¡Y tan diferentes!
La verdad es que no he hecho nada durante mis vacaciones. Nada de nada.
Levantándome de media a eso de las once, poco se puede hacer, también es cierto. ¡¡Y se estaba también en la cama!!
De hecho, lo peor de volver al trabajo ha sido el madrugón.
Quería haber ordenado mi casa, lo que solo conseguí en parte. Mi hermana quería que eligiese cortinas, lo que también parece que he conseguido. Y por fin he encontrado un vajillero bonito que me permitirá tener más de seis platos en casa.
Además, he leido a gusto, he trasnochado y he podido ver la serie sobre la vida de Verdi que emiten a horas intempestivas (ya es la tercera vez que la veo, pero me encanta).
De lo mejor, además de levantarme tarde, el sábado; invité a mi hermana y a mi cuñado a comer en casa. Les sorprendí con un guiso de pescado -que no esperaban de mi-, que sabía a gloria.
Lo peor, el agobio y el cabreo que me entraron cuando fui a comer a casa de mis padres y, además de pedirme cuentas de donde había estado y de por qué no había cogido el teléfono, vi que mi padre estaba a punto de salir a buscarme.
¡¡No había estado ni doce horas incomunicada!!
Me entro un agobio horrible. Si, vivo sola, y por ello mismo me gustaría tener un poco de libertad.
Me enfado de solo recordarlo.
En cualquier caso ya he vuelto. Y la verdad es que no me etá cundiendo nada.
Levantándome de media a eso de las once, poco se puede hacer, también es cierto. ¡¡Y se estaba también en la cama!!
De hecho, lo peor de volver al trabajo ha sido el madrugón.
Quería haber ordenado mi casa, lo que solo conseguí en parte. Mi hermana quería que eligiese cortinas, lo que también parece que he conseguido. Y por fin he encontrado un vajillero bonito que me permitirá tener más de seis platos en casa.
Además, he leido a gusto, he trasnochado y he podido ver la serie sobre la vida de Verdi que emiten a horas intempestivas (ya es la tercera vez que la veo, pero me encanta).
De lo mejor, además de levantarme tarde, el sábado; invité a mi hermana y a mi cuñado a comer en casa. Les sorprendí con un guiso de pescado -que no esperaban de mi-, que sabía a gloria.
Lo peor, el agobio y el cabreo que me entraron cuando fui a comer a casa de mis padres y, además de pedirme cuentas de donde había estado y de por qué no había cogido el teléfono, vi que mi padre estaba a punto de salir a buscarme.
¡¡No había estado ni doce horas incomunicada!!
Me entro un agobio horrible. Si, vivo sola, y por ello mismo me gustaría tener un poco de libertad.
Me enfado de solo recordarlo.
En cualquier caso ya he vuelto. Y la verdad es que no me etá cundiendo nada.

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