Cata de ginebra
Ayer, después de una reunión que se alargó toda la tarde, y de la consiguiente cena de trabajo (*) con los colegas, llegó el momento de la copa.
Lunes por la noche en Pamplona. Medianoche, para ser más exactos. Con esto ya está casi todo dicho: las calles estaban desiertas y oscuras, y solamente un par de locales permanecían abiertos. Entramos en el Niza, en el centro, y aunque no había más que una pareja, nosotros nos encargamos de llenar el local.
Elena y yo pedimos un gin tonic al camarero, y aprovechando la ocasión -no salgo tanto-, le pregunté por la ginebra Citadelle, que mi prima me había nombrado alguna vez. Esa pregunta, y el hecho de que Elena pidiera Bombay, dió lugar a un despliegue increíble de distintas ginebras.
Para empezar, desechó la Bombay desde el principio. De lo peorcito que tenía. Si queríamos una ginebra "normal", nos sugería la Seagrams. Si queríamos salir de allí -y sí, efectivamente queríamos-, nos sugería probar otras...
La William Martins, la Bull Dog,... No me acuerdo ni de la mitad, pero Elena yo probamos todas gracias a que todo el mundo acabó animándose a salir de lo corriente. La copa estaba deliciosa, con su cáscara de limón dándole el toque ácido que necesita. Sencillamente delicioso.
*Estuvimos cenando en un sitio increíble, el Melbourne, en la Calle Olite. Una cena deliciosa con una presentación impecable y muy bien de precio.
Etiquetas: Recorriendo mundo, Trabajo

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