Teatro: Espinete no existe
Más que teatro, este espectáculo es un monólogo que acertadamente se define como nostalcómico. Nos lo había recomendado mi hermana, con la advertencia de que nos costaría un poco pillar la forma de hablar del único intérprete del monólogo. ¡Qué razón tenía!
El chaval hablaba a una velocidad de vértigo, impidiendo que cualquier hijo de vecino entendiera el 100% de su cháchara. De hecho, al final y después de habernos acostumbrado, yo creo que nunca llegué a entender más del 90%. Eso si, la parte que comprendí due muy divertida, y disfruté muchísimo con la forma jocosa de comentar los lugares comunes de nuestra infancia.
Digo de nuestra, porque la mayoría del público estaba formado por treintañeros y cuarentones recientes. El monólogo se aprovechaba de los códigos que todos compartimos, y que, ya pasados uno años, nos hacen sonreir como crios. De nuevo.
Lo peor, la velocidad a la que habla el artista. Lo mejor, las risas que nos echamos, especialmente en el momento karaoke mosqueperro.
Y es que lo único que faltó fue que alguien te preguntara si tomabas Nesquik o Colacao...
Etiquetas: Actividades culturales varias

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