Madrid
Cuando solo podía pensar en el fin de semana que planteaba pasarme tirada en mi sofá, mi amiga C. me avisó de que estaban pensando en hacer la comida de Navidad del N.D. este pasado domingo.
Por una parte, me apetecía mucho, pero parte de mi se moría por quedarse en casa disfrutando del "calor de hogar".
Al final, mis ganas de ver a mis amigos se impusieron a mi pereza, y cogí el tren el sábado por la mañana. Si, fui en tren; fui de rica, en el AVE, dejando "la gallina" -el autobús- para próximas ocasiones.
Ha sido un fin de semana intenso y divertido. Me he puesto al dia con C. , a la que tenía muchas ganas de ver. Como hacía sol, dimos un paseo con autohomenaje incluido...También aproveché para visitar a E., M. y a su bebé -dos meses y seis kilos de niño dormilón y riquísimo-. Debo de confesar que, aunque cada dia nos cuesta más encontrar el camino a su casa, llegar merece la pena. Son un encanto, y la maternidad le ha sentado genial a E..
Por la noche vino Q. a cenar. No le había visto en varios años, y me sorprendió ver que no había cambiado lo más mínimo. Y al dia siguiente, levantándome casi al mediodia, C. y yo nos dimos un paseo hacia el restaurante donde habíamos quedado a comer. Aunque faltaban algunos -paternidades responsables, vacaciones, y gripes varias-, nos juntamos once, incluyendo a los viajeros patagónicos -¡che!-.Fue divertido, y acabamos a eso de las seis y media, con la digestión medio hecha y un subidón de alcohol en la sangre nada despreciable.
Ha merecido la pena, pero no dejo de pensar que NADA va a impedir que el próximo fin de semana me quede en mi sofá, disfrutando de mi casa.
¿Apostamos?
Por una parte, me apetecía mucho, pero parte de mi se moría por quedarse en casa disfrutando del "calor de hogar".
Al final, mis ganas de ver a mis amigos se impusieron a mi pereza, y cogí el tren el sábado por la mañana. Si, fui en tren; fui de rica, en el AVE, dejando "la gallina" -el autobús- para próximas ocasiones.
Ha sido un fin de semana intenso y divertido. Me he puesto al dia con C. , a la que tenía muchas ganas de ver. Como hacía sol, dimos un paseo con autohomenaje incluido...También aproveché para visitar a E., M. y a su bebé -dos meses y seis kilos de niño dormilón y riquísimo-. Debo de confesar que, aunque cada dia nos cuesta más encontrar el camino a su casa, llegar merece la pena. Son un encanto, y la maternidad le ha sentado genial a E..
Por la noche vino Q. a cenar. No le había visto en varios años, y me sorprendió ver que no había cambiado lo más mínimo. Y al dia siguiente, levantándome casi al mediodia, C. y yo nos dimos un paseo hacia el restaurante donde habíamos quedado a comer. Aunque faltaban algunos -paternidades responsables, vacaciones, y gripes varias-, nos juntamos once, incluyendo a los viajeros patagónicos -¡che!-.Fue divertido, y acabamos a eso de las seis y media, con la digestión medio hecha y un subidón de alcohol en la sangre nada despreciable.
Ha merecido la pena, pero no dejo de pensar que NADA va a impedir que el próximo fin de semana me quede en mi sofá, disfrutando de mi casa.
¿Apostamos?
Etiquetas: Recorriendo mundo

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