Viaje aprovechado
Ayer, aprovechando que hacía noche en Madrid, quedé a cenar con el A. Hacía un montón que no lo veía, y aproveché la llegada tardía del vuelo de Roma. Lo aprecio mucho, y no deja de ser un amigo al que no quiero dejar.
Con las historias del último año, cada vez es más dificil quedar con todo el mundo cuando voy a Madrid. El grupo se ha dividido. Y además de ser bastante triste, al menos para mi, esto ha hecho que sea imposible cuadrar mi agenda cuando me acerco de fin de semana. Y el A. es una de las personas más difíciles de ver, ya que se ha quedado en el lado de la minoría. Por eso agradezco estas paradas en Madrid entre viaje y viaje que me permiten quedar con la gente a la que veo menos.
Aterricé pronto, con lo que salí de la terminal dos minutos antes de que llegara a buscarme. Decliné la raclette como opción de cena (sobredosis de queso durante dos días en Roma) y me propuso acercarnos a la inauguración de una exposición naif a la que le había invitado un amigo. Una forma diferente de comenzar una noche.
Después de tomar una cerveza con su amigo, nos acercamos a cenar a la "Antigua taberna de los cien vinos", en la C/ Nuncio. A pesar del nombre era un restaurante bastante modernete que solo tenía de antiguo el nombre. La cena no estuvo mal, pero fue bastante cara y no me dejó con ganas de repetir. Especialmente los vinos (no se si serían 100 aunque parecían menos) eran bastante caros, lo que hizo que saliéramos a más de 30€ por barba. Una exageración para lo que comimos.
A pesar de esto, la cena fue muy agradable, y la conversación con el A. muy amena. Perfecto para una noche de jueves, antes de pisar el dintel del fin de semana.
Con las historias del último año, cada vez es más dificil quedar con todo el mundo cuando voy a Madrid. El grupo se ha dividido. Y además de ser bastante triste, al menos para mi, esto ha hecho que sea imposible cuadrar mi agenda cuando me acerco de fin de semana. Y el A. es una de las personas más difíciles de ver, ya que se ha quedado en el lado de la minoría. Por eso agradezco estas paradas en Madrid entre viaje y viaje que me permiten quedar con la gente a la que veo menos.
Aterricé pronto, con lo que salí de la terminal dos minutos antes de que llegara a buscarme. Decliné la raclette como opción de cena (sobredosis de queso durante dos días en Roma) y me propuso acercarnos a la inauguración de una exposición naif a la que le había invitado un amigo. Una forma diferente de comenzar una noche.
Después de tomar una cerveza con su amigo, nos acercamos a cenar a la "Antigua taberna de los cien vinos", en la C/ Nuncio. A pesar del nombre era un restaurante bastante modernete que solo tenía de antiguo el nombre. La cena no estuvo mal, pero fue bastante cara y no me dejó con ganas de repetir. Especialmente los vinos (no se si serían 100 aunque parecían menos) eran bastante caros, lo que hizo que saliéramos a más de 30€ por barba. Una exageración para lo que comimos.
A pesar de esto, la cena fue muy agradable, y la conversación con el A. muy amena. Perfecto para una noche de jueves, antes de pisar el dintel del fin de semana.
Etiquetas: Recomendaciones y sugerencias

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