo tentaciones para no hacer nada: veo a Tomás, un compañero de la universidad que además es vecino mío -lo descubrí en plena pandemia-. Parece ser que se muda; su hijo ya tiene 14 años y aunque no vive con él de forma continua, necesita una habitación más. Ahora mismo está en plena mudanza, así que me invita a tomar un café de despedida -de hecho tiene que sacar la cafetera de una caja porque ya la tenía guardada-.
Lo que son las cosas: llevábamos diciendo de tomar un café desde hace meses, y ha sido a salto de mata justo cuando se muda. Bueno, se va a la calle vírgenes, así que seguro que lo veo de vez en cuando.
Tras el café, sin poder procrastinar más, voy a casa a trabajar un rato. Definitivamente ha sido un día distinto de lo que esperaba.Etiquetas: Trabajo

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