Limpiando la agenda
Eso es lo que hice ayer: borrar teléfonos de la memoria del móvil.
Ha sido una temporada de decepciones sin fin (por idiota, vale, lo admito) que ha culminado en un fin de semana de pesadilla. Estoy dolida, de verdad, hasta un punto que poca gente sabe.
Y me siento sola, porque, por mucho que mi hermana y algunas amigas de verdad estén ahí, cuando te amputan algo que pensabas tuyo te sigue doliendo un tiempo.
¡Y mira que me doy cuenta de que lo único que me he quitado son el equivalente de las verrugas!
Escena primera:
Antes de irme de vacaciones me llama una de las presuntas(*) y me dice que no le gusta la relación que tengo con su hermana (llamemosla P). Hasta ahí bien, no tengo ninguna relación desde que hizo por no verme en Abril. Que P me había dejado de hablar -esto es nuevo; pensaba que era al revés- porque le habían llegado noticias de que no me alegraba de su boda, y de que pensaba que era muy precipitada (¡¡!!) y de que se casaba por estar desesperada (¡¡!! esta parte me encantó: ¡es taaaaaaan imaginativa!).
En la misma llamada me dijo que no pensaba que hubiera dicho eso, y que, confirmándolo, esperaba que yo llamase a su hermana para aclarar las cosas. ¡Pues iba lista! Entonces yo le conté que la que estaba escocida como el culo de un bebé era yo, y que no iba a llamar.
Me dijo que ella solo hablaba por su hermana, no por todas las demás, y que, claro, su hermana no quería una amiga que no se alegrase por su boda.
Me dejó peor que antes, la verdad. No contenta con el recibimiento que me habían hecho, va y escucha al primero que le va con cuentos. Y encima asume que es verdad, sin preguntar. ¡manda huevos!
Escena segunda:
La semana pasada, toda dolida y sin haber dejado de pensar en estas cosas, le escribí una carta manuscrita a P dejándole claro que si me alegraba de su boda, pero que me había decepcionado que daba gusto.
Escena tercera:
Quedo a tomar café con mi prima y me cuenta que otra de las presuntas (llamémosle M) se casa en Noviembre. Se lo había contado C, y claro, mi pobre prima estaba un poco preocupada pensando que quizá no tenía que habermelo contado. Para más aclaración, yo había hablado con C esta semana pasada como si tal cosa.
Si lees esto, R, tranquila, has hecho bien. Es bueno saber a tiempo los apoyos con los que cuentas, y los que te dejan colgada a la mínima. Sobretodo si tienes una vista para catar a la gente de miope con cataratas como la mía.
En teoría mi relación con M seguía como siempre. Yo le había llamado un par de veces por su cumple, le había dejado mensajitos, aunque solo me había respondido a uno. En su línea, vamos. Pero enterarme de su boda por un comentario de terceros no me lo esperaba.
Lo dicho: soy mema y no cambiaré.
Escena cuarta:
Le felicito el cumple a S (otra que tal baila), y le comentó la posibilidad de vernos este fin de semana. Vale, -me responde- podemos quedar a cenar todas,...
Y ahí le corto:
-Prefiero que no. Yo voy a tomar café cuando podais, pero paso de rollos-
- ¿Pero aún estais así? Pensaba que se os había pasado...- Como si fuese el sarampión, vamos.
-Pues no, S, yo no las llamo; ellas tampoco; es difícil que nada se haya arreglado.
Nota: S vive en un mundo feliz donde gente como yo es excentrica y exagera un pelo
- Ah, ya te llamaré el sábado al mediodía, pues-
No aclaró de que fin de semana hablábamos, porque este no fue, lo juro.
Le escribí un mensajito el sábado, pero tuve la callada por respuesta.
Escena quinta:
Para acabar el fin de semana, el domingo por la mañana me encuentro a P, que me saluda totalmente efusiva, y me dice que ya hablaremos.
Me descolocó.
Y como tenía prisa, ni la pude esperar. Eso fue un error, porque ella quería hablar. No se de qué, pero seguro que la persona mezquina que ha hablado por mi puede aclararle cualquier punto.
En este punto de la obra, me dediqué a borrar teléfonos del móvil. Y, si nada lo remedia, esta semana seguiré. Es una memoria ocupada en balde, para nada, y seguro que está mejor libre que ocupada por esos números.
¡Ójala fuera tan fácil quitarse estas historias de la cabeza!
(*) Llamarlas ex-amigas sería demasiado porque no creo que nunca hayan sido amigas. Conocidas tampoco vale porque para mi fueron algo más (ciega que estaba) . Presuntas amigas, o por acortar, presuntas, es el adjetivo perfecto.
Ha sido una temporada de decepciones sin fin (por idiota, vale, lo admito) que ha culminado en un fin de semana de pesadilla. Estoy dolida, de verdad, hasta un punto que poca gente sabe.
Y me siento sola, porque, por mucho que mi hermana y algunas amigas de verdad estén ahí, cuando te amputan algo que pensabas tuyo te sigue doliendo un tiempo.
¡Y mira que me doy cuenta de que lo único que me he quitado son el equivalente de las verrugas!
Escena primera:
Antes de irme de vacaciones me llama una de las presuntas(*) y me dice que no le gusta la relación que tengo con su hermana (llamemosla P). Hasta ahí bien, no tengo ninguna relación desde que hizo por no verme en Abril. Que P me había dejado de hablar -esto es nuevo; pensaba que era al revés- porque le habían llegado noticias de que no me alegraba de su boda, y de que pensaba que era muy precipitada (¡¡!!) y de que se casaba por estar desesperada (¡¡!! esta parte me encantó: ¡es taaaaaaan imaginativa!).
En la misma llamada me dijo que no pensaba que hubiera dicho eso, y que, confirmándolo, esperaba que yo llamase a su hermana para aclarar las cosas. ¡Pues iba lista! Entonces yo le conté que la que estaba escocida como el culo de un bebé era yo, y que no iba a llamar.
Me dijo que ella solo hablaba por su hermana, no por todas las demás, y que, claro, su hermana no quería una amiga que no se alegrase por su boda.
Me dejó peor que antes, la verdad. No contenta con el recibimiento que me habían hecho, va y escucha al primero que le va con cuentos. Y encima asume que es verdad, sin preguntar. ¡manda huevos!
Escena segunda:
La semana pasada, toda dolida y sin haber dejado de pensar en estas cosas, le escribí una carta manuscrita a P dejándole claro que si me alegraba de su boda, pero que me había decepcionado que daba gusto.
Escena tercera:
Quedo a tomar café con mi prima y me cuenta que otra de las presuntas (llamémosle M) se casa en Noviembre. Se lo había contado C, y claro, mi pobre prima estaba un poco preocupada pensando que quizá no tenía que habermelo contado. Para más aclaración, yo había hablado con C esta semana pasada como si tal cosa.
Si lees esto, R, tranquila, has hecho bien. Es bueno saber a tiempo los apoyos con los que cuentas, y los que te dejan colgada a la mínima. Sobretodo si tienes una vista para catar a la gente de miope con cataratas como la mía.
En teoría mi relación con M seguía como siempre. Yo le había llamado un par de veces por su cumple, le había dejado mensajitos, aunque solo me había respondido a uno. En su línea, vamos. Pero enterarme de su boda por un comentario de terceros no me lo esperaba.
Lo dicho: soy mema y no cambiaré.
Escena cuarta:
Le felicito el cumple a S (otra que tal baila), y le comentó la posibilidad de vernos este fin de semana. Vale, -me responde- podemos quedar a cenar todas,...
Y ahí le corto:
-Prefiero que no. Yo voy a tomar café cuando podais, pero paso de rollos-
- ¿Pero aún estais así? Pensaba que se os había pasado...- Como si fuese el sarampión, vamos.
-Pues no, S, yo no las llamo; ellas tampoco; es difícil que nada se haya arreglado.
Nota: S vive en un mundo feliz donde gente como yo es excentrica y exagera un pelo
- Ah, ya te llamaré el sábado al mediodía, pues-
No aclaró de que fin de semana hablábamos, porque este no fue, lo juro.
Le escribí un mensajito el sábado, pero tuve la callada por respuesta.
Escena quinta:
Para acabar el fin de semana, el domingo por la mañana me encuentro a P, que me saluda totalmente efusiva, y me dice que ya hablaremos.
Me descolocó.
Y como tenía prisa, ni la pude esperar. Eso fue un error, porque ella quería hablar. No se de qué, pero seguro que la persona mezquina que ha hablado por mi puede aclararle cualquier punto.
En este punto de la obra, me dediqué a borrar teléfonos del móvil. Y, si nada lo remedia, esta semana seguiré. Es una memoria ocupada en balde, para nada, y seguro que está mejor libre que ocupada por esos números.
¡Ójala fuera tan fácil quitarse estas historias de la cabeza!
(*) Llamarlas ex-amigas sería demasiado porque no creo que nunca hayan sido amigas. Conocidas tampoco vale porque para mi fueron algo más (ciega que estaba) . Presuntas amigas, o por acortar, presuntas, es el adjetivo perfecto.
Etiquetas: Presuntas ZgZ

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