Que San Agapito nos coja confesados...
Una de las imágenes que más recuerdo de cuando era cría, era la viñeta de Mortadelo donde él, antes de subirse a un coche modificado por el bacterio, agitaba el pañuelo mirando al cielo.
Ante la pregunta del "jefe", él alegaba que estaba llamando la atención de San Agapito, porque iban a necesitar que mirase para salir con bien de aquella.
Pues bien, cada vez que vengo en coche a trabajar me da la sensación de que si no hay más accidentes es porque alguien ha agitado un pañuelo tamaño vela mayor.
Esta mañana, sin ir más léjos, un cabestro (de los muuuuuchos que hay al volante) ha decidido que el carril donde obligaba a girar a la derecha no le obligaba a nada, y ha decidido echarse encima de los que estábamos para girar al otro lado (¡¡tontos de nosotros!!¡¡haciendo fila pudiendo saltarnos las normas!!-lease con ironía).
Capítulo aparte merecen los que se dedican a buscar champiñones. Si, si, champiñones. Porque buscar aparcamiento se hace a más de 3 metros por hora. Sin intermitente ni nada, eso si (¿¿para qué servirá esa palanquita?? deben de pensar).
Y como no quiero alargarme demasiado, no voy a hablar de la prepotencia de los camiones y de los autobuses. Si, ya sabemos que sois más grandes, pero, ¡¡no hace falta que nos echeis del carril para demostrarlo, chavales!!
La verdad es que no es la primera vez, ni la última, que tendré que sortear a este tipo de gente. Yo soy bastante prudente, aunque tengo mi puntito agresivo al volante, y me joroba, como a todos, tener que esperar en ciertos sitios donde se puede pasar sin problema, o las señales ilógicas (que haberlas, haylas).
Pero si están ahí, es por algo. Y dejar de cumplirlas igual significa poner en problemas al que si las cumple.
En fin, que seguiré mirando al cielo y agitando un mantel para que S. Agapito mire hacia abajo.
Ante la pregunta del "jefe", él alegaba que estaba llamando la atención de San Agapito, porque iban a necesitar que mirase para salir con bien de aquella.
Pues bien, cada vez que vengo en coche a trabajar me da la sensación de que si no hay más accidentes es porque alguien ha agitado un pañuelo tamaño vela mayor.
Esta mañana, sin ir más léjos, un cabestro (de los muuuuuchos que hay al volante) ha decidido que el carril donde obligaba a girar a la derecha no le obligaba a nada, y ha decidido echarse encima de los que estábamos para girar al otro lado (¡¡tontos de nosotros!!¡¡haciendo fila pudiendo saltarnos las normas!!-lease con ironía).
Capítulo aparte merecen los que se dedican a buscar champiñones. Si, si, champiñones. Porque buscar aparcamiento se hace a más de 3 metros por hora. Sin intermitente ni nada, eso si (¿¿para qué servirá esa palanquita?? deben de pensar).
Y como no quiero alargarme demasiado, no voy a hablar de la prepotencia de los camiones y de los autobuses. Si, ya sabemos que sois más grandes, pero, ¡¡no hace falta que nos echeis del carril para demostrarlo, chavales!!
La verdad es que no es la primera vez, ni la última, que tendré que sortear a este tipo de gente. Yo soy bastante prudente, aunque tengo mi puntito agresivo al volante, y me joroba, como a todos, tener que esperar en ciertos sitios donde se puede pasar sin problema, o las señales ilógicas (que haberlas, haylas).
Pero si están ahí, es por algo. Y dejar de cumplirlas igual significa poner en problemas al que si las cumple.
En fin, que seguiré mirando al cielo y agitando un mantel para que S. Agapito mire hacia abajo.

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