La edad hace estragos
Y si pienso esto ahora, no sé qué ocurrirá cuando tenga diez años más...
Esta mañana me he dado cuenta de que hay que correr el botón de los pantalones. Esos bonitos pantalones que me compré hace una cantidad indecente de años, y que me encantan. Esos mismos pantalones que me venían como un guante cuando me los compré. Esos pantalones que ahora me quedan divinos una vez que consigo meter el culo, pero donde es imposible abrochar el botón de la cintura.
¡Ay!¿Donde estará esa cinturita de avispa que tenía yo?
Ya no voy a hablar de la imposibilidad de ser persona las mañanas después de una juerga. A los dieciocho, yo me iba de farra y la mañana siguiente estaba dando clase de matemáticas a una niña con ganas de aprender.
¿Hoy? Bebo una copa de vino o un cubata de más y al día siguiente parezco el Goblum del señor de los anillos, arrastrándome por mi casa. Y las bodas o acontecimientos especiales hacen que hasta dos días después esté en estado catatónico total.
¡Qué lástima, Señor!
Esta mañana me he dado cuenta de que hay que correr el botón de los pantalones. Esos bonitos pantalones que me compré hace una cantidad indecente de años, y que me encantan. Esos mismos pantalones que me venían como un guante cuando me los compré. Esos pantalones que ahora me quedan divinos una vez que consigo meter el culo, pero donde es imposible abrochar el botón de la cintura.
¡Ay!¿Donde estará esa cinturita de avispa que tenía yo?
Ya no voy a hablar de la imposibilidad de ser persona las mañanas después de una juerga. A los dieciocho, yo me iba de farra y la mañana siguiente estaba dando clase de matemáticas a una niña con ganas de aprender.
¿Hoy? Bebo una copa de vino o un cubata de más y al día siguiente parezco el Goblum del señor de los anillos, arrastrándome por mi casa. Y las bodas o acontecimientos especiales hacen que hasta dos días después esté en estado catatónico total.
¡Qué lástima, Señor!

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