Nunca es tarde si la dicha es buena
Sofía, mi sobrina mayor, comulgó cuando tenía 9 años, y de regalo, me pidió un colgante de una menina como el mío. Desgraciadamente la empresa que los hacía había cerrado, o al menos no los hacía más, y por mucho que busqué, fui incapaz de encontrarlo.
Ella no supo que más pedirme, y yo tampoco tuve imaginación suficiente, así que poco a poco, la cosa se quedó en un regalo pendiente.
Hasta hace unas semanas, cuando mi madre me dijo que ya sabía qué regalo quería: un colgante de osito. No, no, ella no me lo dijo (y no será por falta de confianza, digo yo) pero al menos sabía lo que quería. Hablando con ella, quedamos en que iríamos a comprarlo cuando acabara los exámenes.
Eso
ocurrió la semana pasada, pero como se fue de fiesta (¡¡volvió a las
3!!) y no amaneció hasta la una, está claro que no fuimos. Y quedamos
para hoy.
La verdad es que se había olvidado de mí, pero la he sacado de la cama y finalmente hemos ido a por su regalo. Tenía la foto en el móvil, y la compra en sí ha sido visto y no visto. Sí, ha llegado siete años tarde, pero ha llegado.
Además, me han dado un regalo de cumpleaños para mi hermana, que cumple años esta semana y tiene cuenta de clienta.
Mis planes eran llevarme a mi pajarito a tomar un vermut, pero tenía baloncesto, así que al final, se ha quedado en nada :-(. La he acompañado a casa y al menos he visto a mi hermana, y le he dado su regalo de cumpleaños -todo un detalle por parte de Tous-.
Nota (dos semanas después): al menos parece que lo disfruta, porque no se lo ha quitado desde que lo compramos.
Etiquetas: Mis niñas

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