Cuenta atrás
El próximo domingo se acaba la Expo, y, aunque me faltan muchas cosas por ver, no me importa demasiado. Lo que pueda ver, lo veré. El resto, "tant pis!", que dirían los franceses. Además, pienso que no hay ningún pabellón por el que merezca la pena hacer más de 45 minutos de fila, y eso restringe mucho ahora que la gente está como loca. ¡¡Hasta cuatro horas he visto esperar al personal por ver una filmación!! Si, vale, en 3D, pero no deja de ser una peliculilla de menos de quince minutos.
En cualquier caso, quedan unos cuantos dias y aún intentaré ver algunos de los pabellones que me faltan. Esta semana tengo previstas tres visitas a la Expo, como mínimo.Bueno, dos, porque ayer por la tarde hice la primera.
Fui con mi hermana, embarazadísima de siete meses y pico, lo que nos permite utilizar las filas de "lisiados" de los pabellones. En teoría son más cortas, pero hecha la ley, hecha la trampa, con lo que puedes llegar a esperar tanto en una "normal" como en una fila de "minusválidos". Mi hermana me contó de casos conocidos de primera mano, de los que hacen echarse las manos a la cabeza. Sin ir más lejos, gente cambiándose la tarjeta de minusválidos, un grupo haciendo turnos para entrar (cambiando al ocupante de la silla de ruedas),...La verdad es que el abuso de esas filas es impresionante, por mucho que ahora ya comprueben el DNI antes de dejar que alguien use la entrada "especial". Sin ir más lejos, la fila para conseguir el pase preferente es enorme; ¡¡hay hasta lista de espera para sllas de ruedas!! Si, esas mismas sillas de ruedas que después se ven vacías. Y otra pregunta, si una persona necesita silla de ruedas, ¿cómo ha llegado hasta allí? ¿arrastrándose?
Bueno, el caso es que ayer, a eso de las seis, mi hermana y yo estábamos dispuestas a ver los dos o tres pabellones más solicitados de la Expo: Alemania, Japón y Kazajistán.
Japón estaba imposible; 50 minutos de espera hiciéramos lo que hiciéramos. Siendo así, lo dejé correr para otra ocasión y es que mi hermanita, por muy valiente que sea, se cansa ya de estar mucho de pié.
En Alemania tuvimos que esperar un rato. Media hora, quizá. A cambio, hay que decir que es un pabellón super trabajado. Han preparado un recorrido por el "subsuelo" con unas barquitas comodísimas que te llevan por un canal mientras te cuentan la forma de depurar el agua. Al final, unas cuantas pantallas interactivas muestran como gestionan el agua, y, para terminar, hay una fuente de agua fresquísima. Perfecta para los dias de calor, como el de ayer.Aunque quizá sea el mejor pabellón de todos - o el segundo -, confirmé mi creencia: no merece la pena esperar dos horas y media por verlo.
Para acabar el día -mi pobre hermana no podía más-, fuimos a Kazajistán. No tuvimos que esperar demasiado, y la verdad es que el pabellón estaba bastante bien. Primero habían reproducido un paisaje invernal, con nieve y bajas temperaturas, que llevaba a una yurta (la tienda tradicional de aquellos parajes). Se trata de una tienda portatil, redonda, porque tradicionalmente creían que los malos espíritus se escondían en las esquinas. Tras un momento en la yurta, salímos por otra puerta (normalmente las yurtas solo tienen una) y nos encontramos en un paisaje estival, mucho menos cálido que el español, debo de decir.Por último, una proyección y varios carteles que rodean varios árboles dejan paso a una tienda de recuerdos y por último, la salida.
La verdad es que me gustó. A ver que veo esta tarde...
En cualquier caso, quedan unos cuantos dias y aún intentaré ver algunos de los pabellones que me faltan. Esta semana tengo previstas tres visitas a la Expo, como mínimo.Bueno, dos, porque ayer por la tarde hice la primera.
Fui con mi hermana, embarazadísima de siete meses y pico, lo que nos permite utilizar las filas de "lisiados" de los pabellones. En teoría son más cortas, pero hecha la ley, hecha la trampa, con lo que puedes llegar a esperar tanto en una "normal" como en una fila de "minusválidos". Mi hermana me contó de casos conocidos de primera mano, de los que hacen echarse las manos a la cabeza. Sin ir más lejos, gente cambiándose la tarjeta de minusválidos, un grupo haciendo turnos para entrar (cambiando al ocupante de la silla de ruedas),...La verdad es que el abuso de esas filas es impresionante, por mucho que ahora ya comprueben el DNI antes de dejar que alguien use la entrada "especial". Sin ir más lejos, la fila para conseguir el pase preferente es enorme; ¡¡hay hasta lista de espera para sllas de ruedas!! Si, esas mismas sillas de ruedas que después se ven vacías. Y otra pregunta, si una persona necesita silla de ruedas, ¿cómo ha llegado hasta allí? ¿arrastrándose?
Bueno, el caso es que ayer, a eso de las seis, mi hermana y yo estábamos dispuestas a ver los dos o tres pabellones más solicitados de la Expo: Alemania, Japón y Kazajistán.
Japón estaba imposible; 50 minutos de espera hiciéramos lo que hiciéramos. Siendo así, lo dejé correr para otra ocasión y es que mi hermanita, por muy valiente que sea, se cansa ya de estar mucho de pié.
En Alemania tuvimos que esperar un rato. Media hora, quizá. A cambio, hay que decir que es un pabellón super trabajado. Han preparado un recorrido por el "subsuelo" con unas barquitas comodísimas que te llevan por un canal mientras te cuentan la forma de depurar el agua. Al final, unas cuantas pantallas interactivas muestran como gestionan el agua, y, para terminar, hay una fuente de agua fresquísima. Perfecta para los dias de calor, como el de ayer.Aunque quizá sea el mejor pabellón de todos - o el segundo -, confirmé mi creencia: no merece la pena esperar dos horas y media por verlo.
Para acabar el día -mi pobre hermana no podía más-, fuimos a Kazajistán. No tuvimos que esperar demasiado, y la verdad es que el pabellón estaba bastante bien. Primero habían reproducido un paisaje invernal, con nieve y bajas temperaturas, que llevaba a una yurta (la tienda tradicional de aquellos parajes). Se trata de una tienda portatil, redonda, porque tradicionalmente creían que los malos espíritus se escondían en las esquinas. Tras un momento en la yurta, salímos por otra puerta (normalmente las yurtas solo tienen una) y nos encontramos en un paisaje estival, mucho menos cálido que el español, debo de decir.Por último, una proyección y varios carteles que rodean varios árboles dejan paso a una tienda de recuerdos y por último, la salida.
La verdad es que me gustó. A ver que veo esta tarde...
Etiquetas: Expo Zaragoza 2008

0 Comments:
Publicar un comentario
<< Home