Una semana de locos
Esta semana ha sido sencillamente agotadora. No he tenido ni un solo día descansado, y, como era de esperar, cuando he llegado a casa me he caído en el sofá como un leño y me ha costado encontrar ganas de prepararme para ir a la cama.
El lunes, tras el examen de francés -difícil, digámoslo- me fui a mi primera clase de Pilates. Me ha costado horrores vencer la pereza y apuntarme, tras varios años sin hacer nada, pero yo misma me doy cuenta de que necesito hacer ejercicio y que, quizá, mis dolores de brazos se deban precisamente a la falta de deporte. Para acabar el día, había quedado con mi amiga Elena a tomar algo después de clase -vino a buscarme-, así que llegué a casa tardísimo y con ganas de no hacer nada.
El martes por la mañana me tocó ITV ginecológica y por la tarde estuve en las actividades de la empresa para promover el papel de la mujer en la ciencia. Como mis sobrinas estaban, después las tuve que llevar a casa, y a lo tonto acabé a las tantas en mi casa.
El miércoles de nuevo examen de francés. Y luego, visita al ginecólogo para confirmar que estoy como una rosa. Me equivoqué de hora, y tuve que matar una hora antes de ir a la consulta. Como en teoría no había habido tiempo, no me había cambiado y me pegué más de doce horas en tacones -había tenido una reunión por la mañana y me había vestido mona-.
El jueves estaba deseando acabar la semana, pero aún quedaba un poquito: otra tarde de actividades con los niños y la recuperación de la clase de Pilates a la que no fui la semana pasada, con lo que volví a acabar destrozada. Y no sólo eso: lo de llevar libros de un sitio a otro me pasó factura y el hombro, que llevaba mucho tiempo sin molestar demasiado, empezó a doler de mala manera. Teniendo en cuenta que me ha empezado a doler el otro, lo que no me permite levantar el brazo demasiado, creo que lo de buscar fisioterapeuta no puede esperar más.
Y bueno, el viernes podría haber sido de relax y sofá, pero me había avisado mi amiga Ruth de que esta semana estaba en ZgZ y me apetecía verla, así que quedé con ella a tomar un café. Un placer verla, como de costumbre, pero claro, he llegado a casa, he comido algo y me he tirado al sofá. Espero poder dormir mañana, porque si no... voy dada. Y es que el fin de semana también se presenta intenso.

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