Dia a dia

Cuaderno de campo de un paseo por mi vida, día a día.

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Lugar: Zaragoza, Spain

lunes, diciembre 15, 2008

Destrozando el cuerpo

Estoy resfriadísima y me encuentro fatal. Y es que ya no tengo 18 añitos, y claro, los excesos del fin de semana no han ayudado a recuperarme del cambio horario, ni de los cambios de temperatura, ni nada.

Con un resfriado salvaje después de mis desventuras neoyorkinas, cogí un tren a Madrid el sábado por la mañana para reunirme con unas amigas y dar una sorpresa a C. por su cumpleaños. le regalábamos un masajito y una cesta de desayuno (que tenía que llevarle a casa un masajista guapo guapísimo). Tuve que adelantar el tren para llegar a tiempo, porque el
masajista supuestamente estaría en su casa a las 9 y poco. El madrugón me dejó fatal, y encima fue inútil: había nevado, las carreteras estaban fatal y el masajista, el masaje y el desayuno se retrasaron hasta media mañana. Al final, acabamos desayunando a eso de las doce, casi nada.

Por la tarde, con una congestión de caballo, hicimos una comida-cena ligera y ya por la noche nos fuimos al bar donde C. iba a celebrar su cumple. Cuarenta años no se cumplen todos los días, y este año C. lo quería celebrar por todo lo alto, reuniendo a amigos de todos lados. De hecho, y a pesar del cansancio del viaje, esa era la razón por la que estaba allí en vez de en mi sofá.

Me lo pasé genial, vi a gente a la que hace tiempo no veía y creo que hablé con casi todos. Además, cogí la cámara de fotos de C. y me dediqué a hacer fotos ("robados") a todo bicho viviente, lo que C. agradeció mucho cuando vió el resultado. Y es que cuando cojo una cámara digital soy el terror: tengo el gatillo fácil.

El punto en contra es que había comido muy poco, había bebido mucho y además llevaba todo el día dopada con paracetamol, así que llegó un momento en que acabé un "pelín" perjudicada.

¡¡Menos mal que me llevaron a casa en coche!! Que si no...

Claro, al día siguiente estaba fatal de los fatales y cuando Mc me sacó de la cama diciéndome que ya había aterrizado, que tenía el equipaje y que le dijera donde venía a verme, casi me da un yuyu. una ducha y un café hicieron milagros, pero nada impidió que le contagiara el resfriado
al pobre. Después tenía comida familiar, así que yo, mi resfriado, mi resaca, C. y la suya nos fuimos a comer todos juntos, aliñando la ensalada con paracetamol, porque ella también estaba hecha puré.

A lo tonto, fue llegar a casa y derrumbarme en el sofá, sin ganas para nada. ¡¡Otro día sin terminar de deshacer la maleta!! ¿Será hoy el día?

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