Odio la Coca Cola
Ya hace un tiempo que no la pruebo -sola, porque en cubatas aún me gusta- porque la considero agua con azúcar. Me empalaga...¡¡Quién me ha visto y quien me ve!! En cualquier caso, y siguiendo el manual de la buena anfitriona, siempre tengo un buen inventario de latas en casa. No molestan, y si viene alguien siempre van bien.
Bueno, no molestaban...hasta ayer.
Por la mañana, al coger una caja de leche de la despensa, un olor dulzón me atacó sin avisar. ¿Qué sería? Las cajas de leche, las galletas, el atún y el café estaban mojados, cubiertos de una capa marrón pegajosa que en un principio no supe identificar. Tenía que irme a trabajar, así que así se quedó.
Mirándolo por el lado bueno, siempre es mejor el olor a jarabe que el olor a fritanga con el que me obsequian mis vecinos tarde si y tarde también. ¿No sabrán cocinar sano?
En fin, volviendo al tema, por la noche empecé a vaciar el armario que me sirve de despensa. Parafraseando a Shapeskeare, ¿Quien iba a imaginar que el armario tuviera tantas latas dentro?
Empecé a sacar, a sacar y a sacar...hasta que solo quedaron dentro las latas de bebida. ¡Horror, seguro que era coca-cola!!
Pues si, una de las latas se había abierto por un lado (¿¿será la fatiga del metal??¿¿el ácido fosfórico atacando a la hojalata??) y había derramado 33 cl de jarabe marrón pegajoso por todo el armario, llegando al suelo de la cocina y meténdose debajo del frigorífico. Ufff, ¡la ilusión de mi vida!¡Empezar a limpiar lata por lata!
Con paciencia y un paño, conseguí arreglar parte del desaguisado, aunque me temo que esa alacena olerá a dulce durante bastante tiempo...Solo espero que el resto de las latas aguanten sin explotar. Cuando se acaben he decidido que a partir de ahora las visitas tendrán cerveza o agua...¡¡a mandar!!
Etiquetas: Mi casita

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