Absurdos cotidianos
A R., la secretaria del departamento, le acaban de regalar una plantita de esas que tienen como única tierra una pastilla de turba y un bulbo que hay que plantar en ella. Siempre hace ilusión que te regalen estas cosas por Navidad, claro.
Además del pitorreo propio de la expresión "apretar el bulbo" que venía en las instrucciones, O., otro compañero de trabajo, acaba de contarnos como él tiene uno de esos Fluvis que son una tomatera. Si, si, una tomatera.
Aunque yo no lo sabía, parece ser que en la Expo vendían unos muñecos que, convenientemente plantados y regados, dejaban salir una planta de tomates.

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