La boda del año
Al fin había llegado el dia.
Ayer se casaron I. y N., después de unos meses locos. No solo para ellos, ya que, por motivos varios, el ambiente del grupo estaba bastante enrarecido.
Mi propósito era pasármelo bien, a toda costa, y pesara a quien pesara. Lo hice, y me alegra decir que no fui la única. Nos lo pasamos genial.
Comí con C., paté y vino a discrección, disfrutando del hecho de estar juntas. Después, nos reunimos con el resto de las amigas de la novia en su casa, para hacernos fotos con ella. En realidad yo no se si estaba incluida en el lote, pero como estaba de okupa en casa de C., en cualquier caso la invitación se extendía.
Después de unos meses de cuidarme, había conseguido meterme en el vestido de mi hermana -una preciosidad que hicieron a medida para ella el año pasado - con cinco quilos menos que en enero. Estaba guapa. Y contenta de estarlo.
Nos hicimos fotos, vimos a la novia guapísima -tiene buen cuerpo y el vestido le hacía justicia-, y vimos como la hermana de la novia estaba atacada. Creo que deberíamos haber hecho lo mismo que los amigos de mi hermana me hicieron a mi en ocasión simil: emborracharla.
La ceremonia fue bonita, supongo. Confieso que yo estaba más centrada en las monerías de I., la niña de J. y P., que estaba sentada a mi lado. P. era testigo y estaba sentada en otro lado, así que fue J. e que lidió con la situación.
Si I. no veía a su mami, lloraba, así que P. estuvo toda la ceremonia haciendo monerías a distancia. I., una preciosidad de criatura, se quedaba embelesada con las canciones del coro, el cual no pudo desear un público más entregado; en cuanto terminaban la canción, la niña, de año y medio, era la única que aplaudía.
De la celebración, lo único qe recuerdo fue como I. llamó a N. por su diminutivo (y no como F.) y que según el programa del coro I. se casaba con un tal Nacho, al cual no vimos por ninguna parte.
Una vez fuera, y terminados los saludos y felicitaciones -pompas de jabón y puñados de arroz incluidos-, nos encaminamos a Puerta del Hierro, donde nos esperaba una cena a base de coctel.
Aunque tenía mis serias dudas sobre esta forma de cenar, confieso que todo salió de perlas. El sitio era bonito, había sillas y mesas suficientes para todos, y la comida estaba deliciosa. Especialmente el jamón, cerca del cual nos situamos en plan buitre (esto...., como movimiento táctico, más bien).
El tiempo respetó la cena, pero poco más. En cuanto comenzó el baile, comenzó a llover a cántaros. Estábamos debajo de un porche, en el cual estábamos cómodos, pero, tras una semana con la garganta tocada, coger frío me dejó fuera de juego y me volví a casa con el primer turno. ¡¡A las tres y pico, no vayamos a pensar!!
Tampoco ayudó el hecho de estar a punto de recibir "la alegría de ser mujer", según los anuncios, lo que me hacía estar aún más sensible.
En resumen, me lo pasé genial, y lo único que sentí es que no pudiera quedarme más rato.
Por cierto, lo mejor de la noche fue el hecho de llevar zapatos planos. I. fue muy previsora y preparó alpargatas para que las invitadas se bajaran de los tacones, pero disfrutar de una boda sin dolor de pies fue toda una experiencia.
¡¡Que vivan los novios!!
Ayer se casaron I. y N., después de unos meses locos. No solo para ellos, ya que, por motivos varios, el ambiente del grupo estaba bastante enrarecido.
Mi propósito era pasármelo bien, a toda costa, y pesara a quien pesara. Lo hice, y me alegra decir que no fui la única. Nos lo pasamos genial.
Comí con C., paté y vino a discrección, disfrutando del hecho de estar juntas. Después, nos reunimos con el resto de las amigas de la novia en su casa, para hacernos fotos con ella. En realidad yo no se si estaba incluida en el lote, pero como estaba de okupa en casa de C., en cualquier caso la invitación se extendía.
Después de unos meses de cuidarme, había conseguido meterme en el vestido de mi hermana -una preciosidad que hicieron a medida para ella el año pasado - con cinco quilos menos que en enero. Estaba guapa. Y contenta de estarlo.
Nos hicimos fotos, vimos a la novia guapísima -tiene buen cuerpo y el vestido le hacía justicia-, y vimos como la hermana de la novia estaba atacada. Creo que deberíamos haber hecho lo mismo que los amigos de mi hermana me hicieron a mi en ocasión simil: emborracharla.
La ceremonia fue bonita, supongo. Confieso que yo estaba más centrada en las monerías de I., la niña de J. y P., que estaba sentada a mi lado. P. era testigo y estaba sentada en otro lado, así que fue J. e que lidió con la situación.
Si I. no veía a su mami, lloraba, así que P. estuvo toda la ceremonia haciendo monerías a distancia. I., una preciosidad de criatura, se quedaba embelesada con las canciones del coro, el cual no pudo desear un público más entregado; en cuanto terminaban la canción, la niña, de año y medio, era la única que aplaudía.
De la celebración, lo único qe recuerdo fue como I. llamó a N. por su diminutivo (y no como F.) y que según el programa del coro I. se casaba con un tal Nacho, al cual no vimos por ninguna parte.
Una vez fuera, y terminados los saludos y felicitaciones -pompas de jabón y puñados de arroz incluidos-, nos encaminamos a Puerta del Hierro, donde nos esperaba una cena a base de coctel.
Aunque tenía mis serias dudas sobre esta forma de cenar, confieso que todo salió de perlas. El sitio era bonito, había sillas y mesas suficientes para todos, y la comida estaba deliciosa. Especialmente el jamón, cerca del cual nos situamos en plan buitre (esto...., como movimiento táctico, más bien).
El tiempo respetó la cena, pero poco más. En cuanto comenzó el baile, comenzó a llover a cántaros. Estábamos debajo de un porche, en el cual estábamos cómodos, pero, tras una semana con la garganta tocada, coger frío me dejó fuera de juego y me volví a casa con el primer turno. ¡¡A las tres y pico, no vayamos a pensar!!
Tampoco ayudó el hecho de estar a punto de recibir "la alegría de ser mujer", según los anuncios, lo que me hacía estar aún más sensible.
En resumen, me lo pasé genial, y lo único que sentí es que no pudiera quedarme más rato.
Por cierto, lo mejor de la noche fue el hecho de llevar zapatos planos. I. fue muy previsora y preparó alpargatas para que las invitadas se bajaran de los tacones, pero disfrutar de una boda sin dolor de pies fue toda una experiencia.
¡¡Que vivan los novios!!
Etiquetas: Tiempo de bodas y celebraciones varias

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