Teatro: Burundanga
Celebrando el cumpleaños de Tere, acompañé a ésta y a Vega al teatro porque ellas tenían entradas para ver el musical de “El Médico”, y allí vi anunciada la futura representación de “Burundanga”.
Me apetecía un montón verla; ya antes de la pandemia, justo antes del encierro, había hecho planes para verla alguno de los jueves en los que iba a estar en Madrid por el Master de la UPM. Pero llegó el 8 de marzo, y todos los planes se fueron al traste. Por supuesto no fue el único plan madrileño que se cayó (me prometía una primavera muy feliz de ver a mis amigos todas las semanas y de hacer planes todos los jueves), pero de esta obra me acordaba especialmente por haber comprobado horarios y encajes con mis clases.
Como venía a Zaragoza, emplacé a Vega y Tere a verla cuando fuera -es fácil convencerlas- y en cuanto pude cogí las entradas. También cogí entradas para mis padres(*), a quien suponía que les gustaría. Mi hermana la había visto ya, y me confirmó que estaba muy bien (incluso se planteó volver a verla, pero venía la chica francesa de intercambio ese mismo fin de semana y no pudo ser).
Tere prefería coger las entradas en viernes, así que, aunque estamos agotadas (ya no tenemos 18 años y la edad pasa factura de toda la semana de trabajo), hoy ha sido el día. Para postre, al cansancio se han unido los nervios porque el tráfico estaba cortado por no-sé-que manifestación y ni el autobús ni el tranvía funcionaban correctamente. Así, las dos se han tenido que bajar un buen trecho andando a paso de marcha para poder llegar.
Y no eran las únicas; se veía a mucha gente esperando, igual que yo, por culpa de estos cortes del tráfico. Tanto es así, que la función ha empezado cinco minutos tarde y yo creo que ha sido por eso.
La obra ha estado muy divertida. Transcurre en los ochenta, durante los últimos coletazos de ETA, en el piso de una pareja de amigas, Berta y Silvia. Berta, embarazada de Manel, no sabe si él la quiere lo suficiente como para seguir con el embarazo. Silvia, su compañera de piso, farmacéutica, que acaba de comenzar la carrera, le propone administrarle a su novio una dosis de escopolamina, un alcaloide conocido como burundanga, droga que lo dejará a merced de las preguntas de ella y sin voluntad para mentir. Berta lo hace y descubre, no solo lo que pretendía saber, sino también otra verdad inesperada que hará explotar por los aires un lío de consecuencias imprevisibles: su novio es de ETA. De repente aparece Gorka, compañero de comando de Manel y la situación comienza a enredarse cada vez más. Cuando todo parece que no puede ir a peor, entra en escena Carlos, empresario y tío de Silvia amén de exrevolucionario, al que los dos etarras han secuestrado para sacar dinero para la causa. Desde aquí la trama tira hacia un secuestro digno de los Hermanos Marx, envuelto todo en una sucesión de situaciones cómicas que llevan a cada personaje, de sorpresa en sorpresa, de risa en risa, a un final inesperado.
Tras un buen rato de risas, al salir hemos decidido ir a cenar a la misma hamburguesería de la última vez, donde Tere se había quedado con las ganas de probar la carne (estaba a régimen, que tiene esas cosas). A Vega y a mí no nos importaba, así que… Eso sí, tras la cena, nos hemos despedido hasta el lunes, porque ninguna teníamos ganas de más.
En conjunto, una buena tarde de viernes.
(*) Mis padres fueron el martes, el día del cumpleaños de mi padre, y curiosamente se encontraron con Merche y su marido, pendientes del teléfono durante toda la obra porque su nuera salía de cuentas estos días. Se lo pasaron muy bien, por cierto.
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Extraído del programa: Con más de 2.800 funciones realizadas y después de ser vista por más de un millón de espectadores, Burundanga, de Jordi Galcerán, se ha convertido en todo un referente de la comedia teatral española, con 11 temporadas en cartel.
Burundanga refleja, de una manera original y absurda, el final de la banda terrorista, con una trama llena de intriga y humor partiendo de un lío amoroso. Tres ingredientes, que bien mezclados, han conseguido la complicada alquimia de convertirse en uno de los grandes éxitos teatrales de los últimos tiempos. En Burundanga los personajes son tan cotidianos que cualquiera puede sentirse identificado, y plantea un dilema que todos, en algún momento, hemos podido vivir. Y de repente se transforma en una comedia loca y disparatada, que no para de sorprender, contagiando al espectador de su locura.
¿Qué haría usted si descubriera que ha invitado, sin proponérselo y por error, a la cúpula de la organización de una banda terrorista a su propio domicilio, reunida clandestinamente para su continuidad o disolución? Toda una situación dramática, angustiosa como una mala pesadilla, que probablemente le causaría más de un quebradero de cabeza. Y es que en Burundanga, esta misma circunstancia solo puede producirle una taquicardia... pero de risa. Con una extraordinaria habilidad cómica, el autor catalán que también creó El Método Grönholm, se ha empleado a fondo con todo su ingenio para darle la vuelta al calcetín y presentar a repugnantes criminales convertidos en payasos grotescos, fracasados, sin ideología, títeres ridículos, incompetentes y sin personalidad alguna. Y es que Jordi Galcerán ha creado Burundanga arrojando, con un violento y sarcástico empujón, al entorno terrorista, al campo de juego de la más pura comedia para hacer reír, sin descanso, al público asistente durante toda la función sobre un argumento, a primera vista, siniestro.
Esta más que suficiente descarga de humor en Burundanga se observa más que enriquecida al absorber fórmulas cómicas extraídas de nuestros más destacados dramaturgos del humor que formaron parte de la mejor dramaturgia cómica del pasado siglo. La inverosimilitud de Jardiel Poncela, los grandes recursos cómicos de Miguel Mihura y de Miguel Gila, que Jordi Galcerán ha sabido cultivar y desarrollar consiguiendo extraer las mejores situaciones costumbristas, que desembocan en avatares de un humor descacharrante e insólito.
La Burundanga, nombre popular que en países hispanoamericanos cercanos al trópico se le da a un producto similar a la escopolamina, son dos sustancias preparadas con vegetales de la zona que producen un irresistible sopor, después de un profundo sueño y finalmente, al despertarse, se crea en el paciente una amnesia total, en la que se olvida todo lo ocurrido desde que la bebió o la inhaló. La escopolamina disuelta en una bebida o la Burundanga inhalada a través de un cigarrillo, o simplemente respirada en el aire donde se ha soltado, permite dormir y robar impunemente al vecino o al incauto viajero. Algo ante lo que se debe estar atento si no se quiere uno o una, verse como aquellos que tras una sospechosa compañía, despertaron desnudos en la calle, desvalijados y sin la más remota idea de dónde, ni quiénes, les saquearon. A todas estas propiedades, la imaginación del autor atribuye a la escopolamina una propiedad quimérica más: la de ser una especie de pócima mágica que obliga a decir la verdad -toda la verdad y nada más que la verdad- a aquellos que la toman.
Burundanga, de Jordi Galcerán, en versión teatral de Gabriel Olivares
Guillermo Sanjuan
Rebeca Valls / Paula García Sabio
Juan Gea
Jorge Vidal
Etiquetas: Actividades culturales varias

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