Comida de compañeras
Una vez pasadas las navidades y el día M -M de master de Vega, 21 de enero para más señas-, y ya con Vega en modo “no grinchy”, propongo organizar una comida-cena más lo que surja en febrero.
Pongo una encuesta en wasap, y por amplia mayoría sale el 27 de febrero, y comida. También pregunto por la hora (2, 2:30 o 3) y al final sale las tres como hora final.
A pesar de que parecía que podríamos ir todas, esta vez tampoco conseguimos la unanimidad: Cristina no puede venir porque es el cumpleaños de su hermana (lo celebran ese viernes, ya es casualidad), y Pilar dice que no sabe si podrá llegar ni siquiera al café (tiene viaje a Málaga toda la semana).
Con el día fijado, solo queda pensar en el sitio. Yo pensaba en un sitio con menú, pero Clara estaba más por un plato único. Varias hacen sugerencias, y al final nos decidimos por la Taberna Urbanita, un sitio de cocina para celiacos que sugiere Carol. Yo no lo conozco así que me parece bien; siempre me gusta probar sitios. También es cierto que nunca la habría elegido; lo de que no tenga gluten no me acaba de convencer, la moda sin gluten la asocio a pijoprogres o perroflautas.
Unos días antes de la comida, y entre votaciones/opiniones sobre el sitio, Vega anuncia en un mensaje que vuelve al ita. Yo pensaba que todas se había enterado, pero más de una dice que no lo sabía. Cristina, sin ir más lejos, confiesa que no lo leyó; se le perdió el mensaje entre las votaciones de restaurantes, que ella ignoraba porque no iba a venir.
Hasta el lunes pasado no reservé: seríamos seis, dije.
Pero no; Paula avisó hace dos semanas de que tampoco podía venir, porque la logística se le había complicado. Yo no me enteré hasta ayer, así que ese mismo día llamé para modificar la reserva a 5. Finalmente seremos Vega, Clara, Carol, Mcarmen y yo. Bueno, seguiremos intentando hacer pleno una próxima vez.
Hoy me he quedado a teletrabajar. He salido justa de casa y encima me he despistado de calle -no sé por qué, pensaba que sería otra calle-. Pese a los cinco minutos de retraso, no he sido la última. Maricarmen y Carol han llegado más tarde.
El sitio es muy -MUY- pequeño. Nos han puesto en una mesa junto a la ventana; bueno, más bien en dos porque han juntado dos mesas disparejas, de distinta anchura, y que hacen complicada la conversación. Yo estoy en medio y no hay forma de que hable con la parte derecha sin que parezca que doy la espalda a la izquierda. En fin.
La comida no está mal, pero el servicio es lento y en conjunto el sitio no pasa de aprobado raspado. Para no volver, vaya. En cualquier caso, lo bueno es la compañía y la conversación, que sí está muy bien
A lo tonto, aunque pedimos solamente unos entrantes para compartir y un plato cada una, acabamos saliendo de comer casi a las cinco. Desde allí, nos acercamos al Rincón de la Abuela a tomar una copa -a la que nos invita Clara, porque hoy es hoy- antes de dispersarnos.
Dada la hora, Vega y yo vamos directamente a clase de salsa. Yo pensaba que podríamos ir andando, pero no, el tiempo no da para tanto y al final tenemos que coger el tranvía.
De vuelta, también lo cogemos. Vega tiene una cena cerca de mi casa, así que la cerveza post salsa es en la calle San Miguel. Uff, yo estoy agotada de estar de pingo todo el día. No sé cómo va a aguantar Vega, que encima tiene cena.
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