Paseo por el soto del Ebro
El sábado Su me propuso quedar
pero yo ya había quedado. Sugerí quedar a caminar, lo que -seamos sinceros-
necesito como comer. Hace meses que no hago ninguna caminata; tantos, que hasta
llevo enteras las uñas de los pies.
Quedamos en que hoy sería el día -ella se iba mañana a pasar unos días en Teruel con su marido-, y ayer mandó un mensaje sugiriendo que hiciéramos una ruta de las sugeridas por el ayuntamiento en su web ‘zaragozanda’. Concretamente, la R13, que empieza en Juslibol, pasa por el galacho y sigue por la ribera del Ebro, cruzando el soto. Para ello habíamos quedado hoy a las 10,30 en el aparcamiento del CPS, lugar sugerido por Susana. Concretamente, habíamos quedado en el aparcamiento de detrás, al lado de un grupo de árboles que plantamos cuando yo estudiaba como parte de una actividad de no sé qué asociación universitaria.
Como era de esperar, no había nadie por allí. Hacía frío -yo me había levantado con dos grados bajo cero y la previsión no era muy halagüeña- y todo estaba cubierto por una capa espesa de niebla, así que tampoco esperábamos grandes multitudes, pero el hecho de ser festivo en la universidad también ha ayudado a que los nuestros fueran los únicos coches.
Hemos sido puntuales y, tras abrigarnos, hemos salido hacia Juslibol, en cuya plaza mayor (¡¡¿¿Juslibol tiene una de esas??!!) empezaba la ruta. En vez de seguir la acera, o incluso el camino, hemos decidido -Dios sabe por qué- que la línea recta era una ruta perfecta para llegar, y efectivamente, era la más corta, pero no la más fácil.
Un terraplén bastante empinado -y resbaladizo, por añadidura- nos separa de las vías del tranvía, afortunadamente desiertas. No las habíamos visto, pero con lo que nos cuesta subir -casi vamos a cuatro patas y varias veces nos deslizamos hacia abajo, perdiendo el avance-, decidimos seguir y subir un segundo terraplén que nos separa de la acera. Éste ya nos cuesta algo menos, pero no evita que acabemos embarradas y acaloradas. A mí, además, me ha costado bastante más que a Susana porque mis zapatillas no agarran igual que sus botas, y de alguna manera acabo con las botas, pantalones y manos manchadas de barro y tierra. No contábamos con practicar hoy escalada, la verdad 😊
Desde ahí, el camino al galacho es tranquilo. La primera parte transcurre por la calle principal de Juslibol, transitada y estrecha, al lado de la cual vemos dos o tres descampados donde podríamos haber dejado el coche. Teniendo en cuenta que tenemos que volver a buscarlo, creo que hemos elegido bien el punto de partida.
Al salir del pueblo la carretera se convierte en una pista bastante cómoda y ancha que va a ser la constante del camino. Hay un par de zonas más agrestes, con caminos estrechos que cruzan el soto, pero se pasa rápido y en breve estamos de nuevo en la pista.
Hay bastante niebla y el día está frío, dando un ambiente misterioso al paisaje. Desde el río suben jirones de niebla que se juntan a la que ya cubre todo, con un extraño encanto. Pese a todo, hace un día bastante agradable para caminar, o quizá sean las ganas que tenemos, y disfrutamos del camino que bordea el meandro, al lado del río.
Nos cruzamos con poca gente -algún ciclista despistado, principalmente- y aunque a medio camino empieza a llover, son chaparrones esporádicos que hacen pensar en nubes sueltas. Como coinciden con las zonas donde hay árboles sobre el camino, también podría ser que el agua cayera de las copas, pero tampoco nos vamos a poner a mirar. Nos basta con que no caiga un chaparrón que nos cale hasta los huesos -estamos lejos de todo y nada nos libraría de empaparnos-.
Mi teléfono ha decidido quedarse sin batería a mitad de camino, así que tenemos que hacer las fotos con el de Su, que tiene una lente rajada y da un aspecto neblinoso a cualquier foto. Ideal para el día de hoy, la verdad. No se va a notar cual es el defecto de la lente y cual es la niebla que nos rodea.
Su tiene la ruta a mano, y yo la he mirado antes (tengo buena memoria) así que no hay pérdida, y en un rato llegamos a la “civilización”; aceras, semáforos, rotondas asfaltadas… Cruzamos por debajo de la autopista, y ahí dejamos la ruta “oficial” para desviarnos hacia el Carrefour y tomar algo en alguno de los bares de al lado.
Ha salido ya el sol, e incluso nos tomamos una caña –“ilustrada” por un torrezno y un par de tapas más- en la terraza antes de volver hacia el coche. Desde ahí, nos vamos a hacer la compra -vamos a aprovechar el tiempo y que vamos con el coche, en mi caso-.
Ha sido un día muy agradable, como de costumbre 😊 La semana que viene, más.
Etiquetas: De excursión

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