Las ideas claras
Fui a Barcelona a la expectativa, sin saber a qué carta atenerme. La preparación del viaje me había dejado bastante fría, y el hecho de que la posibilidad del mal tiempo le hubiera hecho recular y plantearse si ir o no había sido un jarro de agua fría. Para mí, lo de Barcelona era una excusa para vernos, y para él, según parecía, era un fin de semana turístico. Algo fallaba, pero quería ver como estaban las cosas y en qué situación estábamos.
Nos reunimos el viernes directamente en el hotel. Yo había ido en tren, y él en avión, y aunque habíamos hecho coincidir bastante bien los horarios, él había llegado un rato antes. Cuando abrió la puerta, me recibió con un beso -con una serie, realmente-. La habitación era pequeña y la mayor parte estaba ocupada por una cama. Tenía un pequeño rincón con un sillón y una mesa con una ventana que daba al rótulo luminoso del hotel. Bueno, no estaba mal. Además la localización, que es lo verdaderamente importante, era perfecta; entre el paseo de Gracia y la rambla de Cataluña, a tiro de piedra de casi todo.
Estuvimos un rato en la cama, echados, viendo la tele y haciéndonos arrumacos. Me comentó que la previsión del tiempo para el fin de semana incluía un temporal de viento huracanado, que llegaría esa misma noche, ante lo que no pude menos de reirme. ¿Tan importante es el tiempo? ¿Tanta historia por el viento? Intenté hacerle entender que su indecisión me había dejado a cuadros pero no fue capaz de entenderlo. Él se escudaba en que, estando solamente un fin de semana en una ciudad, era una estupidez ir con lluvia si podía evitarse. Estaba claro que no estábamos hablando de lo mismo, pero dejé de intentar explicárselo al segundo intento. Si no es capaz de comprenderlo, no voy a ser yo quien se lo explique. Con estas cosas, me doy cuenta, ocurre como en los chistes: si tienes que explicarlos pierden toda la gracia.
Nos fuimos a cenar a Borne, cogidos de la mano, y disfrutando de una noche no excesivamente fría. No deja de ser un chico majo con sentido del humor y buena conversación, así que en cualquier caso sabía que iba a disfrutar. Durante estas semanas, la falta de contacto (más bien, la falta de necesidad de contacto) me había hecho dudar sobre la situación, y sobre qué había entre nosotros. Me había propuesto esperar hasta el fin de semana para preguntarle sobre este tema, pero no pude esperar y ya durante las copas le espeté un "Creo que no vamos a ninguna parte", explicándole que veía que "falta algo, quizá entusiasmo". Como mientras se lo decía estábamos haciendo manitas y dándonos besos, no creo que me tomara demasiado en serio, pero me dijo algo que se me quedó clavado: "Somos amigos achuchables". Añadió que no sabía si íbamos a ninguna parte pero que estaba muy a gusto conmigo. Yo también, pero no creo que eso me baste, ¿sabes?, omití.
En cierta manera esta "etiqueta" me dejó muy tranquila. Quizá sea demasiado racional, pero de alguna manera yo necesitaba ponerle nombre a las cosas, a esto. El resto del fin de semana fue agradable, aunque se quejó todo lo que quiso del viento. Era fuerte, si, y tiró árboles y mobiliario urbano, pero yo no dejaba de verlo como una incomodidad y no un impedimento. Mientras le tomaba el pelo, no podía evitar pensar que, de haber estado en su casa, no hubiera salido en todo el fin de semana. ¡Cómo para vivir en ZgZ! También debo admitir que, si el domingo no pudimos visitar el parque Güell, fue precisamente a causa de los árboles caídos. Quizá lo juzgue un pelín exagerado pero algo de razón tenía el chaval...
El domingo, antes de separarnos para volver a casa, tomamos un café cerca de la catedral. Quizá no debí hacerlo, pero volví a comentarle que no veía las cosas claras. "¿Acaso te quita el sueño?", me replicó. Y no, él ya había comprobado que no me quita el sueño, pero soy como soy, y necesito tener las cosas medianamente claras.
Más claras no me las pudo dejar, a mi modo de ver. Cuando me lié con él tampoco lo pensé mucho, pero me hice ilusiones. Me gustaba y estaba a gusto con él, y quizá me esperaba otra cosa. Ha pasado poco tiempo, pero no he visto -ni sentido- la ilusión que suele (y debe) acompañar al inicio de una relación de pareja. Pese a todo, no sabía a que atenerme, y si me hubieran preguntado, no habría sabido qué decir sobre nosotros. ¿Un rollito?¿Un tonteo? Ahora lo se: no hay nada: ni compromiso ni ataduras, por leves que sean. Me siento libre como el viento, aunque un poco desconcertada.
No solo por las expectativas no cumplidas, sino por algunos comentarios que, a lo largo del fin de semana, no se correspondían con el concepto "amigos achuchables". Al menos el concepto que yo tengo. Hablaba de ir de vacaciones a algún sitio juntos, de 'guardar la ausencia'...¿En qué parte del contrato de "amiga achuchable" ha leído eso? Va a ser que no. Además, me hace comentarios sobre su trabajo que, según mi hermana, son normales, porque los chicos normalmente no tienen confidentes a la manera en que los tenemos nosotras. También es cierto, como dice ella, que hace ya muchísimo tiempo que no tengo un amigo y claro, no estoy acostumbrada, pero es normal que me cuente estas cosas.
Da lo mismo. Si necesitaba algo para terminar de enfriarme, era esto. Me has dicho todo, 'corasao', y no es lo que quería oir.
Nos reunimos el viernes directamente en el hotel. Yo había ido en tren, y él en avión, y aunque habíamos hecho coincidir bastante bien los horarios, él había llegado un rato antes. Cuando abrió la puerta, me recibió con un beso -con una serie, realmente-. La habitación era pequeña y la mayor parte estaba ocupada por una cama. Tenía un pequeño rincón con un sillón y una mesa con una ventana que daba al rótulo luminoso del hotel. Bueno, no estaba mal. Además la localización, que es lo verdaderamente importante, era perfecta; entre el paseo de Gracia y la rambla de Cataluña, a tiro de piedra de casi todo.
Estuvimos un rato en la cama, echados, viendo la tele y haciéndonos arrumacos. Me comentó que la previsión del tiempo para el fin de semana incluía un temporal de viento huracanado, que llegaría esa misma noche, ante lo que no pude menos de reirme. ¿Tan importante es el tiempo? ¿Tanta historia por el viento? Intenté hacerle entender que su indecisión me había dejado a cuadros pero no fue capaz de entenderlo. Él se escudaba en que, estando solamente un fin de semana en una ciudad, era una estupidez ir con lluvia si podía evitarse. Estaba claro que no estábamos hablando de lo mismo, pero dejé de intentar explicárselo al segundo intento. Si no es capaz de comprenderlo, no voy a ser yo quien se lo explique. Con estas cosas, me doy cuenta, ocurre como en los chistes: si tienes que explicarlos pierden toda la gracia.
Nos fuimos a cenar a Borne, cogidos de la mano, y disfrutando de una noche no excesivamente fría. No deja de ser un chico majo con sentido del humor y buena conversación, así que en cualquier caso sabía que iba a disfrutar. Durante estas semanas, la falta de contacto (más bien, la falta de necesidad de contacto) me había hecho dudar sobre la situación, y sobre qué había entre nosotros. Me había propuesto esperar hasta el fin de semana para preguntarle sobre este tema, pero no pude esperar y ya durante las copas le espeté un "Creo que no vamos a ninguna parte", explicándole que veía que "falta algo, quizá entusiasmo". Como mientras se lo decía estábamos haciendo manitas y dándonos besos, no creo que me tomara demasiado en serio, pero me dijo algo que se me quedó clavado: "Somos amigos achuchables". Añadió que no sabía si íbamos a ninguna parte pero que estaba muy a gusto conmigo. Yo también, pero no creo que eso me baste, ¿sabes?, omití.
En cierta manera esta "etiqueta" me dejó muy tranquila. Quizá sea demasiado racional, pero de alguna manera yo necesitaba ponerle nombre a las cosas, a esto. El resto del fin de semana fue agradable, aunque se quejó todo lo que quiso del viento. Era fuerte, si, y tiró árboles y mobiliario urbano, pero yo no dejaba de verlo como una incomodidad y no un impedimento. Mientras le tomaba el pelo, no podía evitar pensar que, de haber estado en su casa, no hubiera salido en todo el fin de semana. ¡Cómo para vivir en ZgZ! También debo admitir que, si el domingo no pudimos visitar el parque Güell, fue precisamente a causa de los árboles caídos. Quizá lo juzgue un pelín exagerado pero algo de razón tenía el chaval...
El domingo, antes de separarnos para volver a casa, tomamos un café cerca de la catedral. Quizá no debí hacerlo, pero volví a comentarle que no veía las cosas claras. "¿Acaso te quita el sueño?", me replicó. Y no, él ya había comprobado que no me quita el sueño, pero soy como soy, y necesito tener las cosas medianamente claras.
Más claras no me las pudo dejar, a mi modo de ver. Cuando me lié con él tampoco lo pensé mucho, pero me hice ilusiones. Me gustaba y estaba a gusto con él, y quizá me esperaba otra cosa. Ha pasado poco tiempo, pero no he visto -ni sentido- la ilusión que suele (y debe) acompañar al inicio de una relación de pareja. Pese a todo, no sabía a que atenerme, y si me hubieran preguntado, no habría sabido qué decir sobre nosotros. ¿Un rollito?¿Un tonteo? Ahora lo se: no hay nada: ni compromiso ni ataduras, por leves que sean. Me siento libre como el viento, aunque un poco desconcertada.
No solo por las expectativas no cumplidas, sino por algunos comentarios que, a lo largo del fin de semana, no se correspondían con el concepto "amigos achuchables". Al menos el concepto que yo tengo. Hablaba de ir de vacaciones a algún sitio juntos, de 'guardar la ausencia'...¿En qué parte del contrato de "amiga achuchable" ha leído eso? Va a ser que no. Además, me hace comentarios sobre su trabajo que, según mi hermana, son normales, porque los chicos normalmente no tienen confidentes a la manera en que los tenemos nosotras. También es cierto, como dice ella, que hace ya muchísimo tiempo que no tengo un amigo y claro, no estoy acostumbrada, pero es normal que me cuente estas cosas.
Da lo mismo. Si necesitaba algo para terminar de enfriarme, era esto. Me has dicho todo, 'corasao', y no es lo que quería oir.
Etiquetas: Él

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