Concierto de cuerda: 'Candlelight', Lo Mejor de Hans Zimmer
A principio de noviembre Amparo nos sugiere ir al concierto de Hans Zimmer a la luz de las velas. Ella estuvo con Susana en uno de Las cuatro estaciones de Vivaldi y le encantó, así que lo propone. Hay varias opciones, y al final se fija el domingo 18, así que me animo -yo los sábados prefiero no liarme, pero viernes y domingos son terreno libre-. Y en enero, otra de las opciones,
Anamari se anima y Amparo también se trae a Carla, así que en total somos seis. Pili, por supuesto, piensa en Sofía, pero como trabaja no puede venir el 18.
Cuando Amparo, tras comprar las entradas, nos dice cuanto es (35€ cada una) no puedo dejar de sorprenderme negativamente. Es carísimo. No digo nada pero, honestamente, pienso que antes de comprar algo tan caro tenía que haber consultado... Pero bueno, de todo se aprende. Yo tampoco había preguntado, así que es también culpa mía. Espero que mis sobrinas, o al menos mi hermana, sepan apreciarlo.
Tras cierto debate, quedamos a las 8,15 en la puerta, 45 minutos antes de que comience. Amparo quería quedar a esa hora para conseguir la primera fila. Yo prefiero más tarde, pero An dice que si no, sera dificil sentarnos juntas. a las 8,15 pues.
Quedo con mi hermana en que recogeré a mis sobrinas en la parada del tranvía, donde me encuentro con Anamari -la había llamado para preguntar dónde estaba, sabiendo que suele llegar pronto-. Mis pequeñas llegan puntuales y en breve estamos en la puerta del Gran Hotel. Cuando llegamos, Am y Carla ya han entrado, y sí, han cogido la primera fila.
Según comenta Am, en el concierto anterior la disposición era totalmente diferente. El público estaba al mismo nivel que los músicos, y en la primera fila se creaba un ambiente muy íntimo. De ahí el entusiasmo por la primera fila. Ahora, sin embargo, el sitio de los músicos es un estrado en alto rodeado de velas falsas (Teresa dice que es un timo, que ella quería velas de verdad). El estrado, bastante alto, está rodeado de sillas por tres de sus lados -el cuarto es la pared-. Así, la visibilidad desde la primera fila es más bien mala, especialmente desde un lateral, donde estamos nosotras. Mis sobrinas insisten en ponerse a mi lado (no las dos juntas), así que Sofía se queda entre An y yo. Así, después mi hermana me cuenta que Sofía comentaba qe notaba cada vez que se movía An. Normal, cariño, las sillas están juntísimas.
Presentamos a las niñas. Yo pensaba que Carla tenía 16 años, pero Am pronto me aclara que ¡tiene 13! Las que alucinan son mis niñas, quienes le atribuyen 18 (la chica es alta, pero es que además va pintada y vestida de tal forma que no cuesta atribuirle esa edad). Como me contará luego Teresa, si pide un whisky en un bar se lo dan (alucino con las comparaciones de estas dos). Además, me dicen después, se ha pegado el concierto con auriculares puestos. Yo no la he visto, la verdad.
Los músicos tocan bien, pero el programa es largo para una hora, lo que tenía que habernos dado una pista de la duración -extremadamente corta- de cada pieza. En teoría este es el programa, pero tocan alguna más, como puede ser la música de la serie "El Pacífico", de hbo:
- Piratas del Caribe
- Gladiator - Honor Him, Now We Are free
- Pearl Harbor
- Origen - Inception
- Batman: El caballero oscuro
- El Código da Vinci
- Interestellar
- The Holiday - Maestro
- Sherlock Holmes - Discombobulate
- Madagascar
- Man of Steel
- Wonder Woman
La verdad es que yo esperaba que durase más de una hora. Bastante más, aunque sólo fuera por lo que ha costado. Amparo me comenta que son conciertos para gente que no va nunca a estas cosas; son más bien conciertos de iniciación, pero por eso mismo me parece carísimo. Son perfectos para mis sobrinas pero nada más. Yo ya he pasado el primer curso de asistencia a conciertos, y esto me parece un timo. No repetible, por supuesto.
Como anécdotas, mis pequeñas han pasado vergüenza cuando nos hemos hecho fotos delante de las velas (son así), cuando las he presentado a mis amigas. Y lo mejor, cuando una chica, aliada con los músicos, ha pedido matrimonio a su novio en medio del concierto, estas dos se han vuelto a mí diciendo lo mismo: "¡Qué vergüenza, tata!". En realidad, a mí no me gustaría, pero cada cual... lo que no siento, es cierto, es vergüenza ajena. Cada cual sabe lo que quiere y lo que le gusta.
El concierto ha acabado prontísimo, apenas una hora, y han avisado de que a final de enero harían uno con música de Queen, al que Sofía me ha dicho que le gustaría venir. Es en el puente, cariño, así que mal.
Si he traído a mis sobrinas, es, entre otras cosas, para ver si les gustaba -me gusta que prueben cosas distintas-. Las dos le han puesto un 7 sobre 10. Eso sí, cuando les he preguntado si, sabiendo lo que era, volverían. Sofía ha dicho que sí, pero Teresa ha dicho que solo si cantaban -esto es, un "no" rotundo-. Pues bien, eso haré. Llevaré a Sofía a uno más normal -y barato- la próxima vez.
Al acabar, Marcel ha venido a por Carla y Am, Gerardo ha recogido a sus polluelos, y yo he acompañado a An al autobús. Cuando le he comentado que Carla me parecía mayor, me ha dicho que la cría lo llevaba mal, porque la ven mayor y la tratan como tal. Me he callado, pero si vistiera como una niña de 13 años, quizá tuviera menos problemas. Es alta, muy guapa y se viste como una adolescente. No me extraña la confusión.
Etiquetas: Actividades culturales varias

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