Envidia
El sábado estuve de boda, celebrando que una compañera de la universidad se casaba con un chico muy majo.
Por la mañana tuve la primera crisis: el vestido que me pensaba poner no me cabía. El mismo que me compré el año pasado y me estaba de cine. Agggggggggggg. ¿Cómo es posible?
No voy a dar la respuesta obvia a una pregunta tan estúpida, pero la verdad es que me sentó fatal.
Al final me puse un mono negro que me ha sacado de apuros más de una ocasión y que a mí me encanta. Iba bastante oscura para una tarde luminosa de abril, pero no fui la única con complejo cucarachil. Más o menos la mitad de los invitados iba con colorido primaveral, y la otra mitad se unía al oscuro riguroso.
La boda estuvo bien; una ceremonia bonita, un montón de niños alegrando la tarde y fastidiandosela a sus padres (nunca había estado en una boda con tantos niños), una cerveza a medio camino entre la iglesia y el restaurante (en la terraza del mercadona, enseñando a los catalanes el "glamour" de ZgZ, si señor) , una cena deliciosa, unos novios felices y muchas ganas de pasárselo bien.
A la hora del baile me dio un bajón y es que fue salír del comedor y ver a todo el mundo emparejado bailando. Sentí envidia de ellos, de su felicidad, de tener a alguien con quien bailar.
Y es que, reconozcamoslo, tiene que ser bonito que alguien te meta por defecto en sus planes. Que alguien te espere en casa...
Por la mañana tuve la primera crisis: el vestido que me pensaba poner no me cabía. El mismo que me compré el año pasado y me estaba de cine. Agggggggggggg. ¿Cómo es posible?
No voy a dar la respuesta obvia a una pregunta tan estúpida, pero la verdad es que me sentó fatal.
Al final me puse un mono negro que me ha sacado de apuros más de una ocasión y que a mí me encanta. Iba bastante oscura para una tarde luminosa de abril, pero no fui la única con complejo cucarachil. Más o menos la mitad de los invitados iba con colorido primaveral, y la otra mitad se unía al oscuro riguroso.
La boda estuvo bien; una ceremonia bonita, un montón de niños alegrando la tarde y fastidiandosela a sus padres (nunca había estado en una boda con tantos niños), una cerveza a medio camino entre la iglesia y el restaurante (en la terraza del mercadona, enseñando a los catalanes el "glamour" de ZgZ, si señor) , una cena deliciosa, unos novios felices y muchas ganas de pasárselo bien.
A la hora del baile me dio un bajón y es que fue salír del comedor y ver a todo el mundo emparejado bailando. Sentí envidia de ellos, de su felicidad, de tener a alguien con quien bailar.
Y es que, reconozcamoslo, tiene que ser bonito que alguien te meta por defecto en sus planes. Que alguien te espere en casa...
Etiquetas: Tiempo de bodas y celebraciones varias

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