Dia a dia

Cuaderno de campo de un paseo por mi vida, día a día.

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Lugar: Zaragoza, Spain

jueves, julio 10, 2008

Visita a la Expo III

Todas las noches la Expo se llena de espectáculos, y ayer por fin pude asistir a uno de los que me interesaban. Según el programa, a las 11 empezaba un concierto de ópera italiana. Bueno, según el programa colgado en Internet, porque parece ser que los voluntarios repartían una versión donde los conciertos del anfiteatro 43 comenzaban a las doce menos cuarto.

Mi hermana me había dicho que vendría, pero, como tardaba, decidí esperarla allí e intentar ver el espectáculo del Iceberg. Este es un espectáculo que realizan todos los días a las diez y media de la noche. En teoría, es un iceberg -de cartón piedra, claro está- varado en el río que, en un momento dado, comienza a derretirse.

Todo comienza por el salto de los pingüinos ficticios que están en lo alto de la construcción. En ese momento, la parte frontal del armatoste se desliza hacia delante y los dos pedazos se desplazan lateralmente en el rio, dejando ver la parte de atrás de una especie de cabeza metálica con una pantalla gigante. Mientras la música suena y la cabeza gira -leeeeeeeennnnntaaaaaaaaaaaameeeeeeeeeeennnnnnteeeeeee-,
se emiten imágenes tremendistas en la pantalla y también en los trozos de iceberg que quedan en pie.

No me gustó nada, la verdad. Se me hizo largo y me pareció bastante catastrofista. Según una amiga con la que me reuní luego, la primera vez que lo había visto había vuelto a casa con remordimientos de tirar una hoja de papel. Claro, si, mucha ecología, pero...¿los trozos de rail que están en el río?¿se lubrican con agua? Y ese aceite, ¿es ecológico? En fin, yo tengo asumidas mis limitaciones desde hace tiempo así que no me voy a sentir culpable por coger el coche en vez del autobus por mucho que insistan.

Una vez terminado el espectáculo, del cual se salvaba solamente la música, nos dirigimos en riada al anfiteatro, donde el concierto empezaría en diez minutos. Mi hermana me llamó para confirmarme que no venían. Puesto que yo ya estaba acompañada y veían la riada de gente que
se acercaba, decidieron volverse a casa. No estaban dispuestos a verlo de pie.

El concierto estuvo genial. Cuatro cantantes que, durante más de hora y media, nos hicieron disfrutar de arias y fragmentos conocidos de ópera italiana -Rossini y Verdi, la mayoría-. Se echó de menos el programa, puesto que solamente era posible identificar las piezas si las conocías
de antes.

En cualquier caso, fue un concierto precioso en una noche no demasiado calurosa. Me acordé del A., que lo hubiera disfrutado.

La parte negativa de estas cosas, para variar, es la hora a la que acaban. A lo tonto, entre bises y aplausos, cogí el autobús a la una de la mañana y llegué a mi casa a las dos, ya que, ¡mierda! cogí el 8 en vez del 23, que sí me hubiera dejado en Independencia.

Gran lección para la próxima: los autobuses de la Expo no hace el mismo recorrido de ida que de vuelta.

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