Teatro (unipersonal): Malabrocca
Cuando Vega nos sugirió a Tere y a mí ir a esta función, acepté sin mirar mucho. Según parece, era un monólogo y el actor que lo hacía era el hijo de una de sus compañeras de teatro. La verdad es que no es difícil animarme a estas cosas -me apunto a un bombardeo- así que, sin mirar demasiado, le dije que sí.
Quedamos a la entrada de la sala (en la sede de la Caja Rural; un sitio que nunca hubiera asociado a una representación teatral). La sala era muy bonita, aunque algo fría (en todos los aspectos; he pasado un frío terrible); la habían llenado de sillas de plástico, lo que contribuía a la frialdad, pero bueno, al menos no eran incómodas.
Mientras avanzábamos a las primeras filas, donde estaban los compañeros de teatro de Vega (incluyendo a la madre del artista), nos hemos encontrado a Jorge Riobó. Parece ser que es amigo de la infancia de David Díaz, otro compañero, y se lo había recomendado.
Nos sentamos en segunda fila, detrás de la reservada a la familia. Unos minutos antes de empezar, llega Javier Lambán -me lo señala Vega; yo no me había dado ni cuenta-. Parece ser que el actor, Rafa Blanca, lo imita en Oregón TV, y se conocen. La verdad es que no interrumpe demasiado: se hace las fotos de rigor y se sienta en primera fila, sin hacerse notar más.
Ya he comentado que no sabía a lo que venía, pero al oír hablar de monólogo, había pensado en uno cómico, al uso. Y claro, cuando sale un hombre a escena y se presenta como el director, me descoloca un poco. ¿Tienen directores los monologuistas?
Comenta que la obra que vamos a ver se ha traído de un festival que se celebra en Murillo de Gállego (el festival Manhattan), y enseguida llega el actor principal, que toma su papel en el escenario.
Desde el principio queda claro que no es un monólogo al uso: es más una obra de teatro con muchos personajes representados por un único actor. Y sí, nos hace ver la veintena de personajes claramente, con leves cambios de postura y algunos complementos.
La obra se centra en la historia del ciclista Malabrocca, que hizo de perder el Giro de Italia un arte. No, no de perderlo; de ser el último. Además de la historia, el actor intercala pequeñas historias que pintan la escena de la Italia de posguerra perfectamente. En ocasiones me recuerda a los libros de Don Camilo, que se sitúan en ese momento.
La obra se inspira en una novela, "Maglia Nera" de Mateo Caccia, que cuenta la historia de este ciclista. Y según parece el actor, también guionista, contactó con la familia para que le dejaran hacer una obra sobre él.
Confieso que al principio me cuesta llegar, quizá por las expectativas erróneas que me había creado, pero la obra me ha gustado mucho. No es un monólogo; es una obra de teatro con un solo actor representando TODOS los personajes. Además, la historia es interesante, así que no solamente se disfruta, sino que también se aprende.
Después de la obra, Vega y yo nos acercamos a Heroísmo a tomar una caña ilustrada, intentando recuperar el Juepincho, una iniciativa que, como tantas cosas, desapareció con la pandemia. Algo ha vuelto, pero me temo que aún tardará bastante en recuperarse…
Volvemos pronto a casa -mañana es día de escuela- pero en conjunto ha sido una tarde agradable.
Obra: "Malabrocca"
Compañía: El Gato Negro
Etiquetas: Actividades culturales varias

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